Somos un sumatorio que sustrae

Ser lo que se ha sido significa todo lo que hemos ido transfiriendo al pasado personal, del desconocido futuro contenido en el Cuanto.

Eduardo Da Via

Trataré de desentrañar el título, quizás algo abstruso, para una mejor compresión del contenido que le sucederá:

SUMATORIO es la notación que expresa la suma de los términos de una sucesión entre dos límites definidos, en este caso tiempo entre concepción y muerte respectivamente.

Más sencillo es el significado de SUSTRAE, tercera persona del presente de indicativo del verbo sustraer, sinónimo de restar, vale decir QUE RESTA.

Aclarando un poco más, quedaría: UN SUMATORIO QUE RESTA.

Qué suma y qué resta serían los interrogantes inmediatos; las respectivas respuestas han de constituir el meollo de este ensayo.

Una suma de términos en el caso de qué somos, es nada más ni nada menos, que la adición del tiempo vivido, medido en cualquiera de sus magnitudes, en este caso será el año, y de las vicisitudes acaecidas durante ese sumatorio.

En el primer caso, a medida que sumamos años, automáticamente vamos restándolo de un CUANTO, o cantidad, cuyo valor desconocemos pero sí sabemos que tiene fin.

Mi CUANTO, en tanto palabra, no es el cuanto de Plank sino un sinónimo de cantidad que me resulta más eufónica que ésta y que al no encontrarlo definido como tal en ningún diccionario lo presento como neologismo.

El cuanto es pues la cantidad de tiempo que nos corresponde vivir, siendo el inicio del sumatorio el momento de la concepción, y el fin el de la muerte o desaparición.

Entre el comienzo y el final en lo que a tiempo se refiere, está todo lo realizado.

Para simplificar el concepto, SOMOS TODOS LO QUE HEMOS SIDO durante el tiempo que llevamos empleado del CUANTO que nos corresponde.

Ser lo que se ha sido significa todo lo que hemos ido transfiriendo al pasado personal, del desconocido futuro contenido en el Cuanto.

Este es un concepto clave: la imposibilidad de vivenciar el presente. Si lo meditamos serenamente, cualquier actividad sea mental, física o emocional, en el mismo momento que tiene lugar, si deseamos analizarla veremos que ya pertenece al pasado. Por ejemplo; si ante una pregunta por sí o por no, nuestra respuesta fuera no y el interlocutor no la pudo captar con claridad, seguramente se disculpará y pedirá que repitamos la contestación y ésta será Dije no. Vale decir me expreso en pasado.

Lo que ocurre es que el presente es inasible, atemporal, tan breve que no tenemos forma de atraparlo antes que se fugue al pasado.

Aquí difiero de la teoría filosófica del PRESENTISMO, que niega el pasado y el futuro, para adherir decididamente a la teoría, si es que existe, del PRETERISMO, y de no existir la propongo como explicación de nuestro devenir en el cuanto que a cada uno le corresponde.

No por nada en las actuales películas de acción suelen enlentecer marcadamente una escena, cual es la trayectoria de una bala para darle presentismo a la acción, es decir retardan forzadamente el presente para poder tener idea de su existencia.

En cuanto al futuro, no es totalmente desconocido aun cuando tengamos predicciones lógicas, en base a lo sucedido (pasado) hasta ahora.

Por todo lo anterior es que sostengo que en cada instante inmensurable de la vida, somos la suma de lo que hemos sido hasta el instante inmediato anterior.

Volviendo al concepto de CUANTO, tengo mis dudas acerca de si no nacemos con un cuanto predeterminado, cuya duración ha de ser independiente de lo que hagamos e incluso que esa predeterminación involucre todas y cada una de las vicisitudes sucedidas, lo que implica negar el tan discutido LIBRE ALBEDRÍO.

Según el determinismo, toda conducta o elección humana tiene su raíz en una causa, de modo que nuestras decisiones estarían determinadas indefinidamente por todas las causas que las preexisten, lo cual significaría que no hay elección posible y que el libre albedrío en realidad no existe

De ser así estaríamos eximidos de la culpa que tanto nos angustia a la mayoría de los humanos, pero que evidentemente está ausente en otros, como el caso paradigmático del asesino a sueldo que considera su actividad una profesión como cualquier otra y por lo tanto carece de la posibilidad de experimentar culpa.

De lo anterior se desprende que tampoco existiría la responsabilidad, lo cual sería incompatible con la profesión médica para la que estimo estaba destinado, y que he ejercido durante 55 años, por cuanto cada acto médico lo hace a uno responsable único e intransferible del resultado obtenido.

No obstante, también existe la postura opuesta, esgrimida por los liberales, quienes no reconocen la tesis de los deterministas y, por lo tanto, afirman que el libre albedrío sí existe.

Creo que no hay forma de afirmar ni negar cualquiera de ambas ponencias.

Puedo, eso sí, adherir a la postura liberal, con la salvedad de que no siempre se puede actuar según nuestro libre albedrío, sino que si bien depende de nuestra voluntad, también depende del entorno.

