Cómo es vivir bajo emoción futbolera en el confín de la pelota

Una reflexión personal sobre la experiencia transitada desde el jueves 11 de junio y el aporte de Messi a la argentinidad después del partido con Inglaterra.

Director de Memo

Se dice que Infantino ha hecho una industria del fútbol por este mundial; aquí en Europa también hay grandes intereses. Aquí las ligas tienen mucha importancia y poder. ¿Por qué estoy diciendo esto? Porque aquí se está debatiendo quién es el mejor jugador de Europa. Puede ser Mbappé, o si va a ser Yamal, o si va a ser Bellingham. Lo que quieren es que sea un europeo. Y por eso Argentina molesta, y para molestar no hay mejor manera que conspirar, y conspirar siendo tóxicos, y eso es lo que está pasando. No hay otro tema con Argentina. Ellos quieren mantener la supremacía europea sobre los que podemos molestar, o sea, Sudamérica, que realmente económicamente no interesamos. Argentina no vende en Europa, por eso no interesa. Entonces, las grandes marcas y las grandes propagandas que están ya para la promoción de las ligas futuras están en manos de estos jugadores. Y, evidentemente, decir que son los campeones del mundo, imagínate la revalorización que tiene para ellos.

El pensamiento de Jorge D'Alessandro exarquero de San Lorenzo y hoy comentarista de fútbol en España, me da pie para entender (y entenderme) lo que nos pasa como personas abducidas por la selección masculina de fútbol. Un estado de emoción donde se ve todo celeste y blanco. Una condición emocional que transmite Lionel Messi a nivel global y que nos conmociona.

Leo, el infiltrado

El fútbol nos ubica en la parte del planeta a la cual estamos invitados, pero es donde ubicamos a los jugadores argentos en esas elites que ya por su condición son excluyentes. El punto es que tenemos un infiltrado que se obstina en permanecer tocando lo celestial donde la magia es una corriente continua.

Desde que llegó siendo niño a Barcelona, Lionel Messi eligió ser argentino y rosarino para más detalles; por eso a sus 39 años dice que "el fulbo une al mundo" en la promoción del Mundial de la FIFA. Sus problemas de crecimiento y su falta de recursos reales, como cualquier chico argentino de clase media baja, lo llevaron a ese lugar que lo acunó para luego gozar y lograr la ganancia de una inversión bien realizada.

Ese origen de resistencia silenciosa alimentó aún más ese espíritu competitivo que todavía lo mueve y se vuelve un imán para el ánimo de sus compañeros y de quienes ahora admiramos su determinación. Luego sobreviene ese trance posterior, cuando hacemos silencio, absortos por haber sentido esa mutación constante hacia la emoción feroz que estremece el cuerpo por dos horas de furia por ser mejor que el oponente y derribar barreras.

Nosotros no hablamos

Ese mutismo póstumo al partido es genuino y es un resultante de cada remontada. En cambio, el shhh (silencio) que aplicamos como gente futbolera antes de cada competencia es una estrategia para neutralizar el bardeo que hacen los (muchos) críticos de la selección. 

Ganar al final sabe a comida recién hecha bien condimentada, pero la forma en que se logra se siente más grata por la ejecución de la receta Messi. El tipo despliega su talento de modo gradual y da un empuje brutal como el último esfuerzo para llegar a lo más alto de un palo enjabonado.

Son argentinas

A esta altura también quedó claro que la malvinización de la pelota es una característica de este confín del planeta futbolero. Una rebelión criada sobre el dolor de una pérdida y sanada de a poco, como una cicatriz que tironea la piel argenta cada vez que nos enfrentamos a los ingleses.

Uno llega a una conclusión inevitable en base a donde hace su vida y se acomoda a sus circunstancias, pero, como otros pueblos sacudidos por las desdichas, el diferencial aflora y no somos dóciles a la adversidad. La resiliencia es un aspecto de Messi que hemos comenzado a comprender porque su talento innato lo velaba y es una faceta que ilumina cada partido.

Como contrapartida, quien se impone por la fuerza y se adueña sin despeinarse es asintomático y las derrotas no las percibe como importantes, sino que las toma como resultados negativos que llenan alguna estadística de balance de su exitosa existencia.

  Por eso, por estos días mundialistas, un verso de Naranjo en flor me taladra la emoción, porque primero hay que saber sufrir / después amar, después partir / y al fin andar sin pensamiento...

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