Y en Mendoza, ¿hay "funcionarios que no funcionan"?

Conviven en el seno de la actual administración dos formas de encarar la gestión con diferencias bastante marcadas. Pero no consideran que se trate de un choque de estilos y mucho menos, de agendas, como interpretan que sucede entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. El parámetro Cornejo y las precauciones de Suarez.

A punto de transcurrir el 25 por ciento del gobierno mendocino que encabeza Rodolfo Suarez, vale preguntarse si aquí cabría la misma acusación a modo de pregunta que hizo Cristina Kirchner con respecto a la gestión de quien ella misma eligió para que fuera candidato y ahora ejerza como presidente, Alberto Fernández.

Podría decirse que "el Cristina" de Mendoza es Alfredo Cornejo, salvando las distancias que, de inmediato, sus seguidores intentarán marcar para quitare valor a esta analogía. Si bien es cierto que el actual mandatario provincial surgió de las PASO contra Omar de Marchi, fue el exgobernador quien eligió a Suarez como candidato y sacrificó a su propio delfín para el cargo, Martín Kerchner. 

Así, se conformó un gobierno mixto con marcadas diferencias entre los que puso Suarez y los que dejó Cornejo. Los que continuaron, extrañan la llamada intempestiva y reclamante del Gobernador para que cumplieran con el tema encomendado o la meta fijada, o para pedirles explicaciones. Los nuevos, son parte de un estilo al que le llamaron, de entrada, de "diálogo".

La metáfora del buen pan 

Los suaristas -si es que vale el término- definen "diálogo" con algunas metáforas como podría ser la de un pan bien sobado durante su elaboración: condimentar la masa con cuidadas proporciones de ingredientes que no causen sorpresa, amasado a fondo para que no quede un solo grumo ni impureza a la vista, ni pedazo que se desgrane del cuerpo elástico y luego, todo puesto a leudar sin mirar el reloj, hasta que se delate como a punto para entrar al horno. Y si la temperatura no alcanzara el nivel adecuado, enharinar y embolsar para que pase al freezer hasta que las condiciones del horno mejoren.

El ránking de "funcionarios que no funcionan": ejecución presupuestaria y conformación de equipos

"Son dos estilos y eso no significa que haya reclamos o diferencias profundas y ambos se respetan, a diferencia de lo que pasa en la Nación", trató de despegar una cosa de la otra un funcionario de la actual administración mendocina que, como muchos de los consultados exigió silenciar su nombre. Todos prefieren cotejar lo local con lo que se ve de Buenos Aires.

"Allá es una relación enfermiza entre un tipo que bardeó a Cristina Kirchner a más no poder, desnudándola de sus mentiras y Alfredo, aquí, siempre fue elogioso con el Rody y se puede chequear en público y en privado", comparan.

Una más, y a tono de pregunta, de parte de un cornejista que se siente "extraño pero no incómodo" mientras se acomoda al nuevo ritmo del tiempo de gestión, y es a la defensiva: "¿Se dieron cuenta los periodistas que Alberto siempre elogia a Cristina y al revés, ella jamás dijo algo bueno del Presidente, ni siquiera en su última carta?", pregunta y reclama la comparación local: "¿Han visto que pase lo mismo entre Cornejo y Suarez? No", se anticipó a responder.

En Mendoza ya sabemos que el Gobierno arrancó ni siquiera con el pié izquierdo, sino esguinzado, cuando intentó ampliar la matriz productiva y una movida de redes sociales que juntó gente bajo varias consignas falsas, pero creíbles, tomó de rehén a toda la política que se asustó y resignó su rol representantivo, dando marcha a atrás con todo. No supieron, pudieron o quisieron dar batalla a pesar de tener el aval electoral intacto, y es marca siguió siendo difícil de superar.

El estilo de Suarez

Por lo que se sabe, Suarez conserva una alta valoración de su equipo. Caminan juntos. No se les adelanta. Les permite que busquen ir un paso adelante y ejercitar su personalidad, siempre que no fallen en su objetivo. Los consulta y hasta alguna vez reprendió (y desautorizó) a un ministro que se le adelantó con una medida, como fue el caso de Enrique Vaquié que había interpretado que podría flexibilizar la cuarentena, al inicio, y el Gobernador lo hizo dar marcha atrás, por romper con ello el mandato de uno de los primeros DNU presidenciales sobre el manejo de las actividades en la pandemia.

Suarez tiene claro cuál quiere que sea el legado de su gestión

No hay más que eso. Lo que los que quedaron del gobierno anterior critican en voz baja de los "nuevos" es su falta de arrojo, pero quitan del medio a Suarez, a quien lo vieron fuerte y protagonista en su ejercicio de la intendencia de la Ciudad de Mendoza. Interpretan que el Gobernador los dejaría actuar y que ellos temen hacerlo, con el estigma del chasco de diciembre todavía pinchándolos en el ánimo. 

No creen que sea precisamente Suarez quien les pone frenos. Pero en muchos casos creen que se está haciendo real la metáfora del pan y que es así porque "el horno no está para bollos", todavía.

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