El PJ se dobla y no se rompe (por ahora)

El kirchnerismo, los intendentes y los sindicatos tejen un acuerdo de supervivencia de cara al 2027. La banca nacional de Anabel Fernández Sagasti aparece como la moneda de cambio para cerrar la interna y construir un frente competitivo.

Por: Emiliano Follis

La máxima de Leandro N. Alem "que se rompa pero que no se doble", fue durante décadas el estandarte ético de la Unión Cívica Radical, una defensa de la dignidad por encima de la conveniencia política. Sin embargo, el peronismo mendocino ha decidido invertir el mandato, por ahora.

Con los números de las últimas elecciones en la mano, la frase que circula en el mundillo del peronismo es: "que el PJ se dobla pero que no se rompa". La premisa es sin dudas pragmática: mejor ceder en internas y soportar tensiones que quebrar definitivamente y perder toda posibilidad de recuperar el poder en 2027. Pero ¿cuánto puede doblarse una estructura antes de quebrarse definitivamente?

La historia electoral reciente no ofrece consuelo para el justicialismo mendocino. Desde la pérdida de la gobernación en 2015, el PJ no ha hecho más que acumular derrotas provinciales. El 2023 fue el punto más bajo: apenas el 14% en las elecciones generales, la peor performance en 24 años. Los intendentes de San Rafael, Maipú, Tunuyán, Lavalle, La Paz y Santa Rosa; sostienen el territorio con uñas y dientes pero su poder local no logra traducirse en una alternativa provincial competitiva. La fragmentación interna, sumada a la irrupción de La Libertad Avanza, ha convertido al peronismo en una fuerza que resiste en los municipios pero se desdibuja en el mapa provincial.

El fantasma del 2023 sobrevuela cada negociación interna. La experiencia de aquel año, cuando el PJ concurrió "dividido" y cosechó su peor resultado histórico, es el argumento que esgrimen los intendentes y los peronistas dentro de los sindicatos para exigir unidad. Un nuevo desdoblamiento en 2027 (con el kirchnerismo por un lado, los Félix por otro y los intendentes huérfanos de conducción) no haría más que repetir la tragedia. La política mendocina, cada vez más bipolarizada entre el oficialismo y el que venga, exige al peronismo presentar una alternativa clara. Pero la unidad no se decreta, se negocia y el precio a pagar puede ser alto.

En ese tablero de negociaciones, el nombre de Anabel Fernández Sagasti aparece como la ficha clave ya que muchos dirigentes están mirando al Congreso. La senadora camporista, con más de 15 años como legisladora nacional, es la figura más reconocible del kirchnerismo mendocino. Pero su permanencia en el Congreso se ha convertido en un problema para la dirigencia provincial que busca "ordenar" el partido. La frase que circula en off es elocuente: "Hay que evitar la Anabel eterna". El reciente episodio en el Senado, donde se le impidió votar de forma remota, reveló que hasta su propio espacio (Máximo Kirchner a la cabeza) le soltó la mano. El diputado provincial Lucas Ilardo fue lapidario: "Parece que se pusieron de acuerdo rápido Axel y Máximo para cagarse en una causa justa". La interna camporista quedó expuesta y al parecer, la banca de Anabel se convierte en el principal botín de la negociación.

Más allá de las rencillas personales, el justicialismo mendocino enfrenta un desafío estructural pues necesita construir un relato que trascienda las internas y se conecte con las demandas de la sociedad. La dirigencia de estrato sindical, que históricamente ha sido el alma del peronismo, empieza a reclamar definiciones y unidad. Los intendentes, que son los que realmente mantienen viva la estructura territorial, exigen ser parte de la mesa de decisión mirando la interna nacional y rogando que aparezca un dirigente que haga al espacio competitivo. Y el kirchnerismo, debilitado por los resultados electorales y los escándalos nacionales, busca preservar su espacio de poder.

El PJ mendocino se muestra con todos los ingredientes para volver a ser competitivo: intendentes con gestión, sindicatos con capacidad de movilización, y una estructura territorial que sigue en pie. Pero también tiene los demonios de siempre: el personalismo, la fragmentación y la dependencia de las decisiones que se toman en la capital bonaerense o en San José 1111. En definitiva, el peronismo mendocino ha elegido doblarse antes que romperse, invirtiendo el mandato de Alem. Pero la historia demuestra que los que se doblan demasiado terminan quebrándose, veremos.

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