Nunca hay que menospreciar el empleo en blanco y de calidad

Las alusiones al "looby minero" y la relativización del impacto del empleo de la industria, son una muestra más del desconocimiento profundo que existe sobre una actividad con estándares muy por encima de la media.

Todos tenemos posiciones en la vida. Todos tenemos una visión ante un tema específico porque es propio del ser humano. Todos los que alguna vez me han leído, saben que tengo una posición a favor del desarrollo de la minería, sin ponerle adjetivos que sólo sirven de adorno. La minería es tal cual es y no es para nada cercana a lo fomentan con las campañas del miedo.

Por eso, me llama la atención seguir escuchando frases como "lobby minero" o comentarios que señalan que desde la industria minería se ataca a la vitivinicultura. Así por lo menos lo escuché durante la intervención de un columnista de radio Nihuil, José Ortega Fournier, quien habló de la actividad con argumentos que naturalmente no comparto.

Hablando de lo primero, el "lobby minero" del que hablan tanto los opositores a la actividad en la provincia, realmente no existe como tal en Mendoza. Además, a pesar que en la Argentina "lobby" parece mala palabra, en los países serios es una actividad regulada y absolutamente lícita. En Mendoza la presencia de las compañías mineras es mínima, se mantienen los equipos jurídicos que se encargan de los pocos expedientes de primera categoría que están bajo análisis y equipos contables que se hacen cargo de los pagos de los derechos de las áreas mineras. No tiene sentido para las compañías tener presencia mientras no haya decisión política para desarrollar la actividad. Lo cierto es que los lobbies que existen en Mendoza, clara y precisamente, no son del mundo minero.

Otra cuestión que me llama la atención es que -aseguran- que la minería ataca a la vitivinicultura, cuestión que no es tal en la dirección que se indica, sino más bien desde el lado contrario. Para nadie es un misterio que hay un alto activismo de ese sector en la oposición al desarrollo de la actividad metalífera en Mendoza.

En la columna que mencioné anteriormente, se habló de esa supuesta crítica y se minimizó el impacto de los empleos que entrega la minería centrándose sólo en el número de empleos directos. En ese sentido, se destacó que la vitivinicultura sí entrega muchos empleos y se indicó que son 210.000. Realmente creo que el número se quedó corto, porque cifras de este año de la Coviar indican que son unos 385.000 los empleos generados, de los cuales 106.000 son directos y 279.000 son puestos de trabajo indirectos.

Nadie puede negar que la vitivinicultura no sólo entrega muchos empleos, sino que también hay que destacar que es el complejo exportador que más empleo genera. Lo que no se ha entendido, es que el sector minero no quiere "competir" o "ganarle", sino lo que se busca es sumar. Desde la misma industria se bajan los humos de aquellos que venden la actividad como una salvación que no es. Lo real es que se trata de una opción para sumar inversiones en una provincia que no genera puestos de trabajo privados hace décadas.

Ahora, es errado minimizar los empleos de la minería porque en la etapa de operación de una mina pequeña pueden desempeñarse 2.000 o 3.000 personas, algo que para algunos parecer ser muy poco. Nadie puede discutir que el vino es el complejo exportador con más empleos, pero tampoco se puede poner en tela de juicio que la industria minera es por lejos la que mayor impacto económico tiene en las comunidades. Esto está muy claro, ya que por su naturaleza, un proyecto minero se desarrolla donde no hay nada y se necesita todo. Una faena considera los operarios directos, los servicios básicos, contratistas y toda una logística alrededor que fácilmente duplica los puestos de trabajo. Eso, sin mencionar el impacto en la etapa de construcción del proyecto, donde la mano de obra utilizada es altísima y se asegura por períodos no menores a dos años, lo que mínimamente demora en construirse una faena minera.

Pero eso no es lo único importante, ya que tal como confirmó un estudio del Ministerio de Desarrollo Productivo, el petróleo y la minería son los sectores que pagaron los salarios más altos en los últimos 25 años, superando por 5 o 6 veces los de los sectores que pagan los más bajos, entre los que se cuentan la agricultura, ganadería, caza y silvicultura.

Con datos duros, nadie puede discutir que en la actividad minera casi no existe el empleo en negro y, adicionalmente, entrega altas remuneraciones. Entonces, no se puede apuntar tan livianamente a los empleos mineros, porque si nos vamos a poner a mirar en detalle nos encontraremos que "hay empleos y empleos". No es menor crear puestos de trabajo en blanco para un país en donde el trabajo informal llega al 50%.

No entro en el detalle de la calidad de los empleos del sector vitivinícola porque no soy un conocedor de su cadena productiva. Lo que veo son los problemas generales que se dan en cada cosecha, pero nadie puede discutir su importancia en lo que respecta a la fuerza laboral.

Igualmente no es una cuestión extraña que se opine sobre minería desde todos los ámbitos, pero con un alto desconocimiento técnico. Además, surgen "ideas" curiosas, por decirlo de alguna manera. En la misma columna radial escuché que para que la industria minera pueda sumar voluntades, se sugirió que las empresas deberían comenzar su relación con la comunidad construyendo escuelas y hospitales. Digamos que es una "idea" por lo menos curiosa, porque sería como pagar algún tipo de tributo previo que no se le cobra a nadie más y que ni siquiera te asegura que puedas concretar tu inversión. Ese tipo de visiones se justifican y sustentan únicamente en el pensamiento o el parecer de quien hace esas afirmaciones. Quizás lo podrías hacer en lugares donde la seguridad jurídica te indique que si cumples todos los procesos técnicos podrás instalar tu faena minera, pero no en Mendoza, donde aunque cumplas con todos los procesos técnicos es la política la que tomará la decisión final en la Legislatura o en Casa de Gobierno.

Claramente la minería sigue siendo manoseada y todo el mundo parece tener la voz autorizada en la materia, pero lo cierto es que el debate nunca termina de arrancar y nos damos vuelta en los mismos discursos alejados de lo realmente importante.

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