"... Y los ríos se secaron"

En el Día Nacional del Agua, una reflexión al rescoldo literario de Juan Draghi Lucero, por Matías Edgardo Pascualotto, autor de "Las políticas hídricas y el proceso constitucional de Mendoza".

Matías Pascualotto

"De pronto, y con una voz descompuesta por la alarma, gritó: -¡El río se está secando!

Todos, en tropel, se pusieron en marcha hasta las barracas del río, vital vena de agua que siempre dio riego a los más variados cultivos. Con ojos que se salían, veían y seguían mirando que sólo corría un desgranado hilito de agua en el cauce milenario; en el que antes se desbordaban arrolladoras correntadas, rendidas por las nieves cordilleranas".

Cuando el insigne literato e historiador de las cosas nuestras, Juan Draghi Lucero, dio a la luz el cuento que apropio en esta columna como título y móvil de reflexión, y cuyas líneas transcribo arriba, transmitía con aguda sabiduría un mundo de significancias.

En su relato de ficción, nuestro terruño es azotado por las condiciones climáticas, que, con el viento como particular protagonista, lo someten a una sequía extrema, acarreando hacia una existencial crisis a los personajes de la historia.

La evidencia de la árida condición regional, junto a la fragilidad y la vulnerabilidad del oasis artificialmente irrigado, toma especial relevancia. Resurge con ella el énfasis en esa otra cultura, la de Los Andes, la olvidada tras el tapete de la colonia europea, la relegada junto a su lógica milenaria de supervivencia ante la escasez hídrica.

En dicha tónica, y en el momento crítico del relato, el autor expresa:

"De la fauna silvestre, sin que lo explicaran los sabios, sobrevivían guanacos, llamas, alpacas, vicuñas...Y se vió que gentes y animales con sangre extranjera no pudieron resistir los nuevos tiempos. Resistían bien los mestizos por su raíz india, sobre todo los rústicos serranos, hechos a todos los rigores.

Juntamente con este vivir soportado se veía ¡patente! cómo cambiaban las costumbres. Renacían y se fortificaban las maneras de ser y proceder de antigua usanza...Todo se aplacaba sosegadamente, acomodándose al paso indio... ¡A lo que llegaba ese viento de rescoldos y la falta de agua! Correr llegó a ser una locura.- Despacio, despacio en todo- recomendaban los viejos..."

Esta ficción de Draghi Lucero, en clave de una temperada y exquisita reivindicación multicultural, acarrea, a la luz de una inquietante narrativa, toda una advertencia.

Una sutil alarma que advierte sobre la frágil construcción en la cual descansan estos cosmos vitales, estas ficciones culturales materializadas en las ciudades andinas, alzadas, como artificios, bajo la égida de la colonización europea en América. Invenciones levantadas sobre una realidad concreta y subyacente, la de un complejo medio geográfico.

En dicho sentido, que la región de Cuyo lleve la carga genética de la racionalización del agua como condición de vida, es una afirmación que parece baladí. El discurso del agua como fuente de existencia viene hartamente repetido desde los albores de conquista, y se encuentra en los rastros documentales de innúmeras expresiones.

Pero, no obstante lo trillado de la cuestión, bajo el tapete impuesto por la cotidianeidad artificial de los modelos de la ciudad bosque y la colonia agrícola, todo ello parece olvidarse. Naturalizado como algo irremisible, el vergel acapara las mentalidades como única posibilidad, como algo infalible e incapaz de abandonarnos. Todo lo cual nos lleva a dejar de lado, relegada a los rincones del olvido, la realidad subyacente de nuestro medio circundante, el Cuyum, la tierra de las arenas.

-Esto no es posible! - gritaban los personajes del cuento de Draghi, ante la avanzada de la sequía que azotaba los campos. Pero las carestías del medio afloraban, más allá de la negación.

Seamos conscientes. Que el bosque no nos impida ver el árbol, en este caso, el de la árida condición geográfica de nuestro territorio, y su altamente vulnerable situación de existencia. 

EL AUTOR. Matías Edgardo Pascualotto. Máster en Historia.


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