Elecciones en la UNCUYO: cuando el estudiantado enseña

La opinión de María Teresa Brachetta, Liliana Vela y Cecilia Deamici , quienes son integrantes de Itinerarios Críticos, que se define como "agrupación docente independiente de la FCPyS de la UNCUYO.

El proceso electoral en la Universidad Nacional de Cuyo y en particular en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), que empezó formalmente en el mes de mayo con la presentación y legalización de listas, candidaturas y programas de gobierno está siendo intenso y por momentos inefable. Decimos está siendo, porque la controversia desatada en relación con los resultados del comicio, ha alcanzado un punto álgido que expone a la institución entera a una experiencia cuyo desenlace parece no poder resolverse sin dejar lesiones en el tejido socio- institucional. Tales vivencias suelen requerir de mucho tiempo y buena disposición para curar.

No podemos menos que lamentar esta deriva. Los resultados arrojados por las urnas, tanto en el nivel de rectorado como en la FCPyS, han desnudado déficits y tensiones. No nos proponemos ahora ahondar sobre estas cuestiones. No obstante, esperamos que sean objeto de análisis y evaluación exhaustiva de la comunidad universitaria cuando las aguas se calmen, ya que no lo fueron en la antesala de las elecciones.

Una conjetura recorre los pasillos de la FCPyS: la elección directa pareciera haber estimulado una mimetización de las fuerzas en disputa con los aparatos partidarios -sin negar los aportes personales de actores políticos universitarios de inscripción partidaria fluctuante-, reproduciendo prácticas poco virtuosas, propias de las maquinarias electorales. Los mismos actores advertimos este efecto, pero hemos sido hasta ahora incapaces de contenerlo. Los medios se han encargado de reproducir y banalizar esta conjetura, cuando debiera haberse dispuesto de más rigor en el análisis de un actor decisivo en la sociedad democrática mendocina como es la Universidad Nacional de Cuyo.

La conjetura presume también que la misma elección directa habría producido un giro en la confrontación, convirtiendo a la institución académica en un escenario más de la disputa electoral general; anclando el éxito en la obtención de mayoría para los cargos de gestión y dejando en suspenso la decisiva importancia de los ámbitos deliberativos para la institucionalidad universitaria cuya diversidad no debería, ni podría, ser tapada con un dedo.

Asistimos en estos días a la instalación de discursos engañosos por alteración de los hechos o por omisión de información que produce confusión en la opinión pública y alienta la pugna intrainstitucional. Lamentablemente, esto no es una consecuencia indeseada, sino el sentido mismo de las acciones que se multiplican exponencialmente en la explotación de las posibilidades ofrecidas por el uso de las redes y sus incontrolables "líneas de fuga". Esto pudo experimentarse de frente a los litigios y a la escalada conflictiva que se desató a la par de la irregular publicación de resultados provisorios y su revisión. Los excesos denuncistas que han expuesto al escarnio público a colegas insospechadas de mala fe, los juicios extremos, las violencias y destratos, las presiones y la posible judicialización del conflicto, permiten sospechar que la pasión por la defensa de los propios principios nubló el discernimiento y obturó las posibilidades de diálogo que tienen una larga tradición en la Universidad y en la FCPyS en particular.

Como se sabe, toda realidad tiene sus matices y cabe advertirlos. Las y los estudiantes independientes y los y las que participan activamente en las diversas agrupaciones estudiantiles de la FCPyS, son la notable y feliz excepción. Mientras asisten demudados a la desproporcionada dinámica que tomaron los acontecimientos entre los demás claustros, los y las estudiantes muestran claramente un ejercicio crítico -ese tan mentado en las aulas de la Facultad- dando una lección que merece toda nuestra atención. No se han sumado a la interminable caravana de inculpaciones y






tergiversaciones intencionadas conducentes a deslegitimar los resultados del proceso electoral. Cabe pensar que mientras presencian azorados y azoradas la escalada del ?todo vale', sientan otros modos de asimilar la complejidad del momento y los expresan en sus dichos y, sobre todo, en lo que deciden no hacer y no decir. Quienes se hayan dado la oportunidad de escucharlos y escucharlas, sin presiones ni oportunismos, saben de qué estamos hablando. En la FCPyS las y los estudiantes como actores fundamentales en este proceso, se permitieron otro tenor de respuestas.

La moderación es un atributo poco ponderado en nuestra tradición política. Tal vez porque buena parte de nuestras dirigencias se han vuelto afectas a inscribirse en la épica de la resistencia, la victimización que justifica prácticas excedidas y el "denuncialismo" como un ejercicio de legitimación de las propias posiciones, haciendo, en ocasiones, uso y abuso de ese recurso.

Esta afirmación no desconoce que la nuestra ha sido una sociedad díscola y poco dispuesta a subordinarse a los dictados del poder, capaz de discurrir con autonomía, como así también, en momentos decisivos, resuelta a poner límite a los desvaríos que entrañan posiciones totalizantes capaces de poner en peligro la cohesión y convivencia social. Es probablemente este sedimento el que ha inspirado el testimonio que está dando el claustro estudiantil de la FCPyS por estos días. Sin especulaciones mezquinas miran con perspectiva el escenario que ha propiciado conductas lamentables. Estudiantes, tantas veces acusadas y acusados de banalidad o indiferencia, están mostrando que el compromiso no pasa por elegir una posición en la confrontación, sino por preservar su derecho a pensar las circunstancias, tomar las distancias que decidan y definir sus prácticas.

El malhumor social como contexto de estas elecciones universitarias, cierta tendencia a despreciar la sensatez y a extremar el discurso han creado un clima poco propicio para que las tensiones opten por las instancias y los canales de diálogo que la universidad y la facultad han sabido darse en otras oportunidades. Tal vez debiéramos mirarnos en el espejo de las y los estudiantes y redescubrir el valor del discurso como desarrollo argumentativo de fundamentos y de acordar los límites que no debieran traspasarse y respetarlos, así como discreción y dignidad en las prácticas. Estas, entre otras, están siendo las enseñanzas del estudiantado de la FCPyS. Es deseable que las aprendamos cuanto antes.

LAS AUTORAS. María Teresa Brachetta, Liliana Vela y Cecilia Deamici son integrantes de Itinerarios Críticos, que se define como "agrupación docente independiente de la FCPyS de la UNCUYO.

Esta nota habla de: