Las pruebas PISA y un golpe de realidad
Los resultados de estas pruebas internacionales nos muestran las falencias, que tienen a los alumnos como las verdaderas víctimas.
La difusión de los resultados de las pruebas PISA, que se hicieron a estudiantes secundarios de tercer año, mostraron resultados muy malos para Argentina, aunque no se podía esperar resultados mejores porque no hubo mejoras en ninguno de los aspectos que hacen a la educación. A la hora de buscar explicaciones la Nación le echa la culpa a la gestión anterior y los gobernadores salen a decir que en jurisdicción están mejores. La realidad es que todos los resultados son muy malos, aunque haya una leve mejora.
En estos tiempos es bueno recordar que fue la educación lo que posibilitó consolidar la república, porque permitió incorporar a grandes cantidades de argentinos a los conocimientos básicos. La gran tarea de Sarmiento, a quien recordamos en estos días, fue la que permitió terminar con el analfabetismo. "Educar al soberano" era mucho más que una frase. Era una manifestación política democrática que entendía que la forma en que los ciudadanos pudieran ejercer sus derechos era a partir de la educación.
La realidad es que hasta la década de los 70 la educación era de calidad y los alumnos aprendían y eso les posibilitaba acceder a estudios superiores o incorporarse al sistema laboral a partir de cursar en escuelas técnicas. Después de la pandemia el deterioro fue notable. Desde entonces, el sistema comenzó a decaer y nos encontrarnos con esta realidad. Los resultados nos muestran que, según las pruebas PISA, Argentina casi no tiene alumnos en los niveles superiores de la calificación.
En lectura y en ciencias, solamente el 1% alcanza el nivel cinco y seis de PISA, que serían estos niveles avanzados de desempeño y en matemática menos del 0,5%, afirmó Sol Alzú, analista de datos de Argentinos por la Educación. La especialista remarcó que seis de cada diez estudiantes no llegan a los niveles mínimos esperados en lectura y ciencias. En matemática, la proporción sube a ocho de cada diez. Y hay un dato que amplía el problema más allá de las desigualdades socioeconómicas: apenas el 1% alcanza los niveles avanzados de PISA en lectura y ciencias, y menos del 0,5% lo hace en matemática. La misma dificultad aparece cuando se analiza la trayectoria completa. Cerca del 75% de los estudiantes termina la secundaria, pero apenas el 10% lo hace en el tiempo teórico y con los aprendizajes esperados
El dato es tan contundente que es muy pobre la sobre actuación del ministro Tadeo García Salazar tratando de mostrar mejoras porque las mismas se manifiestan en un contexto de una mediocridad total. Por supuesto que esto es producto de un proceso social, influidos por pensamientos facilistas que le quitaron poder al maestro y les dieron el poder a los alumnos. El Dr. Guillermo Jaim Etcheverry, destacado tratadista y ex rector de la Universidad de Buenos -aires, dijo que "antes los padres iban a la escuela para ver qué hacía el nene. Ahora van para ver qué le hacen al nene". Y así le dieron poder a quienes no están formados y desautorizaron a docentes y directivos.
No vamos a echar la responsabilidad sobre el ministro porque este es un proceso de largo alcance en la caída y lo será en la recuperación. Pero es muy importante asumir la responsabilidad temporal y que se garantice la continuidad con el próximo gobierno.
Las áreas complicadas
La educación primaria es la que presenta mejores resultados, aunque cuando uno habla con docentes dicen que reciben chicos en segundo grado que no saben leer ni escribir y que tenían prohibido hacer repetir a los chicos. Además no cuentan con la colaboración de los padres. Por supuesto, con estas carencias, es imposible pensar que dichos niños puedan adquirir conocimientos en lengua, matemáticas o ciencias.
Lamentablemente, estos resultados también ponen de manifiesto que hay una diferencia entre alumnos de escuelas públicas y privadas. Estos últimos están un poco mejor, pero lejísimos del óptimo. Las escuelas que estaban alejadas de los centros urbanos solían tener un buen desempeño, que no se constata en este caso.
Desigualdad que los promedios esconden
Detrás del 13,9% de estudiantes que alcanzan el nivel satisfactorio en Matemática existe una fuerte desigualdad asociada a las condiciones socioeconómicas y al tipo de escuela. Esto significa que el problema educativo no consiste únicamente en elevar el promedio provincial. También hay que reducir la distancia entre quienes tienen mayores oportunidades educativas y aquellos que llegan a la escuela secundaria cargando desventajas sociales, económicas y culturales. La escuela sigue siendo una de las principales herramientas de movilidad social. Pero para cumplir esa función necesita algo más que garantizar la permanencia. Necesita garantizar aprendizajes.
La caída de la natalidad que viene experimentando la Argentina y que también afecta a Mendoza significa que en los próximos años habrá menos niños y adolescentes. A primera vista, podría parecer una buena noticia para el sistema educativo: menos alumnos por escuela, menor presión sobre la infraestructura y, eventualmente, mejores condiciones para trabajar en grupos más pequeños. Pero existe otra posibilidad.
Si disminuye la cantidad de alumnos y no se aprovecha esa oportunidad para mejorar la calidad educativa, Mendoza podría terminar teniendo menos estudiantes, pero con déficits de aprendizaje igualmente importantes. La caída demográfica debería convertirse, entonces, en una oportunidad para reformular el sistema y no simplemente en una cuestión administrativa de cierre o reorganización de establecimientos.
Como parte de estas transformaciones Mendoza debería incorporarse al sistema de descentralización, transfiriendo responsabilidades a directivos y docentes de cada escuela, asociados con los padres y las empresas que tienen actividad en la zona de influencia. Algunas pruebas ya se están haciendo en algunas escuelas del país y sería bueno que, si las experiencias fueran positivas, se bajara a mayor cantidad de escuelas.
El problema es grave. Una población con bajos niveles de educación son los clientes ideales para las aventuras de dictadores y matones carismáticos. No quieren que haya muchas personas educadas porque les pueden traer problemas. Contra ellos hay lanzar una verdadera epopeya educativa, que se mantenga como política de Estado por muchos años, aunque requiera actualizaciones periódicas.