Quiénes aportan a la eficiencia y la competitividad
Las empresas deben lucha contra sus propios problemas y los que genera el Estado, con sus altos niveles de ineficiencia
Desde que asumió este gobierno y anunció medidas para no emitir más moneda para financiar al Tesoro, con el objetivo puesto en tener superávit fiscal, las empresas vieron como la inflación comenzaba a desaparecer y, con ella, la mejor herramienta para esconder sus propias ineficiencias. La productividad y la competitividad eran conceptos teóricos en los que nadie profundizaba. La inflación licuaba deudas y generaba rentabilidad nominal.
Con la inflación en niveles muchos más bajos, aunque altos en términos internacionales, las empresas comenzaron a esperar una devaluación pero, cuando vieron que el gobierno anclaba el tipo de cambio como regla anti inflacionaria, se quedaron sin poder esgrimir nuevas excusas. Esto implicaba revisar la misma estructura de la empresa. Ejecutivos especialistas en gestión en tiempos inflacionarios no están preparados para aplicar métodos que mejoren la eficiencia y la productividad.
En la búsqueda de alcanzar esos objetivos la mayoría de las empresas comenzó a hacer transformaciones e inversiones pero comenzaron a encontrarse con una serie de problemas que ellos no pueden modificar. El primero, es la carga impositiva, que es muy alta y no permite mejorar la ecuación de costos y esto es muy complejo porque, aunque han bajado algunos impuestos nacionales, no han disminuido los provinciales y las tasas municipales.
El segundo problema ha sido la caída de las ventas, básicamente por un menor nivel de consumo. El poder adquisitivo de los salarios ha sido muy castigado por los ajustes de las tarifas de servicios públicos, que han subido por encima de la inflación y han sido superiores a los ajustes salariales autorizados. Además, el aumento del desempleo, como revelan los índices trimestrales que publicó el INDEC esta semana, le agrega un condimento adicional al problema de las empresas.
Los problemas que genera el Estado
La caída de las ventas no es solo un problema para las empresas, también es una complicación para el gobierno porque hay una caída de la recaudación y esto compromete en forma muy seria el objetivo del equilibrio fiscal. Pero ocurre un problema que pone al gobierno frente a un dilema: las empresas le dicen que para reactivar la economía debería bajar los impuestos pero el gobierno dice que los bajará cuando se reactive la economía. Parece un diálogo sin fin.
Las empresas se quejan del alto costo del crédito y los bancos muestran los datos de los niveles de encajes que exige el Banco Central, superiores al 50%. Si se bajan los encajes habría más plata disponible y podría haber una herramienta para reactivar la producción. Pero hay otro problema, el costo del crédito también está impactado por los impuestos. Tanto el IVA como Ingresos brutos tienen un peso importante en la cuota de los préstamos, además de algunas tasas que cobra muchos municipios, que agravan la situación. El gobierno no quiere bajar los encajes para que el mayor consumo no le genere inflación.
Pero los reclamos empresarios son cada días más profundos porque, en la búsqueda de la productividad y la eficiencia que los haga competitivos, se encuentran con nuevos factores que se los impiden y que no dependen de ellos. El más grave es la infraestructura, el estado de los caminos y el costo de la logística. Y aquí es donde el gobierno nacional no da respuestas porque hubo una decisión inicial de no hacer obra pública, para ahorrar, pero con la excusa de evitar la corrupción. Lo cierto es que se han licitado 9.000 kilómetros de corredores viales para sean construidos por la iniciativa privada y con peajes, pero quedan otros 40.000 km que registran atraso en su mantenimiento.
El gobierno nacional comenzó a asignar partidas a Vialidad nacional para afrontar obras en distintos corredores donde no es posible cobrar peajes, pero aún queda mucho por hacer. Hay caminos y rutas que corresponden a las vialidades provinciales y hay casos de caminos vecinales que les corresponden a los municipios. Salvo el caso de Mendoza, donde el gobernador Cornejo se gastó el Fondo del Resarcimiento, no hubo muchas inversiones con fondos propios y lo mismo se observa en caso algunos municipios.
El costo de la logística es cada vez más crítico en nuestra provincia. Estamos a 1000 kilómetros del puerto de Buenos Aires, que tiene costos altísimos de operación y a unos 600 km, cordillera mediante, de los puertos del Pacífico, donde no se puede llegar con cualquier producto. El costo de llevar un contenedor desde Mendoza a Buenos Aires a es más caro que el flete marítimo desde Buenos Aires hasta Amsterdam.
Para encarecer los precios contribuye el costo del combustible, que es igual en todas partes, pero agravado por el contenido impositivo de los combustibles. Entre el Impuesto a la Transferencia de Combustibles (ITC), el IVA, los ingresos brutos y las tasas municipales generan un combo muy gravoso. El estado de las rutas es un verdadero problema. Hay rutas que han llegado a un estado lamentable, como es el caso de la ruta de Mendoza a San Juan, que es una vergüenza.
Para tener una economía competitiva hace falta tener empresas competitivas y un estado también competitivo. Y para ese estado sea competitivo, hacen falta funcionarios competentes. Esta condición (la idoneidad) es la única que exige la Constitución para ser funcionario, y es la única que no se controla. Esto es responsabilidad de los que ejercen la más alta magistratura (Presidente, Gobernadores, ministros, intendentes), porque son ellos los que eligen a sus colaboradores.
Posiblemente estas sean unas de las razones que expliquen el retroceso de la economía en el segundo trimestre, así como el crecimiento del desempleo y de las menores tasas de consumo.
El plano internacional se complica
La reserva federal de Estados Unidos (FED) resolvió esta semana subir la tasa de interés de los bonos del Tesoro y con esto generó un movimiento de los inversores que salieron de posiciones en empresas y activos extranjeros para pasarse a activos de EE.UU. Las consecuencias fue la suba de los bonos y las tasas de EE.UU y esto implicó que se agrande la brecha con los bonos del resto de los países, y por eso aumentó la tasa del riesgo país, que cerró el viernes en 524 puntos básicos.
El plano internacional sigue alterado. El petróleo volvió a subir por encima de los 100 dólares en barril y el conflicto entre Irán y Estados Unidos parece escalar a dimensiones preocupantes. Mientras tanto, se registran niveles de inflación muy altos en Europa y Estados Unidos, sumado la suba del costo del financiamiento de su deuda soberana. Son tiempos para moverse con mucha prudencia.