Cuando el poder se sienta a la mesa: entrevista a Gabriela Lizana
Una conversación con Gabriela Lizana sobre mujeres, política y una Zona Este que espera ser escuchada.
En las mesas del poder, se discuten presupuestos, leyes, estrategias, nombres y futuros. Durante mucho tiempo, esas mesas tuvieron una composición bastante previsible: hombres hablando con hombres, tomando decisiones que muchas veces también definirían la vida de las mujeres.
Algo empezó a cambiar. No lo suficiente, quizás. Pero cambió.
Gabriela Lizana ocupa hoy una de esas sillas. Abogada, Diputada Provincial, productora y representante del Este mendocino, conoce dos territorios que no siempre hablan el mismo idioma: el de la tierra y el de la política. Uno está atravesado por el trabajo, la incertidumbre y la urgencia de todos los días. El otro, por negociaciones, proyectos, mayorías y decisiones que pueden demorarse mucho más de lo que la realidad permite.
Pero hay una dimensión que atraviesa su recorrido y que va más allá de los cargos: ser mujer en un espacio donde todavía, incluso cuando las puertas están abiertas, no siempre resulta sencillo hacerse escuchar.
Integrante también del Clúster Mendoza Este y defensora de iniciativas vinculadas a la identidad y al desarrollo regional, entre ellas la Ruta del Vitimigrante, Lizana representa una manera de pensar la política que parte del territorio. Sin embargo, esta conversación busca detenerse un poco antes de las leyes y los proyectos, en una pregunta más íntima y, al mismo tiempo, profundamente política: ¿qué significa ser mujer cuando una se sienta en la mesa donde se decide?
Porque llegar a la mesa no siempre significa ocupar el mismo lugar.
-Gabriela, hoy ocupás una banca legislativa y participás de espacios donde se toman decisiones importantes para Mendoza. Pero una cosa es que una mujer llegue a la mesa del poder y otra muy distinta es que realmente pueda modificar la conversación. Desde tu experiencia, ¿sentís que las mujeres todavía tenemos que demostrar algo más para ser escuchadas o para que nuestra palabra tenga el mismo peso?
Mirá te lo contesto con un ejemplo, auto referencial pero como me estás preguntando por mí, te lo cuento: yo soy abogada, tengo una maestría en negocios internacionales, dos diplomaturas de FLACSO, en desarrollo territorial y en organizaciones sociales, doctoranda en sociología que interrumpí por mi dedicación a la política, y terminando una maestría en inteligencia artificial. He sido gerente de comercio exterior, he coordinado grupos de emprendedores para exportar, y tengo mi propio emprendimiento Pyme vitivinícola y turístico.
Así y todo, difícilmente en Mendoza desde la política me consultan. y así como a mi le debe pasar a todas las mujeres te lo aseguro. Vamos a decir al 90% por si acaso. A nivel nacional en la política encontré un espacio más abierto en este sentido porque tiene un accionar fuerte de mujeres que luchamos a la par por estar en la mesa de decisiones. Pero los varones siempre creen que saben todo.
-Venís de un mundo muy concreto: la producción, el territorio, los problemas cotidianos del Este. Ahora te movés en un ámbito donde hay negociaciones, bloques, estrategias y disputas de poder. ¿Cómo se hace para entrar en esa lógica sin terminar perdiendo la voz propia? ¿Hay algo de la mujer, de su manera de mirar o de construir, que pueda aportar una forma diferente de ejercer la política?
Muy buena pregunta. Lo más difícil fue entender la lógica. Para no perder la voz propia tenés que mostrar carácter (y tenerlo). Pero lo más importante es que las mujeres en general tenemos algo que es muy necesario hoy por hoy: el contacto con la realidad, el territorio, la empatía con las personas. Eso le da una dimensión clave en estos días donde casi todo pretende resolverse en las redes y en la "rosca "política. Los ámbitos donde verdaderamente se concentra el poder está mutando. Hace tiempo los estados iban perdiendo poder en función del mercado. Ahora la tecnocracia manda. La irrupción de la Inteligencia artificial está modificando más rápido de lo que nos damos cuenta el esquema de poder, haciendo transferencias importantes. Las mujeres debemos aprender IA. Muchos varones se han quedado en la rosca y van a perder poder. Esto ya nos atañe a todos. Las mujeres debemos "hablar un poco más fuerte "a veces para ser escuchadas. Pero si no es a la par cada uno con sus virtudes, no vamos a ir por buen camino.
-Sos parte del Clúster Mendoza Este y también acompañaste iniciativas que buscan poner en valor la identidad de nuestra región, como la Ruta del Vitimigrante. Pero más allá de esa ley, me interesa preguntarte por el futuro: cuando pensás en las chicas jóvenes del Este que hoy miran la política, la producción o los espacios de decisión, ¿qué te gustaría que encontraran distinto de lo que encontraron las mujeres de tu generación cuando quisieron sentarse en estas mesas?
Me gustaría que encontraran mujeres que abran puertas de verdad. Porque a veces se declama mucho entre nosotras la sororidad, pero no estamos dispuestas a abrir puertas a quienes seguramente, y porque la vida misma se trata de eso, van a reemplazarnos. Cada persona tiene un propósito en el mundo, una misión que cumplir, y no es perpetrarse en los espacios sino entender que somos eslabones en una cadena del devenir histórico y que tenemos un momento para contribuir con quien somos, otro para formar y ser generosos y otro para irnos a hacer otra cosa. Mi objetivo hoy es convocar mujeres jóvenes que tengan ganas de ser parte de algún engranaje social, que aporte en comunidad y ayudar, transmitir y prepararlas. Creo mucho en soluciones colectivas, pero además disfruto mucho la felicidad que otorga ser parte de algo.
Las mesas del poder todavía conservan viejas costumbres. Algunas son visibles; otras, mucho más sutiles. Interrumpir menos a una mujer, escucharla sin pedirle que demuestre dos veces lo que sabe, aceptar que el liderazgo puede tener otras formas: también son transformaciones políticas.
Gabriela Lizana ocupa hoy una silla en una de esas mesas. Llegó desde el Este, desde la producción y desde una experiencia que conoce el valor de lo concreto. Entre proyectos, debates y decisiones, su desafío, como el de muchas mujeres que llegaron antes y de las que llegarán después, quizás no sea solamente conservar esa silla. También sea mover la mesa.