¿La farsa terminó?
"¿La farsa terminó? ¿El aplauso final de pié, por la gran puesta en escena, será en noviembre? O no. Tal vez el pueblo, harto, con el mayor de los hartazgos, diga basta", escribe Leonor Sinay, habitual lectora y colaboradora de Memo.
La farsa, montada tras la aplastante derrota del 12 S, fue puesta en escena.La Cruella de Vil argentina no busca hacerse un fabuloso y raro abrigo con pieles de pequeños dálmatas. No. Tal vez ya tiene uno. Ahora va por el poder total y para eso, puso punto final utilizando la sensibilidad argentina, teniéndolo durante toda una semana con la asfixiante angustia de la incertidumbre.
Oprimiendo la garganta día tras día de nuestros hombres y mujeres cada vez con más fuerza, sin decir una palabra, pero manejando desde su cueva los hilos de la marioneta, que iba desde la residencia presidencial de Olivos a Casa Rosada, con idas y vueltas, haciendo creer que se debatía por ese pueblo que lo había votado, en la representación perfecta del "Pobrecito Yo": "Ella es la maldita que quiere quitarme el poder"."Que luchando por él, se mantendría fuerte, defendiendo a sus ministros".
Ella sabe, ya pasó en otras oportunidades que el pueblo es sensible, apoya al más débil y que la farsa de la debilidad volcaría el resultado de las urnas en noviembre. No podía permitir que hubiera una derrota aplastante como la hubo en todo el país.
Ella, la nueva Cruella De Vil debería salir victoriosa. Y entonces habló, puso las cartas sobre la mesa, o mejor dicho el martillo sobre la cabeza de Alberto. No lo hizo con ampulosos movimientos de manos como acostumbra. No. Lo hizo por boca de otra psicópata: Fernanda Vallejos que con una verborragia bien aprendida de memoria, con palabras soeces y ofensivas al extremo, le dio el penúltimo golpe.
El otro, el último lo dio ella, fue dado por carta. Las palabras fueron las mismas de Vallejos, pero como las cosas que caen desde mayor altura golpearon más fuerte.
Hoy los nombres de su entorno, los que la pueden salvar de esa cárcel que tanto teme, están en el Gabinete. Y como es costumbre, el jefe de gabinete, para que su ausencia no moleste a Alberto y tenga que sacar lágrimas de cocodrilo: lo envía con el cargo de Canciller.
¿La farsa terminó? ¿El aplauso final de pié, por la gran puesta en escena, será en noviembre? O no. Tal vez el pueblo, harto, con el mayor de los hartazgos, diga basta.
Sepa el pueblo votar. Basta de farsa. Por nuestros niños, por nuestros hijos adultos, por nosotros, los que ahora por no decirnos viejos nos dicen "adultos mayores". En fin: por el pueblo todo, digamos basta.