Mis mucho años de práctica médica, me han enfrentado con situaciones extremas en cuanto a la duración de la vida, inexplicables por lo menos con lo que sabemos hasta ahora. Por ejemplo la brevísima duración del cuanto de un ser recién concebido y que termina en aborto espontáneo sin ninguna patología parental que lo explique. En el otro extremo vidas extraordinariamente longevas sin que el protagonista haya nada en especial para prolongarla, e incluso que ha tenido labores y adicciones que son tradicionalmente ejemplo de cómo morir temprano por culpa del mismo accionar del difunto; tal el caso de mineros del carbón que además fuman; habitualmente mueren jóvenes a causa de la EPOC y/ o cáncer pulmón. He conocido longevos de este oficio sin padecer enfermedad alguna,

Hay casos, por desgracia muy esporádicos, de pacientes que sobreviven con cánceres avanzados ya en el momento del primer diagnóstico, sorteando todas las estadísticas conocidas. En mi casuística personal registro solo dos pacientes, uno con cáncer avanzado de colon que sobrevivió a la cirugía una cantidad inexplicable de años y falleció de causa no vinculada a la enfermedad maligna que albergaba. El otro es un amigo que debutó con un cáncer avanzado de pulmón y que aun cuando realizó los tratamientos correspondientes, se le calculaba una sobrevida de un año; lleva once y no hay signos de avance de la enfermedad.

Por qué ese embrión dejó de existir a tan poco de empezar a vivir, y por qué mi amigo, cuya edad cronológica supera la esperanza de vida, sigue vivo con una enfermedad tan letal como lo es el cáncer avanzado de pulmón constituyen dos incógnitas para las que intento tener respuesta.

Justamente esa extrema variabilidad en la duración del cuanto es que me hace pensar en la posibilidad de la predeterminación, sin intentar indagar qué o quién lo dispuso así.

De ser así, la interrupción brusca, inesperada y precoz de la vida mediada por el suicidio o el accidente, pudieran ser nada más que las formas previstas para ajustar la duración de la vida a la predeterminada en el cuanto respectivo.

Con lo expresado ut supra, estoy atreviéndome a pensar que cada cuanto incluye el cómo y el cuándo empezará esa vida, cuál será la duración, y cuál el momento y forma de pasar a la nada, independientemente de la conducta observada por el causante.

Antes de finalizar mi propuesta, quiero hacer hincapié en la sutil introducción de la nada, por las dudas que haya pasado inadvertida.

Personalmente nunca me preocupó saber de dónde venimos, interrogante que ha sido el leitmotiv de mentes brillantes durante gran parte de sus vidas como pensadores, sin hallar respuesta convincente.

Por mi parte me basta con saber que tuve padre y madre y de cuya íntima fusión resultó este pensador aficionado que hoy les entretiene con sus reflexiones.

Lo anterior explica mi postura frente a mi origen, pero corresponde ahora que les explique lo de la nada, según mi parecer y sin ser en lo absoluto taxativo

La nada ha sido motivo de elucubraciones por numerosos filósofos entre los que se encuentra nada menos que Bergson, Platón, Aristóteles, Kant y muchos otros.

Para los griegos la nada está vinculada al no ser, postura a la que adhiero, por ello es que la muerte es equivalente a la nada por cuanto al dejar de ser o existir, solo resta la nada.

Ahora bien, la nada como el infinito son conceptos inaprehensibles por lo menos para mí, por lo tanto, hace mucho tiempo que desistí de entenderlos y al hacerlo dejaron de preocuparme. Fue el paso del querer saber, al futurible veremos.

Admito que es una postura fácil el no preocuparme por lo que hay o no hay inmediatamente después de concluido mi cuanto personal, no llegué a ella, a la postura me refiero, por cobardía, vale decir por temor a que sí exista algo como el infierno en el que no creo, sino simplemente admitiendo la incapacidad de mi mente para entenderlo y por tanto la futilidad de intentarlo.

En definitiva y a modo de epítome, propongo la existencia de lo que he dado en llamar CUANTO, entendiendo por ello la totalidad del tiempo y las vicisitudes que a cada uno le corresponde vivir.

Propongo la posibilidad de la predeterminación del tiempo a transcurrir, en cuyo caso sería un lapso asignado por alguien o por algo que desconozco.

Así mismo planteo la posibilidad de la predeterminación para con los eventos sucedidos, lo que implica la inexistencia del libre albedrío

Queda claro que adhiero a la existencia del libre albedrío, pero también al hecho de estar muchas veces supeditado al entorno, de ahí entonces la expresión popular se hace lo que se puede pero no lo que se quiere.

En fin, cuando uno se mete en el terreno de la filosofía, debe admitir que pisará sobre un sustento blando, incluso líquido en el que se puede hundir y donde todo puede ser.

Pero creo que vale la pena la experiencia por cuanto ayuda a conocerse asimismo y a que las personas con las que interactuamos y que apreciamos, nos conozcan mejor.

Más de Opinión
De locutores y escritores

De locutores y escritores

"El periodismo es no sólo útil sino también imprescindible en su doble función de informar y de controlar sobre todo la gestión pública de tal suerte que los efectores tienen la obligación de dignificarlo cada día de su vida".

 El laboratorio de Ezeiza y la arrolladora vocación K por los negocios espurios

El laboratorio de Ezeiza y la arrolladora vocación K por los negocios espurios

La diputada nacional Claudia Najul denuncia en esta nota: "El negocio montado en el aeropuerto de Ezeiza con un laboratorio encabezado por monotributistas sin antecedentes en el sector, es una muestra más de lo que los argentinos vivimos con las vacunas y los fideos pagados a precio de asado: la predisposición gubernamental a hacer de la pandemia una oportunidad de prosperidad económica para el entorno del poder".