¿Hombría o nueva masculinidad?

Escribe Emiliana Lilloy: Las nuevas masculinidades implican un contacto con la fragilidad desconocido para muchos varones que fueron llamados a ser el 'hombre de la casa' y a manifestar constantemente eso que identificamos como 'hombría', mandato que los privó del desarrollo de las habilidades blandas, esas que hoy consideramos tan importantes para potenciar nuestras vidas y gobernar nuestras sociedades".

Emiliana Lilloy

Caminar en horario laboral por los barrios céntricos de la provincia y cruzarte a más de un varón paseando un cochecito o de la mano con su hija de 5 años ya no es algo que nos impacte como hace 20 años. Sin embargo, no es algo que provoque indiferencia, sino más bien contento, ternura y satisfacción.

La escena no es siempre romántica como en una película con sonrisas y abrazos, sino que muchas veces se observan papas mirando sus teléfonos, caminando a paso lento y desganado y con la mirada perdida manifestando cansancio o agobio.

Y es que sabemos que la crianza no es siempre gratificante, demanda nuestra atención y tiempo, se vuelve rutinaria por momentos y es en efecto un trabajo, uno que no es remunerado.

Esta gran conquista del movimiento feminista -la de colonizar nuestros derechos para salir al mercado de trabajo productivo- a la vez que concientizar a nuestras sociedades sobre la importancia de que el cuidado de nuestros seres queridos sea llevado equitativamente entre mujeres y varones- lleva consigo la revolución cultural más grande de nuestro tiempo: las nuevas masculinidades.

Porque ya no se trata de equiparar los derechos de las mujeres a aquellos que se arrogaron los varones para sí mismos, sino de que esta circunstancia provoca un movimiento masivo de estos últimos hacia los espacios antes asignados a las mujeres. Espacios que requieren el desarrollo de la empatía, la ternura, la experimentación y sobre todo la gestión de las emociones para guiar y acompañar a otras personas en su crecimiento, tránsito por situaciones de salud o vejez.

Las nuevas masculinidades implican un contacto con la fragilidad desconocido para muchos varones que fueron llamados a ser el "hombre de la casa" y a manifestar constantemente eso que identificamos como "hombría", mandato que los privó del desarrollo de las habilidades blandas, esas que hoy consideramos tan importantes para potenciar nuestras vidas y gobernar nuestras sociedades.

Datos concretos como que el 75% de las víctimas de accidentes de tránsito a nivel mundial son varones, que los varones se suicidan en una proporción tres veces mayor que las mujeres y que alrededor del 95% de la población carcelaria mundial está constituida por varones, nos da un panorama de que los antiguos mandatos masculinos no benefician a nadie, generan situaciones agresivas y representan un peso exagerado para quienes deben cumplirlos.

Hoy se estudia el manejo y funcionamiento de las emociones humanas en las universidades más prestigiosas del mundo (cuestión que no hacíamos por considerarlo un aspecto femenino del mundo y por tanto subvaluado) y desde los organismos internacionales se promueven gobiernos que garanticen la inclusión social, el cuidado del planeta y el desarrollo de tecnología al servicio no sólo de los seres humanos, sino también de los animales y plantas. Todos valores vinculados al cuidado y la empatía y no ya a la fuerza, la competencia y la demostración constante de poder, que nos asimila más a los primates que al proyecto de nuestra especie: la paz y la felicidad.

Y si bien no son los varones los que han promovido este cambio social -lo cual no resulta extraño, siendo que la privación de derechos a las mujeres les trajo privilegios y beneficios que hicieron y hacen sopesar estas desventajas del sistema-lo cierto es que la misma consecuencia de la lucha feminista les traerá grandes beneficios a nuestros hijos e hijas, ya que vivirán en un mundo más equilibrado, en donde todas las personas, más allá de su sexo o género, accedan al desarrollo pleno de sus capacidades y por tanto, gobiernen nuestras sociedades con ese beneficio.

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