Mendoza registró 248 suicidios en 2025: las señales de alerta y cómo actuar a tiempo
La provincia tuvo un aumento del 3,4% en los casos respecto de 2024 y una tasa de 12,1 suicidios cada 100.000 habitantes. La psiquiatra Ana Laura Fava explica qué cambios pueden advertir una situación de riesgo, por qué es importante preguntar directamente y qué hacer frente a una respuesta afirmativa.
Durante 2025, 248 personas murieron por suicidio en Mendoza, según datos proporcionados por el Ministerio de Salud provincial y extraídos del Observatorio de Salud Mental. La cifra representa un incremento del 3,4% respecto de 2024 y equivale a una tasa de 12,1 suicidios cada 100.000 habitantes.
Del total de fallecimientos, 191 fueron varones (77%) y 57 mujeres (23%). Las edades abarcaron un rango muy amplio, desde los 11 hasta los 96 años, mientras que la mitad de los casos correspondió a personas de hasta 38 años.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, la médica psiquiatra Ana Laura Fava puso el foco en una de las principales herramientas de prevención: hablar. Para la especialista, preguntar de manera directa, escuchar sin juzgar y facilitar el acceso a ayuda profesional puede permitir detectar situaciones que permanecen ocultas.
Preguntar no provoca el suicidio
Existe una creencia extendida según la cual preguntar a una persona si está pensando en suicidarse podría inducirla a hacerlo. Fava es categórica al respecto: "Preguntar de manera directa y cuidadosa sobre el suicidio no aumenta el riesgo ni 'induce' a una persona a suicidarse".
Por el contrario, considera que esa pregunta puede abrir un espacio para que alguien pueda expresar un sufrimiento que hasta ese momento mantenía en silencio.
La recomendación es acercarse sin interrogar ni juzgar, escuchar, validar lo que la persona está atravesando y buscar ayuda profesional.
No hay que esperar a una determinada época del año
Fava también relativizó la idea de que el suicidio sea un fenómeno particularmente ligado a la primavera. Explicó que existen variaciones estacionales en las conductas suicidas y que en algunos países y poblaciones se registran aumentos durante los cambios de estación, entre ellos otoño y primavera.
Sin embargo, aclaró que no puede afirmarse que "la primavera provoca más suicidios". En estos patrones intervienen factores como la luminosidad, los ritmos circadianos, el sueño, la temperatura, la actividad social y otros elementos ambientales y psicosociales.
Además, esas variaciones pueden cambiar de acuerdo con el país, la edad y otras características de la población. Por eso, desde una perspectiva preventiva, la especialista considera más importante detectar a las personas vulnerables durante todo el año que concentrar la atención en una estación específica.
Qué cambios deberían generar preocupación
Una de las dificultades para detectar el riesgo es que algunas señales pueden confundirse con una etapa pasajera, especialmente durante la adolescencia, período que implica importantes transformaciones psíquicas, emocionales y físicas.
Fava recomienda observar cambios importantes y persistentes en la conducta, entre ellos:
aislamiento y abandono de vínculos;
pérdida de interés por actividades habituales;
modificaciones marcadas en el sueño o el apetito;
caída repentina del rendimiento académico o laboral;
irritabilidad;
desesperanza;
sentimientos de culpa;
sensación de ser una carga para los demás;
aumento del consumo de alcohol u otras sustancias;
conductas impulsivas o de riesgo;
autolesiones.
La especialista aclara que ninguna de estas señales, tomada de manera aislada, permite determinar que existe riesgo suicida. Lo que debe generar especial atención es la combinación de señales, su intensidad, que hayan aparecido recientemente y, sobre todo, la presencia de pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
Frases que no deberían ser tomadas como una broma
También existen expresiones verbales que pueden funcionar como señales de alerta. Entre ellas, Fava menciona frases como:
"No quiero seguir viviendo".
"Ojalá pudiera desaparecer".
"Todos estarían mejor sin mí".
