El yogur reduce el riesgo de enfermedades crónicas

Nuevas investigaciones relacionan su consumo habitual con una microbiota intestinal más diversa y mejores indicadores metabólicos. Un metaanálisis sobre más de 483.000 personas encontró una reducción del 7% en el riesgo de diabetes tipo 2 por cada 50 gramos diarios adicionales de yogur.

Durante años, la prevención de las enfermedades crónicas estuvo centrada en factores como el tabaquismo, el sedentarismo, la hipertensión y el exceso de peso. Ahora, la ciencia comenzó a poner el foco en otro componente que podría tener un papel relevante en la salud a largo plazo: la microbiota intestinal.

En ese contexto, distintos estudios recientes encontraron una relación entre el consumo habitual de alimentos fermentados y una mayor diversidad de microorganismos intestinales, un indicador asociado con un mejor estado de salud digestiva y metabólica. También se observaron vínculos con una menor probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes tipo 2, además de una mejor respuesta inmunológica.

Entre los alimentos fermentados, el yogur ocupa un lugar especialmente relevante. Se produce a partir de la fermentación de la leche mediante bacterias vivas, principalmente Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Algunos productos incorporan además cepas probióticas específicas.

A sus aportes de calcio, proteínas y otros nutrientes esenciales, el yogur suma la presencia de microorganismos vivos, lo que lo convierte en una alternativa accesible para incorporarlos habitualmente a través de la alimentación.

"Durante mucho tiempo hablamos de nutrientes aislados. Hoy la ciencia está avanzando hacia una mirada más integral, que contempla cómo los alimentos interactúan con la microbiota intestinal y cómo esa relación puede influir sobre la salud a largo plazo", explicó la Dra. Andrea González, integrante de PROFENI y jefa del Departamento de Alimentación del Hospital de Gastroenterología Bonorino Udaondo.

Qué dice la evidencia sobre el yogur

Uno de los conceptos que comenzó a ganar espacio en este campo es el de "dosis diaria de microorganismos vivos". La hipótesis plantea que, del mismo modo que existen recomendaciones para determinados nutrientes, una incorporación regular de microorganismos beneficiosos mediante los alimentos podría contribuir a mejorar determinados indicadores de salud.

Un análisis realizado sobre más de 27.000 participantes encontró que una mayor ingesta de alimentos con microorganismos vivos estaba asociada con mejores parámetros cardiometabólicos, entre ellos presión arterial, glucemia, insulina, triglicéridos, colesterol HDL y perímetro de cintura.

Pero uno de los datos más relevantes surge de un metaanálisis que reunió 14 estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos, España, Australia y Japón, con un total de 483.090 personas. Según sus resultados, por cada incremento de 50 gramos diarios en el consumo de yogur se observó una reducción del 7% en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

"Lo interesante es que los beneficios observados no parecen explicarse únicamente por los nutrientes presentes en estos alimentos, sino también por la presencia de microorganismos vivos y por su interacción con la microbiota intestinal", señaló María Elena Torresani, doctora en Nutrición, directora de la Carrera de Especialistas en Nutrición con orientación en Obesidad de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) e integrante de PROFENI.

El papel de la microbiota

Una posible explicación de estos efectos está en la relación entre el consumo de yogur, la microbiota y la producción de butirato, un ácido graso de cadena corta que contribuye al mantenimiento de la barrera intestinal, ayuda a reducir la inflamación y participa en la regulación del sistema inmunológico.

"La relación entre la microbiota y las enfermedades crónicas es hoy uno de los campos más dinámicos de investigación en nutrición", sostuvo  Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, expresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición y miembro de PROFENI.

Según Katz, una microbiota intestinal diversa y saludable se relaciona con una mejor regulación de procesos inflamatorios, inmunológicos y metabólicos, todos ellos vinculados con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas no transmisibles.

El interés por estos alimentos también comenzó a reflejarse en las recomendaciones nutricionales internacionales. Las Guías Alimentarias de Estados Unidos, recientemente actualizadas, incorporaron referencias específicas sobre los posibles beneficios de los alimentos fermentados.

Yogur, kéfir y kombucha: no son lo mismo

Aunque el yogur, el kéfir y la kombucha forman parte del universo de los alimentos fermentados, desde PROFENI remarcan una diferencia importante en relación con los dos últimos.

Su elaboración puede presentar variabilidad microbiológica y problemas de inocuidad, mientras que además se desaconseja su consumo durante la infancia debido a que el proceso de fermentación genera pequeñas cantidades de alcohol. Según el documento, en Pediatría no existe un límite seguro de ingesta de alcohol, por mínima que sea la cantidad.

El yogur, en cambio, presenta un proceso de elaboración más controlado y constituye una fuente ampliamente disponible de microorganismos vivos, además de aportar nutrientes como calcio y proteínas.

La cuestión adquiere especial relevancia en Argentina, donde persisten dificultades para alcanzar las recomendaciones de consumo de calcio y vitamina D, al tiempo que los alimentos fermentados no forman parte de manera habitual de la alimentación de una parte importante de la población.

Desde PROFENI, de todos modos, remarcan que estos resultados no significan que exista un alimento capaz de prevenir por sí solo las enfermedades.

"No existe un único alimento capaz de prevenir enfermedades. Lo que muestran las investigaciones es que ciertos alimentos pueden contribuir, dentro de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable, a generar condiciones más favorables para la salud", señalaron.

En ese nuevo enfoque, el yogur aparece como uno de los alimentos que concentra mayor interés científico: no solo por sus nutrientes, sino también por los microorganismos vivos que aporta y por su posible interacción con la microbiota intestinal.

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