Israel, corazón de león

Isabel Bohorquez nos comparte su opinión en torno al conflicto entre Israel y Hamás, con la historia de Palestina y la propia del pueblo judío como fondo.

Isabel Bohorquez

Sigo atentamente el conflicto israelí-palestino y lo que percibo es una historia injusta que parece interminable.

Vivo a miles de kilómetros de esos misiles que surcan el cielo y por ello, soy consciente de que mi posición es infinitamente más llana que la de sus protagonistas directos o la de sus familiares que acompañan desde la lejanía a sus seres queridos con la angustia y el dolor que implica.

Desde este lugar de comodidad, creo que nuestro silencio indiferente y-peor aún- nuestros prejuicios, nos arrastran a un destino común de exterminio.

Percibo esta guerra eterna como el reflejo de nuestra paradoja como sociedad planetaria y me pregunto:

¿Hasta cuándo cerraremos los ojos y permaneceremos ajenos?

Lo que yo entiendo de esta historia es lo siguiente:

Los pueblos originarios que hoy llamamos israelíes o judíos, habitaron alrededor de 2000 AC la región que actualmente es identificada como Palestina. Denominación que recibió durante la ocupación de los romanos (que comenzó en el año 63 AC aunque se identifica el año 135 DC como fecha en que se reemplazó el nombre de Judea por el de Palestina) y durante el mandato británico (1922 hasta la partición de la región en 1948); ya que bajo otras ocupaciones -o sin ellas- siempre fue el Reino de Israel (o Israel, Judea, Tierra Santa) y durante la ocupación otomana fue llamada la provincia de Judea (1517 a 1918).

Los israelíes atravesaron un larguísimo proceso de constitución como Nación (no en el sentido político con el que podemos entender ese concepto hoy en día) y desde sus comienzos se enfrentaron a persecuciones y destierros.

El cristianismo acontecería obviamente mucho después y los musulmanes ocuparían esa misma región recién alrededor de 600 DC. (debido a la rendición del imperio bizantino ante el Califa Omar, segundo de los sucesores del Profeta). De hecho, Mahoma no murió allí aunque uno de los templos sagrados que se levantaron en la ciudad sagrada representa su ascensión al Cielo.

Extraordinario punto del planeta es éste, donde confluyen la historia antigua, el surgimiento de religiones (el judaísmo y el cristianismo lo tienen por cuna) y una intrincada trama de intereses políticos y económicos para el dominio y control de la región, que dio origen a la conformación de un territorio paradójicamente sagrado y atacado una y otra vez a lo largo de los siglos.

¿Qué destino inexorable y arduo el del pueblo judío, los lleva a tener que disputar frente al mundo entero un territorio que es su tierra de origen desde hace por lo menos 4000 años?

Este texto no pretende hacer el recorrido histórico de una larga sucesión de invasiones, guerras, avances y retrocesos entre judíos, cristianos y musulmanes que inevitablemente han dejado huellas de dolor y de rencor en la memoria de sus protagonistas.

Hago alusión a la revisión cronológica porque a mí me ayuda hacer pie en esta línea del tiempo para comprender que el pueblo judío siempre debió defender su hogar y atravesar, por eso mismo, incontables desdichas.

Incluso, en ese mismo proceso de destierro milenario, pobló regiones distantes y allí también padeció persecuciones y prejuicios. De hecho, el término antisemitismo (a pesar de que su raíz común semita no alude exclusivamente a los judíos) surgió como forma de expresar ese desprecio.

Me apena este mundo nuestro que admite aún hoy en día conflictos tales como el reclamo de una organización como es Hamás, que se reconoce a sí misma de exterminio pues proclama entre sus objetivos la aniquilación de un pueblo.

Y en esto no hay razón suficiente que justifique tamaño propósito. Afirmar la conformación de un Estado político, reclamar un territorio, establecer circunstancias de vida para las personas, no puede basarse en la condición de que "el otro" desaparezca.

¿Acaso no aprendimos nada con la Segunda Guerra Mundial y los crímenes del nazismo o tantos otros conflictos posteriores que han dejado millones de muertos y de personas en condición de refugiados, de exiliados en la peor de las miserias?

Recordemos la Shoá, palabra que se creó para expresar lo inexpresable del dolor por el exterminio judío en manos de los nazis... recordemos el genocidio armenio en manos de los turcos...recordemos el genocidio de los tutsis en Ruanda...recordemos el genocidio "cultural" de los musulmanes uigures en China....recordemos el exterminio en Siria...es historia reciente, es historia que está aconteciendo.

¿O en el fondo de la cuestión preferimos creer que estas guerras son religiosas, étnicas, económicas, etc. y que entre ellos deben resolverla o -peor aún- poner en pie de igualdad a sus partes y como ahora, reclamar un cese al fuego que indefectiblemente requiere que a nivel mundial no se avalen ni se financien las acciones terroristas...?

No hay conflictos ni guerras sin aliados o socios. Por lo general, estas afinidades se mantienen en secreto o a medias visibles. Ningún país (al menos desde el discurso políticamente correcto o mirando hacia las afirmaciones de la ONU por ejemplo) asevera hoy en día la legitimidad de un conflicto armado. En el colectivo social mundial ya no es un proceso admisible la violencia, aunque vemos a diario que estalla aquí y allá a lo largo y ancho del planeta.

Desde donde puedo entenderlo, hoy, nuevamente Israel defiende su hogar, cobija a sus habitantes bajo una cúpula de hierro y soporta una vez más que se evalúe su accionar.

Nuestra sensibilidad humana debe orientarse a materializar un mundo posible para todos sus habitantes. Todos los niños son iguales, todos los ancianos, todas las familias. Todos sin excepción. Y nadie merece vivir a la intemperie de un misil ni que le destrocen su hogar o lo destierren. En esto no puede ni debe haber bandos políticos o religiones que nos enfrenten. Pero la primera distinción a mi entender es establecer si una acción es terrorista o no. Dilucidación necesaria que requiere nuestra especie humana que aún no aprende a vivir en paz.

¿Israel, corazón de león, qué tendrás que enseñar al mundo entero?

LA AUTORA. Isabel Bohorquez. Acerca de la autora, en su blog, haciendo clic aquí.

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