El covid nos ha hecho perder el gusto, el olfato y la vergüenza

Por favor tengamos vergüenza de los que nos pasa, empecemos a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

Andrés Vavrik

Hace pocos días nos topamos con otra mala noticia, de las que ya estamos acostumbrados y no nos sorprenden, que ya sabemos que ocupará algunos días los titulares y llegará en su reemplazo una peor.

La pobreza en Argentina llegó al 42%: casi 20 millones de personas no pueden satisfacer su canasta alimentaria. En el país de la comida, la mitad de su gente se va a dormir con la panza crujiendo y la angustia de un mañana incierto, marcado por la inflación imparable e inseguridad generalizada.

Vamos al punto central: los que todavía tenemos la suerte de tener el organismo nutrido para poder pensar en algo más que las necesidades básicas, y que la situación económica nos da unos pocos minutos al día para filosofar sobre el futuro, nos preguntamos: ¿cuándo llegará la autocrítica de la política?

Seguimos abriendo nuestras pantallas y viendo a radicales festejando el cumpleaños de Alfonsín y reivindicando que fue honesto; justicialistas levantando banderas de Perón e inculcándoles a los pibes que todos los derechos laborales en Argentina llegaron en las décadas del '40 y '50; kirchneristas haciéndote acordar que Cristina jubiló a tu abuela sin aportes y no falta alguno del Pro con la foto de Macri emocionado en el G20.

Todo muy lindo estimados políticos, me encanta la historia y más me gusta aún escucharlos a todos y sacar mis propias conclusiones con los hechos y el diario del lunes. Hace algunos años, un dirigente empresario mendocino me enseñó a medir a la política partidaria por lo que hace, no por lo que dice. Por eso, inmediatamente como a cualquier mortal con un mínimo de sentido común se me vienen las siguientes preguntas a la cabeza para hacerles:

¿A qué porcentaje de pobreza e indigencia tenemos que llegar para ustedes se dejen de medir el poder en internas, en las PASO, en las legislativas, en las generales, en las presidenciales, mintiéndonos cada dos años, reventando todos los puentes posibles entre las distintas fuerzas, y de una vez por todas se sienten en una mesa cuatro referentes y definan cinco (sí, cinco) puntos estratégicos? No les pedimos diez porque sabemos que es imposible. Queremos cinco ejes de gestión que sean indiscutibles, gane quien gane, pierda quien pierda, y que el electorado se sienta seguro de que el rumbo está garantizado.

¿A cuánto tiene que caer el salario mínimo en la Argentina para que de una buena vez le digan a la militancia que no hay más lugar en el estado, que tienen que trabajar y luchar para que el sector privado crezca, que hay que crear nuevas empresas, que hay que generar riqueza, que el gasto público indiscriminado ya nos llevó a un nivel de deuda insostenible y que la salida no es con más estado, sino con menos impuestos y más trabajo de calidad?

¿Se atreven a decirle a los millones y millones de beneficiarios de planes sociales que esa dádiva estatal solamente los hará más pobres de lo que son, que la inflación carcome sus ingresos y que la mejor solución es que la ayuda sea digna y por un tiempo prudencial, hasta que vuelvan a conseguir empleo?

¿Quién será el Winston Churchill argentino del siglo XXI que se sincere con los millones de empleados públicos nacionales y provinciales, los anoticie de que el estado podría funcionar con la mitad o menos de los que tenemos, y que no quedará otro camino posible que el trabajador estatal que se jubile, renuncie o deje de existir no sea reemplazado en un plan de eficientización de la planta estatal?

¿Se comerán algún día una picada en Chapadmalal peronistas de todas las ramas, radicales, liberales, la izquierda y los partidos provinciales, se miraran a los ojos y tendrán la dignidad de reconocer que nos sobran el 70% de los asesores en la legislaturas, el 30% de los ministerios, absolutamente todas las direcciones, subdirecciones y secretarías con nombres que nadie recuerda, se darán la mano y reconocerán que el gasto político en Argentina es pornográfico?

¿Quedan líderes en la política que se animen a premiar a las provincias por su productividad, por su orden, su crecimiento y no las manejen con una billetera traviesa que solo mira la cantidad y desempeño de diputados y senadores en el congreso?

En ese acuerdo político con el que soñamos, ¿existirá la posibilidad de que los conflictos docentes y problemas educativos se resuelvan con presupuestos dignos y no cooptando sindicalistas y gremios impresentables?

Por favor tengamos vergüenza de los que nos pasa, empecemos a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones, hagamos la prueba de permitirle al empresariado argentino que vuelva a innovar, a competir, a desarrollarse sin sentir el zapato del estado encima. Hagamos sentir a nuestros servidores públicos lo importantes que son, dándoles dignidad en los salarios, capacitándolos y no llenando sus oficinas de nuevos escritorios con gente que solo entorpece su tarea.

Debemos escuchar y dar lugar a una minoría de jóvenes emprendedores que ven en el mundo más oportunidades que amenazas, que quieren superarse y competir sin interesarles el traicionero calor de un sindicato corrupto o el corset del proteccionismo prebendario. Una generación que sabe bien de nuestro fracaso, tampoco tiene intenciones de remar contra la corriente en las pocas instituciones que nos quedan y ve partir a sus pares a otros destinos más amigables mientras espera su turno en alguna embajada para lograr su visa.

Que vayan presos lo que tengan que ir presos, que la ley sea la misma para el político popular que para el ladrón de bancos. Que la Justicia hable por medio de sus fallos, que los legisladores legislen para el futuro y un mundo que avanza con nuevos desafíos a diario.

Recuperemos el gusto, para que la Argentina sea nuevamente algún día la foto del asado que le causaba envidia a todo el vecindario sudamericano, que el olfato nos avise que ese olor rancio que viene del pasado, no va a resolver nada, al contrario, solo nos hará desunirnos más.

Los malos gobiernos nos llevaron a ser un país pobre, la pandemia simplemente nos ha demostrado que no vamos salir adelante repitiendo los mismos errores una y otra vez.

Andrés Vavrik

Empresario

Presidente de la Cámara de Comercio de General Alvear

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