La violencia como modus vivendi
"Los argentinos fuimos violentos aún antes de serlo, porque para convertirnos en República Argentina debimos previamente matarnos entre nosotros; Buenos Aires contra el interior, Caseros; fratricidios entre combatientes". Un enfoque de la violencia, a cargo de Eduardo Da Viá, lector y habitual colaborador espontáneo de Memo..
La violencia se ha ido instaurando poco a poco en la Argentina, hasta alcanzar la categoría de modus vivendi, vale decir ha quedado incorporada como algo aceptado, sin advertir cuán hondo ha calado y cómo asoma en muchos de nuestros actos cotidianos, sin que merezca ni nuestra reprobación, ni el intento de eliminarla o al menos reducirla.
La violencia se ha ido instaurando poco a poco en la Argentina, hasta alcanzar la categoría de modus vivendi, vale decir ha quedado incorporada como algo aceptado, sin advertir cuán hondo ha calado y cómo asoma en muchos de nuestros actos cotidianos, sin que merezca ni nuestra reprobación, ni el intento de eliminarla o al menos reducirla.
Este Cartel, colocado por la Universidad Nacional de Cuyo, con el conocimiento y la aprobación descontada de sus máximas autoridades, y que se encuentra ubicado sobre el margen izquierdo de la Av. Champagnat en dirección Sur Norte, frente al polideportivo, es paradigmática. No sé si los transeúntes lo ven y además lo miran, o solamente lo ven, en el mejor de los casos, pero sin prestarle la más mínima atención al significado oculto de la imagen que no es otro que la violencia instituida sobre todo en la juventud.
La fotografía, real o de estudio, representa sin dudas a un egresado en el momento de aprobar la última materia de la carrera que sea, y a quien esperan sus compañeros y amigos para iniciar los festejos correspondientes
Lo primero es esta ridiculez de pintarlo y untarlo con huevo, cuando no raparlo y desvestirlo en plena vía pública. Es un claro acto de violencia en manada de la cual no puede la víctima sustraerse por la obvia superioridad numérica. Precisamente en este al parecer inocente acto, es donde las mujeres lograron más rápidamente la igualdad de género, participando del mismo a veces con la misma agresividad que los varones. Por cierto, en la noche, la zaga habrá de continuar en alguna disco, donde con seguridad aparecerá el alcohol, la agresión física a puñetazos, mordidas y puntapiés y en demasiados casos el condimento de la droga y el sexo irresponsable; total ahora está la genial Ley IVE.
Para ejemplificar transcribo a continuación titular del Diario MDZ de reciente data:
LUNES, 29 DE MARZO DE 2021
Egresados violentos: alumnos tiraron a otro por el segundo piso del hotel
Un joven de 18 años terminó con fracturas y golpes luego de que un grupo de jóvenes de otro colegio que se estaba hospedando en el mismo hotel lo arrojó por una ventana del segundo piso.
¿Ya nadie recuerda las monstruosidades de Villa Gesell en el verano de este año?
Fernando Báez Sosa, de 19 años, fue asesinado por sus propios compañeros a la salida de una disco. Sólo lo recuerdan los familiares, la sociedad en conjunto ya lo olvidó. La violencia está incorporada al modus vivendi.
Carezco de datos estadísticos que me permitan aseverar lo que sigue, pero estimo es una impresión que la mayoría de los adultos tenemos: este nivel de violencia es relativamente nuevo en nuestro medio y algo menos en Buenos Aires por una simple cuestión de población y marginalidad mayores.
En ocasión de mi egreso de la Facultad de Medicina en 1966, cuando al rendir la última materia se habían completado los estudios, era inevitable que asistieran los compañeros más cercanos, los amigos extrauniversitarios los familiares y por cierto la novia que veía desaparecer el último escollo para concretar el sueño conjunto del matrimonio
En Medicina había una especie de rito de iniciación de la nueva vida como galeno, que consistía simplemente en el corte de la corbata, sin golpizas, pintarrajeos, rapadas, ruptura de las vestimentas etc. Por cierto guardo nostálgicamente mi bipartita corbata.
También era usual una reunión familiar a mediodía, incluidos orgullosos padres, tíos y abuelos, en mi caso afortunadamente todos vivos y vigentes. La familia, había participado aunque pasiva, atentamente, al desarrollo de la carrera de ese primer miembro de la misma que alcanzaría el nivel de M´hijo el Dotor al estilo Florencio Sánchez. Por eso es que el egreso era motivo de fiesta familiar.
Luego vendría el festejo nocturno en el que el grupo juvenil concurría a un salón bailable, de los llamados "boites" donde la diversión consistía en la alegría de coparticipar, sin el aditivo de la beodez, la grosería y mucho menos de la droga que nunca vi ni olí en ese tipo de acontecimiento.
¿Violencia? Inexistente. Todo lo contrario, era común que finalizada la velada, saliéramos a la calle sin temor y formáramos filas entrelazados por los hombros, cantando y siguiendo algunos pasos tradicionales. Poco auto, mucho colectivo, al que accedíamos respetuosamente sin molestar a los pasajeros ajenos a nuestra alegría.
