Ni un PASO atrás

El abogado y docente universitario Sergio Bruni se opone a la suspensión de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, PASO, tal como acordó el Gobierno con la oposición

Sergio Bruni

Un gran debate ha abierto las puertas a preguntarnos sobre el estado de la democracia en nuestro país, ya que por estos días se discute, una prórroga del proceso electoral nacional programado para el 2021.

A mi entender la democracia encuentra en el voto popular, y ese voto colocado en las urnas, la expresión más sublime y excelsa de la voluntad de un pueblo. Cambiar las reglas de manera excepcional resulta un ardid insostenible al pueblo soberano. Más aún cuando se hace de un modo apresurado e improvisado; si se trastocan esas reglas incluso con el calendario electoral ya aprobado nos pone a los ciudadanos en alerta de un nocivo precedente.

Si nos ponemos cuidadosos en observar las circunstancias en que esta decisión es tomada, dentro de un contexto de pandemia mundial, de crisis económica, de inestabilidad institucional, de medidas sanitarias desacertadas, de infortunadas declaraciones desde el oficialismo, y sobre todo, desde la pérdida de confianza en los gobernantes, es difícil creer que postergar los comicios se haga en nombre de una causa justa.

¿La venezuelización del gobierno o de la oposición?

El gobierno - y las encuestas - advierten que una derrota en las urnas, hoy aparece como un muy posible escenario, por lo tanto, si invertimos la puesta en escena, si consideráramos que la imagen del gobierno fuese altamente positiva por su eficaz y asertiva gestión, ¿Estaríamos hoy debatiendo el cambio de fechas de las elecciones? Podemos pensar, apelando a la más elemental lógica política, que ni siquiera se plantearía como posibilidad remota.

Lo único cierto hasta hoy, en este meandro discursivo, es que el gobierno de turno no puede darse el lujo de perder la mayoría en la Cámara de Diputados. La realidad señala una muy probable derrota en las PASO. Tanto es así, que estas maniobras tendientes a dilatar la situación electoral adversa, resultan más un operativo político que una medida para atender la emergencia sanitaria. A tal punto, que previamente se sondeaba desde el gobierno, a los gobernadores, si eran o no necesarias las PASO.

Es de suma importancia detenernos en el peligroso precedente, como mencioné, que deja asentado esta propuesta. Utilizando como justificación la emergencia sanitaria para no respetar una ley electoral; modificar el calendario aprobado por la Cámara Nacional Electoral el 16 de marzo, entre otros aspectos vinculados a la transparencia de las elecciones, nos plantea el interrogante de si esto no se trata de una maniobra más del oficialismo para esperar y/o encontrar el momento y el modo más favorable-a sus intereses de poder- para llevar a cabo las elecciones o llevado a un paroxismo-posible-no realizarlas...

Que la oposición acuerde con este oficialismo falaz una postergación del proceso electoral, no sería una buena señal para una movilizada ciudadanía que observa con atención cada paso de unos y de otros en la escena pública.

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¿No sería provechoso, que el gobierno convoque a la oposición para acordar temas centrales o más sustanciales? Cuestiones tales como trabajar en conjunto por lograr medidas que eviten un colapso económico y social en Argentina. ¿Cómo detener la actual inflación que devora los salarios? ¿No deberían sentarse, primero, a consensuar la política sanitaria en el contexto de la pandemia?

Incluso, siendo más rigurosos y pensar no sólo mirando hacia dentro, sino también, en el contexto internacional, encontramos temas aún más importantes para resolver. ¿No deberían haber acordado, por ejemplo, si era conveniente o no retirarse del Grupo de Lima y quedar pegados a Venezuela? No nos olvidemos que la política internacional debe ser (y es) de todo un país, no de una facción gobernante. Esto sucede sólo cuando esa facción es la única expresión política habilitada. Cuba, Venezuela o Nicaragua, para dar los ejemplos más notorios en américa Latina.

Para concluir, me gustaría dejar un interrogante abierto. Si permitimos que se sigan modificando leyes con la única justificación de atender la emergencia sanitaria, ¿estamos habilitando al gobierno a que deje de cumplir otras leyes también?

¿Cuál es el límite? Hoy prorrogar las elecciones, luego modificar la Corte de Justicia, remover por DNU al Procurador General y a los fiscales, y así ir debilitando los pilares de la República, hasta que de ella nos quede tan solo un recuerdo.

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