Cuando el poder se sienta en la mesa
Una conversación con Beatriz Galiñares sobre mediación, el impulso al Este mendocino y la memoria del territorio, que todavía espera ser contada.
Hay profesiones que enseñan a escuchar antes de hablar. Para Beatriz Galiñares, senadora provincial por la Unión Cívica Radical en el frente Cambia Mendoza, el derecho notarial y la mediación no fueron solo un ejercicio profesional, sino una escuela de observación: la capacidad de leer lo que está escrito y atender lo que se dice entre líneas. Hoy, desde su banca en la Legislatura, aplica esa misma plantilla al terreno de la política.
Como pieza clave en el trabajo del Clúster Mendoza Este y autora de la Ley que declara Patrimonio Cultural Inmaterial de la provincia a la Ruta del Vitimigrante, Galiñares abraza una causa profundamente territorial: revalorizar la identidad, el enoturismo y la fuerza de la Zona Este. Se sienta en la mesa del poder sin estridencias, convencida de que los consensos duraderos se firman con voluntad y se tejen con la paciencia de quien entiende la tierra y la memoria de su gente.
-Beatriz, la senadora por la UCR (Cambia Mendoza) pero venís también del mundo notarial y de la mediación. Cuando te sentás a la mesa donde se decide el rumbo político, ¿sentís que esa gimnasia del consenso, sumada a tu perspectiva de mujer, te permite aportar una templanza o un matiz diferente en un ambiente a menudo polarizado?
Mi formación profesional y personal integrada a los valores que recibí de mis padres me han permitido transitar este camino con una mirada especial en este ámbito que mencionas. Siempre he sido una persona de diálogo, que ha buscado desde la observación y la escucha activa propiciar la solución de los conflictos por medio del consenso. En un mundo tan complejo como el que nos toca vivir, con una marcada interdependencia global y un solo planeta, creo que el desafío es cambiar la cultura del conflicto (tanto interno, familiar, comunitario, del país y del mundo) aprendiendo a escuchar y luego dialogar sobre la base del interés mutuo y la coexistencia. Y más allá de las mayorías procurar siempre el consenso, el ganar -ganar que se busca dentro de los sistemas alternativos de resolución de conflictos como la mediación. Hay que involucrarse, participar, escuchar y decidir con esas herramientas, aunque muchas veces nos exija paciencia, renuncia y mucho trabajo.
Sos la autora de la Ley que declaró Patrimonio Cultural Inmaterial a la Ruta del Vitimigrante con el asesoramiento del Dr. Pablo Lacoste.
-¿Por qué el Este necesitaba este impulso de visibilidad y qué representa para vos dar esa batalla por la identidad, el turismo y el trabajo agrícola de nuestra región?
Mendoza este necesita de este impulso hoy más que nunca, redescubrir su identidad y reinventarse a partir de los recursos naturales y humanos que tiene y puede potenciar actuando comunitariamente, haciendo cada uno lo que tiene que hacer, los privados y el Estado. Ya está en camino y hay mucho trabajo por delante. Es difícil muchas veces salir del punto donde nos ubicamos y pensar la realidad desde otro lugar, pero eso te permite descubrir otras potencialidades y posibilidades. Como dijo Einstein hace ya muchos años, si hacemos lo que siempre hicimos obtendremos los mismos resultados que obtuvimos.
-La política exige resignar tiempos personales y enfrentar debates complejos. Si mirás tu camino recorrido hasta la banca del Senado, ¿cuál ha sido tu mayor aprendizaje interno y qué huella profunda querés dejar para el futuro de Mendoza?
El mayor aprendizaje en estos años ha sido el ejercicio de la paciencia. En los ámbitos legislativos no es fácil concretar proyectos y que luego de sancionados se ejecuten. Y junto con la paciencia, el ejercicio de la escucha activa del otro para comprender lo que nos dice y buscar si es posible una solución consensuada siempre teniendo como fin el bien común. Escuchar verdaderamente al otro nos permite descubrir aspectos que quizá no hemos considerado, o matices que son convenientes para una mejor ley. Y esa sería la huella que quisiera dejar en este ámbito donde tanto se habla pero algunas veces poco se escucha.
Entre folios notariales y pasillos legislativos, Beatriz Galiñares habita la política como quien contempla un viñedo: sabiendo que lo esencial no responde al apuro, sino al tiempo justo y al trabajo paciente. En un escenario habitualmente ganado por el estruendo y la prisa, su apuesta por la escucha activa propone otra frecuencia, una pausa necesaria para descifrar lo que laten las personas más allá del discurso, con acciones concretas, rápidas y consecuentes.
La "Ruta del Vitimigrante" no es solo un marco normativo en su carrera; es el hilo invisible con el que rescata la memoria, el sudor y la dignidad de la tierra del Este mendocino. Al final del día, su verdadero proyecto no se mide únicamente en leyes sancionadas, sino en la convicción de que los consensos más profundos se tejen con el silencio atento de quien sabe mirar al otro, comprender su raíz y construir, sobre la memoria viva de nuestra gente, un horizonte común.