Mística y vanguardia en el corazón de la Ciudad de Mendoza
El invierno mendocino nos sorprendió con una noche muy fría, pero también de cielo diáfano el pasado martes 23 de junio, el marco ideal para que el Club Gourmet Mendoza celebrara su reunión mensual en uno de los rincones más disruptivos de nuestra capital.
El escenario elegido fue Centauro, un restaurante que bajo su lema de "cocinar preguntas", donde cada plato comienza con una interrogante, ha logrado captar la atención de la prestigiosa Guía Michelin, obteniendo una merecida mención por su propuesta innovadora. Ubicado en calle Perú de Ciudad, este espacio no es solo un restaurante, sino un "laboratorio gastronómico" dirigido por el chef Aris Pabón, donde cada plato busca explorar los productos de nuestra Argentina con técnicas de vanguardia.
En esta oportunidad la velada mensual del Club comenzó con la mística que caracteriza a los "Caballeros de la Buena Mesa", quienes se reúnen para honrar la tradición y la camaradería que los une desde hace décadas. En esta ocasión, la cena fue un diálogo constante entre la creatividad de Centauro y la nobleza de los frutos de nuestra tierra, representados por la excelencia de Familia Zuccardi. Fue una oportunidad para habitar un espacio donde la arquitectura se funde con la historia y los salones invitan a compartir buenos momentos.
El primer gran capítulo de la noche estuvo dedicado al "oro líquido" de nuestra provincia. Antes de pasar a los platos principales, disfrutamos de una degustación técnica de los Aceites Varietales de Familia Zuccardi, un proyecto que nació hace varios años bajo la firme vocación de Miguel Zuccardi. La atención de los socios se centró especialmente en la variedad Arauco, la más antigua de la región y a menudo llamada "Criolla". Este aceite deslumbró por su frutado intenso y su perfil verde, con notas que recordaban a las hierbas aromáticas, la manzana y, muy especialmente, al tomate y al pasto recién cortado.
Al catar el Arauco, se pudo apreciar esa complejidad que lo hace único: un equilibrio de amargos y picantes de intensidad media-alta que lo convierten en el compañero ideal para preparaciones especiadas, carnes maceradas y quesos de pasta dura.
Este compromiso con la calidad es el reflejo de una familia que, desde Alberto "Tito" Zuccardi fundó la bodega en 1963, ha buscado perfeccionar el riego en el desierto para mostrar las cualidades únicas de Mendoza. Hoy, con la tercera generación, integra las tradicionales bodegas mendocinas que con ese camino de valores comunes sigue trazando el rumbo de nuestra vitivinicultura.
Tras el ritual del aceite, la cena se desplegó en una serie de pasos armonizados magistralmente con los Vinos de Montaña de Zuccardi Valle de Uco. La filosofía de la bodega, expresada por Sebastián Zuccardi, busca que cada etiqueta sea una transparencia del lugar de donde proviene, interpretando la esencia del terroir y la riqueza de los suelos aluviales ricos en carbonato de calcio. En cada copa se sintió esa búsqueda de identidad que ha llevado a la bodega a ser reconocida en el "Hall of Fame" de los mejores viñedos del mundo.
La cocina de Centauro respondió al desafío con platos que nacen de preguntas muchas veces incómodas pero siempre reveladoras, explorando texturas y sabores que maridaron a la perfección con la frescura y precisión de los vinos. Desde los vinos de región hasta las parcelas más exclusivas que han alcanzado los 100 puntos, la propuesta enológica de Zuccardi aportó la estructura necesaria para acompañar la técnica de vanguardia de Aris Pabon. Fue una danza de sabores donde la montaña y la ciudad se dieron la mano en cada bocado.
Uno de los momentos más destacados fue la interacción entre los socios, quienes debatimos sobre la capacidad del vino para transmitir el paisaje, el clima de altura y el trabajo de la gente. La bodega de piedra, construida con materiales naturales de la zona como arena y agua, parecía estar presente en la mesa a través de la mineralidad de los blancos y la potencia elegante de los tintos elegidos, cultivados en suelos milenarios, que se expresan y dejan mucho por descubrir, tal como lo expresaron magistralmente: Ana Amitrano, Miguel Zuccardi y Diego Menniti del staff de la bodega. La armonía lograda entre la cocina de identidad de Centauro y los vinos de finca de Zuccardi reafirmó por qué Mendoza brilla con luz propia en el mapa gastronómico mundial.
La camaradería, ese ingrediente invisible pero esencial de los encuentros, fluyó con la misma naturalidad que los platos de la gran cocina de Centauro y los caldos de Valle de Uco. Los integrantes del Club Gourmet volvieron a demostrar que el placer de la buena mesa es, ante todo, un acto compartido de respeto por nuestra historia, identidad y nuestros hacedores. Entre anécdotas y brindis, celebraron una Mendoza que se reinventa sin perder su esencia, donde el esfuerzo de viticultores, enólogos, agricultores y cocineros se traduce en experiencias de excelencia internacional. En este punto vale la pena resaltar la atención y calidad del gran equipo de Centauro, liderado por Emanuel Facello, donde cada detalle estuvo cuidado y armonizado a la perfección.
Al finalizar la noche, con el espíritu reconfortado y el paladar agradecido, llegó la despedida con la certeza de haber vivido otra "epopeya de sabor" inolvidable.Alzar la copa en Centauro fue un homenaje a la visión de la Familia Zuccardi, al talento del equipo de Aris Pabón y a la pasión inagotable de los caballeros de la buena mesa.
Como siempre decimos, porque nada mejor que un buen vino para contar una buena historia y vivir gratos momentos en las mesas mendocinas, salud por los recuerdos, los deseos y los sueños que seguiremos descorchando juntos bajo nuestro sol mendocino.