"No encuentro ninguna salida".
"Ya no puedo más".
"No tiene sentido seguir".
"Me siento una carga para los demás".
Incluso cuando aparecen en tono de broma, la recomendación es no minimizarlas. Eso no significa que toda persona que pronuncie una de esas frases tenga intención suicida, pero sí que puede ser una oportunidad para acercarse y preguntar cómo está realmente.
Una persona en riesgo puede parecer estar bien
Otro punto que destaca la psiquiatra es que el sufrimiento no siempre resulta visible. Una persona con riesgo suicida puede continuar trabajando, estudiando, socializando e incluso mostrarse tranquila o alegre.
Entre las razones por las que puede ocultar lo que le sucede aparecen la vergüenza, el temor a preocupar a familiares o amigos o una decisión consciente de no comunicar sus pensamientos.
También hay que prestar atención a un cambio repentino: alguien que atravesó un período de intensa angustia puede mostrarse súbitamente mucho más tranquilo o alegre. Ese cambio no necesariamente implica una recuperación, especialmente si aparece junto con otros indicadores de riesgo.
Fava plantea que muchas veces vivimos "en modo automático, desconectados de nosotros mismos", lo que puede dificultar que tanto la propia persona como quienes la rodean registren el sufrimiento.
La especialista remarca además que un suicidio o un intento de suicidio debe entenderse como "la punta de un iceberg", detrás de la cual existe una problemática o enfermedad vinculada con la salud mental.
Qué hacer si alguien expresa que quiere morir
Ante señales de alarma, el primer paso es acercarse y escuchar sin juzgar. Fava recomienda no intentar solucionar inmediatamente el problema ni restarle importancia a lo que la persona está atravesando.
También aconseja preguntar de manera explícita si está pensando en morir o suicidarse. Una posibilidad es decir:
"Últimamente no te veo bien y estoy preocupado/a por vos. ¿Has pensado en hacerte daño o en morirte?"
Si la persona responde que sí, la indicación es mantener la calma, escucharla y no dejarla sola si existe un riesgo inminente. En ese escenario hay que solicitar asistencia profesional urgente o acudir a un servicio de emergencias, además de ayudar a conectar a la persona con profesionales y familiares de referencia.
Qué frases conviene evitar
La intención de ayudar puede terminar siendo contraproducente si se utilizan expresiones que minimizan el sufrimiento o trasladan la responsabilidad exclusivamente a quien está atravesando la crisis.
Fava recomienda evitar frases como:
"Tenés que poner de tu parte".
"Es un cambio de actitud".
"Hay gente que está peor".
"Pensá en tu familia".
"Eso es una locura".
"Lo hacés para llamar la atención".
Aunque puedan pronunciarse con buena intención, este tipo de respuestas puede incrementar la culpa y provocar que la persona deje de hablar sobre lo que le sucede.
Para la especialista, la prevención se resume en cuatro acciones concretas: preguntar, escuchar, acompañar y pedir ayuda profesional. La clave, justamente, es intervenir antes de que el sufrimiento quede oculto y llegue a una situación irreversible.
Red de atención provincial
Para garantizar una respuesta oportuna en todo el territorio, Mendoza cuenta con efectores de salud distribuidos estratégicamente para la contención, evaluación e internación de pacientes en crisis:
Hospitales generales con guardia especializada: Teodoro J. Schestakow, Humberto Notti, Central, Dr. Ramón Carrillo, Victorino Tagarelli, Regional Antonio J. Scaravelli, Alfredo Ítalo Perrupato, Saporiti, Regional Diego Paroissien, Luis Lagomaggiore, Enfermeros Argentinos y Regional Malargüe.
Hospitales y centros especializados: Hospital El Sauce, Hospital Dr. Carlos Pereyra y el Centro Integral Provincial de Atención de Urgencias del Adolescente (CIPAU).
Con información oficial, Vinculat, editó Carina Pérez