Un Raúl Alfonsín a la izquierda, por favor

Es difícil actualmente encontrar "Alfonsines" que enfrenten a los poderes establecidos cuando estos no acompañan las necesidades de las mayorías populares.

Pablo Gómez

En estos días he visto el documental "Raúl, la democracia desde adentro", sobre la presidencia de Alfonsín, y es realmente notable el cambio que ha sufrido la sociedad argentina desde esa época. La variación no se nota en lo cotidiano, quizá porque han cambiado los habitantes del país en estos casi cuarenta años que han pasado desde que retornamos a la Democracia, y los jóvenes actuales no vivieron en los ochenta. Quizá también ocurre porque fue tan derechizador y destructor de la sociedad lo que hizo el peronismo a fines del siglo XX, que de ahí en adelante todo parece moderado.

Y el título del escrito viene a cuento de una frase que utilizaba Alfonsín cuando daba sus discursos, aunque es necesario aclarar que la frase no sale en el documental. Los actos de campaña en el ´83 eran tan masivos, que a veces alguna persona se descompensaba por calor o falta de aire, y Alfonsín lo señalaba y decía "un médico a la izquierda, por favor". A veces decía "un médico a la derecha", o a veces solamente "un médico ahí", pero bueno, la necesidad de marcar el espacio político olvidado de la izquierda, es el que me lleva a titular con ese sector, que puede haber sido del público en un acto, o del político en gestión.

Porque es difícil actualmente encontrar "Alfonsines" que enfrenten a los poderes establecidos cuando estos no acompañan las necesidades de las mayorías populares. Enfrentó y encarceló a militares en actividad, que tenían todo el poder de las fuerzas armadas en ese momento, y bien podrían haber realizado (como intentaron) un nuevo golpe de Estado. Enfrentó a los poderes económicos concentrados, a los medios de comunicación hegemónicos, al poder religioso asociado en esa época con los militares, y hasta al mismísimo presidente de Estados Unidos en los jardines de la Casa Blanca, cuando pretendió hacer cómplice, a nuestro Presidente, de sus interferencias en países latinoamericanos que no seguían las políticas del imperio.

Y aunque debería ser una obviedad, lamentablemente hay que aclarar algo más: no se enriqueció con el ejercicio de la función pública, ni tuvo que ir a declarar a tribunales como acusado luego de haber sido Presidente. Después de Alfonsín, todo pasó a ser más naturalizado: Presidentes/as en tribunales y hasta condenados, Presidentes/as que se oponen a los intereses populares, que se enriquecen, que se acercan a los sectores de poder (de este mundo y del más allá); Presidentes/as que aunque relatan haberse peleado con grandes medios de comunicación les extendieron (por decreto) el plazo de todas las licencias de sus medios, Mandatarios/as que no pueden demostrar cómo pasaron a tener tantas propiedades y muchos millones de pesos...

Capaz que con medio Raúl Alfonsín nos alcanza. Aunque la sociedad ha cambiado también, y se ha convertido más en un conjunto de personas individuales luchando por sus propias necesidades que en un entramado que comprenda que está difícil salvarse solo. Y eso puede que sea tal vez también consecuencia de aquella época: la Democracia, que era un bien a cuidar diariamente en los primeros años después del golpe, ha pasada a ser algo tan natural como respirar, y eso no deja de ser una buena noticia.

Sería deseable, eso sí, que aunque no estemos con riesgo de golpe de Estado, igual actuemos como que somos una sociedad, intentando priorizar las necesidades del conjunto por sobre las propias. Y no es solo porque ese interés por lo comunitario nos favorezca por ser partes de la misma sociedad; es también porque, aunque en alguna ocasión no tengamos ningún beneficio personal, igual debe ser parte de la justicia humana intentar alivianar la carga de quienes han tenido peor suerte en el reparto de beneficios terrenales: no todos tuvimos la misma alimentación, ni la misma familia, ni educación; es naturalmente esperable que, al menos con quienes conviven en nuestra región, equiparemos cargas. No es necesaria una persona en la presidencia como Alfonsín para que esto se realice, deberíamos poder solos; pero en fin... hasta tanto lo logremos, por mi parte, acepto que el/la Presidente/a lo copie, o al menos, que lo intente.

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