Revolución rubí: el imparable ascenso del Pinot Noir
Se trata de una de las variedades más mimadas y difíciles de cultivar, un verdadero desafío para enólogos y viticultores, según exponen los especialistas, ya que exige precisión quirúrgica tanto en el campo como en la bodega
Dicen los que saben de nuestra tierra y vitivinicultura que si el Malbec es nuestro embajador todo terreno, el Pinot Noir es la cepa indomable de la viticultura: "una uva de piel tan delgada y temperamento tan sensible que arranca suspiros de frustración en el viñedo y lágrimas de absoluta emoción en la copa".
Se trata de una de las variedades más mimadas y difíciles de cultivar, un verdadero desafío para enólogos y viticultores, según exponen los especialistas, ya que exige precisión quirúrgica tanto en el campo como en la bodega. Sin embargo, cuando encuentra su lugar en el mundo, es capaz de dar origen a algunos de los vinos más elegantes, complejos y seductores del planeta.
Para rendirle honores a esta cepa legendaria, cada 18 de agosto se celebra a nivel mundial el Día Internacional del Pinot Noir. Esta efeméride rinde homenaje a un cepaje de enorme antigüedad, cuyo origen se remonta a la mítica región francesa de Borgoña, como sucede con otras variedades muy conocidas. Muy valorado por su complejidad aromática, este varietal se caracteriza por su acidez vibrante, bajos niveles de compuestos fenólicos, taninos sumamente suaves y un color rojo rubí de baja intensidad que, en su juventud, regala delicados reflejos violetas.
En Argentina, este varietal está protagonizando una silenciosa pero contundente revolución, como bien hemos comentados en otras de nuestras columnas, ya que desde que lo probamos hace unos años, inmediatamente nos conquistó. Aunque solo contamos con poco más de 2.000 hectáreas cultivadas de Pinot Noir en Argentina, según datos del INV, lo que representa apenas el 1% del total de vides del país y el décimo lugar entre las uvas tintas, el mercado local se ha rendido ante sus encantos. En los últimos diez años, el consumo interno de este vino y sus cortes creció exponencialmente, instalándose con una gran oferta de etiquetas muy reconocidas con excelentes vinos.
Este salto espectacular demuestra cómo el Pinot Noir ha logrado duplicar su volumen en las mesas locales, ganando un espacio privilegiado como uno de los varietales tinto más elegido por los argentinos.
Como sucede con otras cepas, y por su volumen y dedicación Mendoza se corona como la gran reina de la variedad al concentrar el 75% de la superficie nacional cultivada destacando en las zonas más frías y extremas del Valle de Uco, principalmente, aunque también comienza a extenderse en otros lugares. El mapa del Pinot Noir se completa con su fuerte y estratégica presencia en la Patagonia, destacándose provincias como Neuquén, Río Negro y Chubut, donde de hecho se erige como la variedad más cultivada de su territorio, porque ha encontrado el clima y suelo ideal para su desarrollo.
Una de las bodegas que ha sabido interpretar con maestría esta identidad de montaña es Terrazas de los Andes, que con su Reserva Pinot Noir proveniente de selectas parcelas de altura en Caicayén y El Espinillo, en pleno Valle de Uco, ubicadas entre los 1.230 y 1.650 metros sobre el nivel del mar destaca con un vino de excelencia, que realmente es una gran expresión de este varietal. Las bajísimas temperaturas y la enorme amplitud térmica de estas alturas permiten una maduración lenta y armoniosa.
Como bien destaca Lucas Löwi, director general de la bodega, estamos ante un consumidor moderno que busca vinos más frescos, precisos y con una marcada identidad de origen, cualidades que este varietal reúne a la perfección. El resultado de esta producción de precisión es una etiqueta brillante de perfil sumamente fresco y afrutado, donde destacan notas nítidas a cereza, frutilla y guinda, sostenidas por una textura sedosa y un paso por boca extraordinariamente jugoso. Este ejemplar, que se presenta a un precio sugerido por demás conveniente, es el vivo reflejo de una filosofía que prioriza la elegancia por encima de la potencia, buscando que la frescura natural y la pureza de la fruta hablen con transparencia de su origen andino.
A la hora de armonizar con nuestros platos y sentarnos a la mesa, la versatilidad de esta cepa la convierte en el "comodín" predilecto de sommeliers y sibaritas. José Ponce, Head Winemaker de Terrazas de los Andes, explica que su equilibrio natural le permite acompañar una gran diversidad de platos sin imponerse sobre ellos. Así, se convierte en el aliado perfecto tanto para pescados grasos como salmón o trucha, un risotto de hongos o quesos de pasta blanda, como para clásicos de nuestra cocina criolla: unas empanadas cortadas a cuchillo, una provoleta con oliva, unas mollejas crujientes con limón o incluso un trozo de chocolate amargo.
El prestigio del Pinot Noir nacional no pasa desapercibido en el exterior, donde es sumamente valorado por su calidad. Durante el último año, las exportaciones de este varietal alcanzaron un destacado volumen y precio por litro, siguiendo la información del INV, con datos que se ubica muy por encima del promedio general de los varietales exportados, de hecho el principal destino de estas botellas de alta gama es Estados Unidos, seguido de cerca por Brasil, Canadá y los Países Bajos, y es una de las variedades con gran alcance en dichos mercados.
Como siempre proponemos en esta sección de Vinos y Comidas, celebrar el calendario vitivinícola con la armonización de nuestra cocina de identidad es una buena excusa para seguir apostando por los tesoros de nuestra tierra, y el Día del Pinot Noir es una buena excusa para brindar por la audacia de quienes desafían los límites de la altura para embotellar la magia de la montaña. Los invitamos a descorchar una copa, dejarse conquistar por su frescura y sumergirse en la elegante sutileza de este gigante de las alturas. Porque como siempre decimos nada mejor que un buen vino para contar una buena historia. ¡Salud por los recuerdos, los deseos y los sueños que seguiremos compartiendo en cada mesa mendocina!