Presupuesto de Mendoza: amateurismo, estafas, traiciones e infantiladas

Las dos principales fuerzas hacen un acuerdo. Las dos principales fuerzas se traicionan. Las dos principales fuerzas se reparten culpas porque el presupuesto de Mendoza para 2021 será un chasco. Pero solo una tendrá que gobernar con ese chasco como único recurso. ¿Se podrá empezar a negociar?

Quitarle a cualquier gobierno del mundo, pero sobre a uno que se ubique en la inestable Argentina, la posibilidad de contar con un roll over, representa algo equiparable a un suicidio colectivo. Eso pasó en el tratamiento que se le dio en la Cámara de Diputados de Mendoza, con el agregado de que el peronismo también negó el endeudamiento.

Hay argumentos técnicos y sólidos para una acción que no representa la conclusión de un debate técnico y sólido, sino que con cada día que pasa se parece más a un cúmulo de caprichos que parecen diseñados por la antipolítica y no, precisamente, por actores del sistema político.

La política es diálogo y negociación. Aquí hubo un acuerdo traicionado y un pataleo de los dos lados para la tribuna.

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Desde el gobierno provincial se sienten engañados por un peronismo con el que, afirman, habían acordado y les voto en contra. "No tienen gente que sepa de Presupuesto, salvo la diputada Liliana Paponet", señalaron y, con eso, acusaron al resto de ser parte de un show que alguien inventó e invitó a copiar.

Desde el peronismo Anabel Fernández Sagasti efectivamente aceptó que estaban a favor de votar a favor el roll over. Los radicales pusieron dos artículos, para que alguno fuera apoyado por el peronismo. O fueron ingenuos o resultaron estafados, porque votaron en contra a todo.

"No tienen negociadores", denuncian desde la oposición provincial y piden la cabeza del ministro de Gobierno, Víctor Ibañez, cuando en realidad el Gobierno tuvo como espadas a los titulares de ambas cámaras, Andrés Lombardi y Mario Abed, quienes no dudan en mostrarse sorprendidos y en sus alrededores políticos las caras y actitudes delatan sorpresa por la actuación final del peronismo.

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Hoy ya nadie oculta en el radicalismo mendocino que el año pasado lo que movió al peronismo en su contra fue la presión surgida en la Casa Rosada para que los legisladores nacionales por Mendoza apoyaran la designación de Daniel Rafecas como Procurador General de la Nación. Una pretensión centralizada en el gobierno nacional que movió fichas en todo el país. Fue fuerte pero no consiguió lo que buscaba.

Este año la gente de Rodolfo Suarez, va desde los públicos lamentos en Twitter porque salió todo mal en la discusión presupuestaria, a la aceptación en privado de que no se trata de un plan de asfixia de la Casa Rosada contra la gestión mendocina.

"De hecho, se nota una distensión en la relación de Alberto Fernández con Mendoza", aceptan los radicales en off the récord y acusan al peronismo local de que "solo los une el 'no'", volviendo a encumbrar la teoría de que son los problemas internos ajenos los que "están haciéndole tanto daño a Mendoza en un momento de crisis", tal como lo expresan casi a coro.

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Nadie tiene confianza en el oficialismo que se encarrile el diálogo porque no les creen las promesas a los interlocutores. 

La situación se ha vuelto una infantilada de la democracia: no saber por dónde, cómo y con quiénes hacer acuerdos y, por lo tanto, en medio de la crisis, aun con unos huesos para repartir sobre la parrilla, se escupe el asado y nadie podrá comer.

La oposición, en este punto, se siente envalentonada, porque consigue unirse agrandando la maldad del adversario que le viene como anillo al dedo para su momento de consolidación partidaria y porque falta mucho para que haya elecciones, y la gente tal vez no recuerde pasarle facturas por estas situaciones.

Pero un Gobierno que ya ha sido muy castigado, como el actual, no convence a nadie fuera del círculo selecto y pequeño de sus militantes, con lamentarse, culpar y llorar por Twitter. Algo está faltando. Y es política, muy posiblemente.


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