Perspectivas

Un show circense de ficción económica: los planes "Dejar de trabajar"

Los anuncios del gobierno no van en la dirección de planes de oportunidades sustentables en el tiempo para que haya más trabajo genuino, sino que todas las ofertas van en el sentido de no trabajar, de recibir desde la casa aportes de un Estado que inventa plata.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

A contramano de la humanidad, que le ha ganado 20 años a la muerte y que revaloriza a los séniors, las personas de +55 años, que demuestran experiencia y empuje no solo para continuar trabajando, sino que tienen capacidades para emprender y corregir su pasado laboral con la base del camino recorrido, en la Argentina la oferta estatal, en todos los órdenes y como concepto político, ronda la idea de "dejar de trabajar".

Más allá de esas tendencias, de las que probablemente la Argentina encerrada sobre sí misma y con el ombligo como horizonte no se haya notificado, nadie está en contra de un "Estado protector", pero el abuso de la sobreprotección lo lleva a un destino incierto al no poder financiar las ocurrencias de los políticos de turno, que generan más y más planes y ofertas de esperar una ayuda desde la casa, en lugar de abrir oportunidades de generación de oportunidades de empleo legítimo, privado, de estímulo a las iniciativas para sostenerse activos por más tiempo y, de ese modo, además, conseguir que los billetes sean reales y no surgidos de la trucha costumbre argentina de imprimirlos para crear una realidad económica ficticia que, a la vez, resulta una nueva bomba de tiempo para todo el mundo.

Ahora se están lanzando nuevos planes "no trabajar", como la jubilación anticipada, que carecen de sustento financiero y que -como muchos otros que van anunciando día tras días en el frenetismo por revertir la contundente derrota electoral de las Primarias (PASO)- no tenían en carpeta y ni siquiera pensado ejecutar el día antes de que la gente les pusiera un freno en las urnas.

A qué edad jubilarse, de qué y cómo vivir: una discusión pendiente

Es insólito que alguien crea desde la gestión política del Estado que quienes se jubilan pasan a disfrutar de un retiro soñado: todo lo contrario. ¿Por qué alguien querría ser de un día para otro un número de la Anses y el PAMI? Realmente está convencido un sector de la política de que quien se jubila está mejor con su "libreta de racionamiento", a lo cubano, que significa esperar que alguien con poder quiera tirarte una dádiva y usarte en propagandas, en cuanto a asistencia social o recursos económicos líquidos para disfrutar la adultez mayor con alegría?

¿Por qué creer que las medidas que se están eructando desde el poder están planificadas si surgen a borbotones "del día después", en medio de la desesperación ante la posibilidad del desalojo del poder?

¿Por qué pensar que van a dar resultado, si a todas luces son parches, sino espejitos de colores que, así como aparecieron cual espejismo en la ruta hacia las elecciones generales de noviembre, pueden desaparecer al día siguiente, cuando la realidad les desmonte el show?

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El Gobierno no tiene cómo sostener más allá de la temporada electoral el espectáculo del que espera salir aplaudido de pie. Hoy, uno de cada tres billetes de $1000 pesos se imprimió en el último año. Ya son 1.184 millones de billetes de $1000 hay en circulación. De ese monto, 443 millones de billetes de $1000 se imprimieron en el último año. El año pasado fueron emitidos 2 billones de pesos y en lo que va de este se va a llegar al billón de pesos impresos por "la maquinita", una obra de ficción económica.

La "alegría" que se le pretende dar a la sociedad estará bien sustentada cuando surja de una estabilidad económica y política que no sea solamente para zafar de una elección y llegar a la otra, sino sostenida en el tiempo. Sería una gran felicidad estar tan aburridos como en Suiza, como lo graficó la ahora expulsada Sabrina Fréderic.

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Esta realidad de clowns y payasos sobreactuando se acabará de un momento a otro, y nuevamente, como con tantos gobiernos de tantos signos políticos diferentes que no supieron cómo gobernar y que sólamente apostaron a ganar elecciones, se nos dibujarán las lágrimas mientras el circo levanta su carpa y se va a otros rumbos.

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