Historia

25 de Mayo: Entre la rebelión política y el nuevo pacto económico

Gustavo Capone analiza las implicancias económicas de la disputa política que cuajó el 25 de Mayo de 1810. Una nota interesante, más allá de la estampa escolar.

De qué se trata. Lo que se manifestó claramente en ese tiempo fue la recuperación del espacio de las ideas y el debate. Dimensión que durante la época colonial brillaba prácticamente por su ausencia. Es el momento en que nacerá la política criolla. Esos debates políticos perseguirán la finalidad de estructurar un país, organizar su régimen político y renovar su fisonomía económica y social ante la pérdida de autoridad y legitimación de la monarquía española.

Tiempo complejo y de incertidumbres. Agreguemos que sobre lo que estaba sucediendo en Europa, y a toda la "polvareda" levantada cuando empezó a correr la noticia en el Río de la Plata que el último bastión español representado por la Junta Central de Sevilla había caído, distintos interrogantes empezaron a sumarse.

El Sol del 25 viene asomando. Los debates del momento podrían estructurarse en distintos planos. Uno lógico y básico, pero lejos de ser claro, podría ser que no estaba para nada preciso cuáles debían ser los límites geográficos del estado naciente, y las dudas se notarán en las inmediatas cavilaciones que deparó el nombre de la futura organización. Por ejemplo, se descontaba la inclusión de la Banda Oriental y el Paraguay, que luego se malogrará. A su vez, en el norte (si bien sus límites también eran inciertos) existía un gran sentimiento "realista" altoperuano, donde no observaban con buenos ojos el tema emancipatorio.

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Pero además existían problemas de raigambre social. Por un lado, en la Ciudad de Buenos Aires predominaba un sector dirigente ilustrado con una amplia formación europea y liberal, mientras que en interior existía un grupo más tradicionalista.

En consecuencia y paralelamente también se empezaba a debatir un proyecto de poder que interrelacionaba criollos y peninsulares, vinculando a quienes buscaban alcanzar la independencia política influidos por las ideas y acontecimientos desprendidos del "ideario ilustrado" francés, mientras por otro lado los que buscaban un nuevo pacto económico de la mano de las ideas del librecambio que modificase el régimen mercantil favorable exclusivamente a los comerciantes monopolistas.

Muchos sostendrán que la variable económica jugó fuertemente en el desenlace final. Indudablemente el desembarco del librecomercio, ya de por si implicó una verdadera revolución económica que se sujetaba en la irreversible apertura del comercio mundial.

España en tanto, se había "fundido" por los millonarios gastos de guerra, las pésimas administraciones, la nula industrialización, las malas comunicaciones y la gran cantidad de sueldos que debía pagar, sobre todo a funcionarios de la nobleza, clero y ejercito. Mientras tanto, la resistencia de los españoles en América será notoria. No solo perdían sus derechos políticos, sino también la hegemonía económica.

Recordemos además que España en 1805 tras la derrota en la Batalla de Trafalgar perdió su flota marítima y, en consecuencia, el tráfico comercial entre la península y América se paralizó.

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"Es la economía, estúpido". Vale la frase de Clinton. Ya desde hacía rato se venía discutiendo el tema. Antecedentes hay muchos; por ejemplo: el Reglamento de Libre Comercio de 1778, flexibilizando el tráfico directo entre España y los puertos virreinales. Para contrarrestar el contrabando 17 puertos españoles y 27 puertos en India serán habilitados para la comercialización. Belgrano como secretario del consulado (1795) promovió el comercio regional. Mariano Moreno, redactó la "Carta de Representación de los Hacendados" (1809).

Con el devenir de los sucesos que tienen como eje el posterior momento emancipador, el Río de la Plata será la puerta más importante de ingreso a América del Sur, y Buenos Aires se convertirá en el nuevo Potosí. La ruta Cádiz- Buenos Aires será sustituida por la ruta Liverpool - Buenos Aires. La economía girará hacia el Atlántico, lo que traerá acarreado el indefectible ascenso del litoral. Mientras tanto aquella advertencia de Alberdi promediando el siglo XIX sigue haciéndonos pensar: "la revolución ha creado dos países independientes, y distintos, con apariencia de uno sólo. El ‘estado metrópoli' es Buenos Aires y el ‘estado vasallo' es la república. Uno tiene seguro su renta y su gasto; el otro no tiene seguro su pan."

El arte de lo posible. El primer síntoma de un hecho político y revolucionario concreto se libró el 22 de mayo de 1810. Es el día del Cabildo Abierto. El día de las ideologías y de "las roscas". En el marco de esta circunstancia, "los pactos de sujeción", fueron la doctrina vigente de aplicación. Determinaban que en caso de vacío de poder transitorio por ausencia del rey la reasunción del poder estaría dada por el pueblo. Se abría el debate puntual sobre la teoría de reversión de derechos.

En el campo de la discusión política, lo primero que planteamos entonces es: ¿quién representa "el concepto pueblo"?

Distintas posturas se cruzaron en el recinto. Lejos estuvo el debate de ser cordial y ameno (casi ingenuo) como la tradición planteaba. Amenazas, gritos, balas, "patotas", presiones. Picante.

Si bien las invitaciones estuvieron bastante direccionadas, se mostraron todas las posiciones.

Las posturas españolistas sostenían la continuidad del virrey. Manifestaban fidelidad absoluta. Su última carta la jugaron el 24 de mayo cuando pretendieron imponer una Junta con "Cisneros presidente". Fracasaron. La otra posición pro - española era la "legalista". Pedían "Junta" como en España. "Los españoles que se encontrasen en las Américas debían tomar y reasumir el mando de ellas; y que este sólo podía venir a manos de los hijos del país americano cuando ya no hubiese quedado un solo español vivo en él". (Obispo Lúe y Riega).

Enfrente estaban las posiciones americanistas. "Gobierno propio"; pedirá Castelli. Mientras tanto, posiciones más radicalizadas, pero en consonancia con Castelli sostenían además una postura independentista: "Congreso e Independencia", más la incorporación del interior (Mariano Moreno).

Pero la postura que triunfará a la postre será la posición porteña de Juan José Paso. Sostenía en síntesis que había que convocar a todas las provincias, pero como no había tiempo y ante la urgencia: "Buenos Aires como la hermana mayor de todas las provincias debía hacerse cargo de la situación". Así fue. Y será.

Mendoza revolucionaria. Ese mayo de 1810 no tendrá a Mendoza como protagonista. Las noticias de los sucesos porteños llegaron recién el 13 de junio. Mendoza empezará a debatirse entre dos posiciones: adherir a la Primera Junta o sublevarse como Córdoba de quien dependíamos. La resolución definitiva a favor de la adhesión se consiguió un mes después. Días más tarde llegará José Moldes como el representante enviado desde Buenos Aires para hacerse cargo de la situación.

Al tiempo aparecerá un nuevo actor. En el futuro país profundo. Es ahí donde empezó a librarse la verdadera revolución. Donde cobraron protagonismo quienes habían tenido un papel de reparto hasta ahora en esa saga. Los pueblos de interior y los soldados que pelearon en el norte y en el litoral. Y las provincias, cuyo protagonismo se resaltará recién con la llegada de San Martín a Mendoza en 1814, verdadero comienzo de la revolución emancipadora americana y de la definitiva independencia.

A partir de ahí comenzará una nueva historia. Y la revolución verdadera. Con San Martín, y desde Mendoza.

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