Cuidado, no siempre era así, pero los casos que terminaban en excesos dañinos para sí mismo y para terceros no participantes eran excepcionales; hoy son la condición sine qua non para que un festejo sea considerado como tal.
Este es el problema gravísimo y creo que irreversible, de la violencia enquistada solapadamente en la sociedad, socavando el soporte cultural que la sostiene. Corre soterrada y de repente erupciona como un volcán, con la enorme diferencia de ser contagiosa y con malignidad creciente. Cuando un volcán perteneciente a algunas de las cadenas más activas de la tierra erupciona, lo hace solo, sin que los vecinos lo imiten.
La erupción volcánica es perfectamente comparable a este tipo de desmanes por la inesperado de la ocurrencia, tal el asesinato de Gesell, los disturbios en el velatorio de Maradona, los desmanes, interrupciones del tránsito y faltas a la moral de las pañuelo-bombachas verdes, por no mencionar sino los más cercanos.
Ayer Mendoza sufrió otro modelo de violencia, por desgracia frecuente: los choferes de ómnibus de turismo, enfurecidos por la prohibición de los viajes de egresado, motivada sólo por razones sanitarias, se permitieron atravesar las unidades en el Acceso Este impidiendo el arribo de miles de trabajadores a sus respectivos lugares de trabajo y otros conductores que sólo hacían uso del constitucional derecho a circular.
Por cierto nunca pensaron que entre los demorados había personal de salud que concurría a los centros asistenciales a encarar la diaria lucha contra les enfermedades y en especial el Covid que nos acosa y les acosa a ellos también. Educadores que no podían arribar a los centros educativos donde actualmente hay actividades presenciales, vacunadores a los que les ocurría otro tanto etc. etc.
Yo me pregunto si es la única forma de demostrar disconformidad con medidas gubernamentales, y de ser así estimo que la mayoría de los argentinos atravesaría sus automóviles en todas y cada una de las rutas del país, por cuanto el gobierno Central zozobra permanentemente.
La violencia en el fútbol que insume cantidades ingentes de dinero público utilizando miles de uniformados para custodiar el evento, más el inaceptable espectáculo de ver los ómnibus que trasladan a los mimados jugadores, precedidos, rodeados y seguidos por móviles policiales que todos pagamos en detrimento de nuestra propia seguridad, ¿Por qué? Porque el fútbol es violencia, y de la cobarde, amparados en el número de salvajes que integran las hordas y en la indefensión individual de los ciudadanos; si festejan porque festejan, si perdieron porque lo hicieron, entonces descargan la agresividad vandalizando personas y bienes.
Los graffiti, plural en italiano de graffito: escrito; la historia moderna de graffiti se remonta a los años 60 cuando empezó en Nueva York, influido por la música hip-hop. Los iniciadores de graffiti se dedicaban a firmar, y vivían y pintaban en Nueva York. Son manifestación de violencia
Uno de los primeras artistas de graffiti firmaba TAKI 183 fue entrevistado por el New York Times en 1971. Su nombre verdadero era Demetrius y era un joven griego que trabajaba como mensajero en Nueva York. Pintaba su firma en todos los sitios donde entregaba documentos y paquetes. Se hizo famoso y muchos jóvenes empezaron a imitarle y a buscar sitios cada vez más difíciles y llamativos donde dejar su firma. Tal vez el nombre TAKER que se emplea para los rotuladores gruesas de tinta permanente utilizado por los grafiteros tiene su origen en la primera firma de graffiti conocida, TAKI 183.
Por cierto asociado a la música violenta que imperaba en esos momentos, y que sirve de fondo sonoro hoy en sus versiones más modernas, para la comisión de excesos de todo tipo: violencia musical.
Los graffiti son claras manifestaciones de violencia, pero ya incorporada al modus vivendi local.
Basta con asomarse a los halls y pasillos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales para ver un verdadero muestrario de inscripciones murales de orden político ante la mirada ausente de las demagógicas autoridades que nadan hacen por preservar el orden y la higiene.
Por desgracia en todas las demás dependencias se repite lo mismo aunque de menor intensidad; lo paradojal es que precisamente en el ámbito donde supuestamente se aprende acerca del comportamiento social del hombre y siendo las relaciones interpersonales seguramente uno de los temas principales, tomen estas conductas como propias de la juventud y sin otros significados. Se equivocan, es violencia, hasta ahora canalizada a través del muralismo pero pronto lo será mediante desmanes que todos conocemos y que ocurren en la intimidad de los edificios universitarios. Y mientras tanto los alumnos, de los pocos afortunados en este mundo, que gozan del extraordinario privilegio de la educación gratuita, en vez de capacitarse permanecen indolentes, sentados en las escaleras y enfrentados (violencia) con otras agrupaciones de la misma Facultad.
