El plan táctico del Frente de Todos en Mendoza: amnistía a "compañeros" y acciones focalizadas

La primera exigencia promovida por el Frente de Todos es "salir a la calle" y está destinada a dirigentes y funcionarios que consiguieron cargos y se aburguesaron en sus despachos.

El peronismo mendocino notó la insatisfacción de sus militantes, reflejado en el resultado de las Primarias (PASO) y salió a medirlo. Con el diagnóstico en su poder, se confirma el camino que anticipó Memo que recorrerían en la campaña rumbo al 14 de noviembre: la "repatriación" de los díscolos.

El peronismo preguntó qué motivaba a no haber militado o a irse a apoyar a otras alternativas panperonistas (como el Partido Federal de Carlos Iannizzotto, quien directamente renunció a su afiliación al PJ o Compromiso Federal de Jorge Pujol, que había armado una lista para competir por dentro -Gesta Peronista- y se fue). La respuesta fue un reclamo de "mayor oposición en Mendoza", de algún modo, en respuesta a la actitud que en forma inversa recibe el gobierno de Cristina Kirchner y Alberto Fernández.

A partir de allí, inició el camino de "abrazar peronistas" y aseguran que "está resultando", aunque ambas listas díscolas sigan en carrera. La tercera lista con antecedentes peronistas, el Partido de los Jubilados, bajó sus pretensiones nacionales, pero para apoyar a Cornejo, Suarez y Cobos.

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El otro punto sobre el que se afirmaron los ejecutores de la nueva campaña del Frente de Todos en Mendoza, que ahora conduce el intendente de Tunuyán y segundo en la lista de postulantes al Senado detrás de Anabel Fernández Sagasti, Martín Aveiro, es reforzar la presencia en aquellos lugares en donde observaron mayor disconformidad con la gestión provincial de Rodolfo Suarez. Han marcado en los mapas distritos y hasta barrios, en forma minuciosa y concreta, en donde estipulan que pueden confirmar votantes e inclusive, crecer algo.

Con una campaña en punto muerto, el afán de la oposición al gobierno provincial está puesto en contener y además, representar a sectores que se sienten olvidados por la política, tratando de rascar ese fondo fiduciario que representa el enorme 9% de voto en blanco que se registró en septiembre, y al que todos quieren echar mano.

Nadie parece estar atinando en conseguir votantes nuevos por encima de los que los acompañaron en las Primarias (PASO), pero sí el esfuerzo está puesto en reafirmar aquellas cifras.

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El peronismo se juega mucho. Llegaron a septiembre convencidos de que la unidad los catapultaría a la cercanía del poder en 2023, en que se elige gobernador y vice. Los partidarios más cercanos a Anabel Fernández Sagasti se confiaron demasiado en que la renovación que implicó su triunfo interno sería una buena señal hacia afuera. Pero lejos de apelar a sus preceptos de "lealtad" y a aquel salmo de "todos unidos triunfaremos", los disconformes de la grieta interna del PJ se fueron, directamente.

A partir de la verificación de esa realidad que se dio en los resultados de septiembre, la tarea es la reconstrucción para no perder la representación legislativa o que entre más peronistas por fuera que por dentro, en un proceso que ya vivió, por ejemplo, el Partido Demócrata.

El acento que se verá en las próximas semanas será sumar peronistas e intentar representar a los sectores que se sienten huérfanos de representación. La primera exigencia es "salir a la calle" y está destinada a dirigentes y funcionarios que consiguieron cargos y se aburguesaron en sus despachos. Ahora, además, decretaron la amnistía para el retorno de quienes se sintieron abandonados por su propio partido.

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