El silencio de los sumisos: de la doble vía fantasma a la incapacidad de gestión
En política se suele argumentar que los pronósticos son riesgosos y que conviene operar sobre el pragmatismo del presente. Sin embargo, cuando el presente es una ruina que se prolonga año tras año, el futuro deja de ser una ilusión para convertirse en una amenaza latente.
En Malargüe, la realidad no se dibuja en maquetas ni en discursos de campaña, se padece sobre el asfalto destruido y el ripio intransitable de la Ruta Nacional 40.
En agosto de 2023, en plena efervescencia electoral, la dirigencia política desembarcó con bombos y platillos. Se anunció con pretensión un proyecto de doble vía para el acceso sur, desde el campamento de Vialidad hasta el barrio Procrear, con un presupuesto de mil quinientos millones de pesos que prometían transformar el ingreso a la ciudad, en aquel momento.
Pasó el tiempo, pasaron los gobiernos y los anuncios quedaron en la nada. Ni doble via, ni ciclovías compatibles, ni las postergadas barandas para el puente sobre el río Malargüe. Solo quedó la politiquería barata, la foto de ocasión y una carpeta asfáltica despedazada que sigue destruyendo trenes delanteros y poniendo en riesgo la vida de los malargüinos y turistas.
El reparto de la torta y la falta de gestión local, es el trasfondo de esta crisis no es solo el olvido nacional, sino la evidente discriminación provincial y la falta de valentía política de la representación local ante tanto desprecio del gobierno provincial, el Gran Mendoza celebra la re definición del destino de los US$ 1.023 millones para hacer política en los "grandes padrones, Malargüe sigue condenado sistemáticamente afuera del reparto de fondos, por obra y gracias de Don Alfredo.
Mientras el departamento genera regalías petroleras y sostiene las arcas provinciales, la actual gestión municipal de Celso Jaque se muestra públicamente incapaz de exigirle al Gobernador Alfredo Cornejo una partida mínima, de apenas 3 millones de dólares, para concretar el tramo de autovía y pavimentación hasta el puente del río Malargüe.
Un contrato social roto, es el Síndrome de la Colonia que se profundiza, Malargüe funciona como la caja fuerte que financia el gasto provincial, pero recibe el trato de una zona de sacrificio. Se le exigen al vecino normativas rigurosas como la RTO o impuestos al día, mientras se le entregan accesos destruidos y 100 kilómetros de abandono vial.
En política, la falta de gestión no se disimula con discursos nostálgicos, ni columnas de opinión todos los viernes, ni con fotos de compromiso inaugurando negocios. Se mide en realidades y situaciones palpables y claras. Y la realidad de Malargüe es que, mientras los accesos a nuestro departamento están literalmente despedazados, el Palacio Municipal ostenta un silencio cómplice que indigna, y que enfurece el humor local.
Todavía resuenan las maquetas y los anuncios altisonantes de agosto de 2023, cuando el por entonces delegado de Vialidad Nacional, Guillermo Amstutz, prometía con bombos y platillos la construcción de una doble vía de dos kilómetros y medio desde el campamento de Vialidad hasta el barrio Procrear, con un presupuesto de mil millones de pesos. Todo quedó en humo, en el olvido de un año electoral y en una colección de promesas no cumplidas que incluyó hasta las nunca instaladas barandas del puente sobre el río Malargüe.
Pero lo más grave no es el pasado de falsas promesas nacionales, sino la indiferencia y la despreocupación del presente actual.
¿Dónde está hoy la firmeza institucional para exigir lo que a Malargüe le corresponde? El intendente Celso Jaque no ha sido capaz de plantarse frente al gobernador Alfredo Cornejo para exigir una partida de apenas 3 millones de dólares, un vuelto dentro de la masa millonaria de los fondos de Portezuelo, para asfaltar y construir la doble vía hasta el puente del río Malargüe.
Resulta inadmisible que las autoridades municipales contemplen con mansedumbre cómo los vecinos rompen sus vehículos en un ingreso digno de un campo minado, mientras a cada ciudadano se le exige cumplir con la RTO, pagar impuestos y estar al día con las exigencias del Estado. Para cobrar e inspeccionar, el papeleo funciona a la perfección; para golpear las puertas en Mendoza o en Buenos Aires y traer el asfalto, la gestión se vuelve incapaz, timorata y burocrática.
Don Alfredo y Don Jaque deben entender que La Ruta 40 no es un capricho partidario; es la arteria económica, turística y social de la región. Si la dirigencia local no demuestra la estatura política para reclamar lo que por derecho nos pertenece y exigir las inversiones urgentes, continuará siendo cómplice del aislamiento de nuestro pueblo y la ciudadanía sabrá juzgar la diferencia entre quienes gestionan para la gente y quienes ocupan un sillón para cuidar su comodidad política.
El cargo de Intendente no se ocupa para administrar la decadencia ni para agachar la cabeza frente a los gobernadores de turno. Se ocupa para defender a la comunidad frente al desprecio central. La inacción, indiferencia y la humillación municipal frente al desastre vial de la Ruta 40 Sur no es moderación política, es una sobre marcada pobreza de táctica y actitud, que condena a todo un pueblo al atraso.