Dañar edificios públicos y sobretodo dedicados a la docencia superior, es violencia
Los argentinos fuimos violentos aún antes de serlo, porque para convertirnos en República Argentina debimos previamente matarnos entre nosotros; Buenos Aires contra el interior, Caseros; fratricidios entre combatientes.
Genocidios de los nativos, por acción, Campaña del Desierto, o por omisión como la actual indiferencia para con las escasas poblaciones originales restantes, en especial las del Norte.
ERP, Montoneros, represión, terrorismo de Estado, sacrificio de inocentes jóvenes soldados inexpertos y casi inermes en una guerra sin sentido contra una de las potencias más poderosas del mundo. Fue el uso de la violencia absurda para disimular la incapacidad gubernamental.
Y pensar que se llenó la plaza de Mayo con miles de adherentes a la guerra; en el fondo eran tan violentos como lo fueron los integrantes de la Junta militar que fue pariendo falsos presidentes para afianzarse en el poder omnímodo.
Rucci, Cabezas, Nisman, sólo para muestra.
Caso Próvolo y similares en todo el ámbito de la cristiandad institucionalizada, es repulsiva violencia.
No acatar la disposición vigente desde hace más de un año y para colmo ante la ola actual, del uso obligatorio y correcto del barbijo, es violencia contra la sociedad que sí cumple.
Es sabido que los micelios (similar a raíces ) de los hongos de la especie Armillaria, pueden alcanzar diámetros de cientos de metro por debajo de la superficie terrestre, y dar descendencias alejas.
Así avanza la violencia, a escondidas, pero dispuesta a saltar y atacar a la menor oportunidad.
Nuestro autóctono y mal llamado cactus, su nombre correcto es Agave Americano, me refiero al de las hojas verde grisáceo con espinas laterales, muy difundido en el piedemonte y con grandes ejemplares en el Cerro de la Gloría, también se reproduce mediante raíces subterráneas llamadas rizomas, de las que surgen sus hijos alejados del implante paterno.
Así cunde la violencia, bajo tierra, pero por el alcantarillado, por donde transcurren los deshechos humanos, disfrazada a veces de divertido chascarrillo para captar incautos.
Contamina las napas de agua pura de la sociedad, que se enferma sin entender bien que es lo que ocurre.
Por último una triste referencia a la ciudad enrejada; cuando niños las casas barriales tenían rejas a la calle, bajitas, de madera o preferentemente hierro; muchas de ellas con artísticas formas dadas por orgullosos herreros, y detrás el jardín. Algunas emulaban quizás añorando su lejana Córdoba o Sevilla andalusí, con macetas pletóricas de geranios y otras flores y puertas entreabiertas para que los paseantes pudieran admirar los patios. Eran rejas ornamentales que competían con colorido y diseño con la de los vecinos colindantes .
Hoy la ciudad se enrejó, pero en defensa del peligro subyacente de ladrones asesinos. Son altas, robustas y puntiagudas, coronadas por volutas de alambre alemán punzo cortante y hasta electrificado; ya no importa el diseño del picaporte que asegura las dos hojas entre sí sino el grosor de la cadena y el tamaño del candado que la ciñe alrededor.
El visitante ya no golpea las manos porque la puertecilla está entreabierta y permite ver a los habitantes en el interior.
Todo está herméticamente cerrado, y debe hablarle a un trozo de chapa perforado por donde penetra su palabra que habrá de viajar por cables hasta un visor a través del cual será escrutado por el dueño e indagado acerca de su nombre y sus intenciones; y de no ser conocido, lo más probable es que no le abra.
La reja es agresiva, violenta; es violencia en respuesta obligada a la violencia.
Existen incluso las que denomino Casas Jaula, como una que se encuentra en la calle Roque Sáenz Peña de ciudad, cercana a Boulogne Sur Mer, el edificio ha quedado incluso en una gigantesca jaula metálica, techada incluso de la misma manera.
Los egresados universitarios que festejan con violencia, no reparan que cuando lleguen a viejos, si es que la violencia que los rodeará se los permite, habrán de vivir atemorizados bajo siete llaves, alarmas con visores si se los permite su economía o un diminuto orificio en la puerta frontal para atisbar trémulos, de quien se trata.
Los edificios de departamentos son violentados, ídem los barrios privados, aún los más custodiados.
La violencia se pasea omnímoda por la ciudad.
Nosotros mismos la dejamos entrar, quizá a modo de festejo desproporcionado, pero no supimos contener su evolución ni mucho menos sus consecuencias.
Hoy caminamos mirando para atrás, sin llevar en lo posible nada sostenido de la mano, y deseando tener la suerte de Jano Bifronte, el famoso Dios griego cuya doble cabeza le permitía mirar simultáneamente para adelante y para atrás.
Desde ya, la represión violente no es la solución, aunque desconozco cuál sí lo es.
La violencia no es fuerza sino debilidad, nunca podrá crear cosa alguna, solamente la destruirá. Benedetto Croce (1866-1952) Historiador, humanista y filósofo italiano.