No hay razones técnicas para esperar que baje la inflación

Teniendo en cuenta el volumen del gasto público y de emisión monetaria no se puede esperar que los índices de inflación bajen en forma sustantiva. La columna de Rodolfo Cavagnaro.

Rodolfo Cavagnaro

La economía argentina viene desenvolviéndose en una mecánica indexatoria que solo puede asegurar mayor inflación con el peligro que, si se mantiene, la misma inercia del proceso no solo la mantiene, sino que puede ayudar que escale si la desconfianza acelera la caída en la demanda de pesos.


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Los datos disponibles muestran que el déficit de los últimos 12 meses alcanzó a 4,2% del PBI, lo que equivale a US$ 21.302 millones, el cual fue financiado en un 87% por emisión monetaria. Esto asegura una alta inflación para 2022, que algunos especialistas arriesgan en un nivel cercano al 70%.

Por otra parte, hay una confusión con ciertos números a la hora de hacer comparaciones. El más confuso tiene que ver con el nivel de actividad económico. En estos días, con los faltantes de gasoil, voceros del gobierno lo atribuyeron a la recuperación de la economía, El mismo presidente se queja de que la prensa no difunde este crecimiento, pero, en realidad, los números dan positivos respecto del mismo mes del año anterior, que fue muy malo, pero en marzo de 2022 arrojó una caída de 0,7% contra febrero del 2022.

Pero en simultáneo, ante una economía que no crece o lo hace de manera muy tímida, el crecimiento del gasto público sigue siendo muy vigoroso, tanto que ha sido un 20% superior a la inflación. Esto muestra la poca prudencia del gobierno. Si bien se estimaba que con la inflación iban a licuar gastos, al aumentarlos tanto no se verifica ese efecto sino un crecimiento del déficit fiscal y mayor emisión que realimentaron las tasas de inflación. En el único rubro donde hubo licuación fue el pago a los jubilados, según calculó el economista Roberto Cachanosky.

Al panorama normal de la inercia y del efecto de la emisión monetaria hay que agregarle los que traen las consecuencias del conflicto bélico entre Ucrania y Rusia y su repercusión interna, además de los ajustes que vendrán en tarifas de servicios públicos.

Es que el ministro Guzmán está apurado por bajar los subsidios a la energía, pero vienen con atraso muy grande y, además, hay que agregarle la suba de los precios internacionales del petróleo, gas y materias primas agrícolas como trigo, maíz y girasol. Ahora se anunció una suba del 20% en el gas y en la Luz, pero con el alza de los precios, los subsidios no solo no bajarán, sino que subirán. Si el gobierno no tiene recursos, deberá recurrir, nuevamente, a la emisión monetaria.

El único consuelo viene del lado de la recaudación impositiva, que creció un 80%. En este caso, los impuestos que responden a actividades económicas han crecido cerca del 75%, las retenciones a las exportaciones un 50% y, los que más aumentaron fueron Ganancias, por el atraso en actualizar los mínimos no imponibles (102,6%) y los recursos de Seguridad Social, por los aumentos salariales convalidados en paritarias (75%). Estos aumentos vienen con una lógica indexatoria y no están ligados a aumentos de productividad.

Si se analizan los rubros, veremos que el impulso del gasto es superior a cualquier otra variable, porque el gasto viene creciendo por encima de la inflación, pero también por encima de la recaudación, que ha sido superior a la tasa de inflación. Ese nivel de gasto es el que no permite avizorar, en el costo y mediano plazo, una baja sustantiva de la inflación.

La pelea por las cajas

El crecimiento de los ingresos viene reforzando mucho las arcas de las provincias y municipios. Nadie se queja y, aunque hay alguna declaración política criticando la inflación y las políticas nacionales, gobernadores e intendentes viven una temporada que les permite, a varios, tener una reserva a plazo fijo equivalente a tres o más nominas salariales.

El Gobernador de Mendoza, incluso, anunció que entregaría recursos a los municipios para hacer obras públicas en un gesto que no es propio de un año no electoral. Es que los recursos de coparticipación han crecido más de lo previsto y esto les permite desarrollar su filosofía esencial "gobernar es gastar".

Pero apareció una luz de alerta esta semana cuando el ministro Guzmán, presionado por el Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, anunció la suba del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias para trabajadores en relación de dependencia y en días más se anunciará un alivio para monotributistas y autónomos. La queja de algunos gobernadores es porque, esta rebaja, hará que paguen menos impuestos muchas personas y esto afectará la recaudación del impuesto y por ende la masa coparticipable.

Lo que queda claro es que nadie piensa en bajar impuestos, nadie piensa en bajar el gasto y nadie se opondría a nuevos impuestos, si es que son repartidos. Por eso siempre aclaramos que, cuando hablamos de volumen del gasto público, nos referimos tanto al Estado nacional, como a las provincias, a los municipios, a las empresas estatales y a los entes descentralizados. Y bueno es recordar que el gasto público no estimula la actividad económica, sino que retrae. Lo más sensato sería bajar impuestos, pero eso no lo harán nunca.

En este caso, cabe relacionarlo con los demás temas macro. Ningún funcionario quiere quedar en falta, pero tampoco quiere que le reduzcan los ingresos. El problema cultural que supone el ejercicio del poder público está ligado a la posibilidad de gastar. Por esta razón, salvo que hubiese una restricción a nivel nacional que los obligue, nadie querrá dar el primer paso.



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