CFK/Corte: El Congreso no sesiona porque no quiere
Hay una mala interpretación generalizada por parte del periodismo que prefirió agitar la idea de una confrontación entre Cristina Kirchner y la Corte que a informar.
La vicepresidenta y titular del Senado de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, le pidió a la Corte Suprema de Justicia de la Nación que los habilite para poder sesionar en forma virtual. La expresidenta entendía -con sus asesores legales- que debían ser autorizados para hacerlo. Y sencillamente la Corte, por unanimidad, les respondió que si ellos tienen que habilitar al Senado como órgano de la República a sesionar, también esa facultad los habilitaría a en algún caso, prohibirle el funcionamiento, por lo que estarían invadiendo la jurisdicción de un poder fundamental y se rompería el equilibrio institucional.
Los medios han comunicado la decisión judicial como una derrota de Cristina Kirchner ya que, efectivamente, la Corte rechazó su pedido. Con eso sacan su tajada, pero no terminan de explicar la decisión.
Y es probable también que Cristina Kirchner, que no ha convocado a sesiones, se haya querido sacar de encima el "problema" de sesionar y habilitar el control legislativo de las decisiones del Presidente, dejando al Poder Ejecutivo decidiendo en soledad todo lo inherente al accionar del Estado durante la pandemia de covid-19, pidiéndole a la Corte que la autorice.
Probablemente sea verdad que subyacen inconvenientes de índole jurídico que no le permitan al Congreso actuar en forma virtual, pero tiene la alternativa de sesionar con distancia social ocupando la sala más grande de la Cámara de Diputados y conservando la distancia social. No sesionan, en definitiva, como días atrás lo dijimos sobre el Poder Judicial, porque no quieren, básicamente, porque podrían hacerlo en un teatro o espacio amplio, cambiar su propio reglamento a fin de habilitar las sesiones virtuales como las hace Mendoza (y así lo reconoce la Corte de la Nación en su fallo) y no volverse a ver la caras frente a frente mientras dure la emergencia sanitaria, si se quiere.
El poder se ejerce. Los huecos que unos dejan vacíos los llenan otros. Y quien tiene posibilidad de asumir la suma de las facultades lo hace, sin pensarlo como lo está haciendo la figura presidencial, gobernando vía decretos "de necesidad y urgencia" (DNU). Ni siquiera bajo Estado de Sitio -como bien lo cuenta Sergio Bruni en la columna publicada por Memo y que podés leer haciendo clic aquí- el Congreso dejó de funcionar.
En este punto queda claro de que la Corte no está impidiendo sesionar virtualmente, sino que le está advirtiendo a la presidenta del Senado que la suya, probablemente, resulte una maniobra dilatoria para no trabajar y resignar el rol constitucional que tiene el Poder Legislativo.
Por ello juega un rol central que la oposición se haga cargo del mandato que le dio la sociedad y lo haga funcionar con las autoridades de cámara que tiene. No es un derecho, es un deber.
Como lo contamos en algún momento con la Legislatura de Mendoza bajo asedio y sus legisladores privados de su libertad porque a un grupo no le había gustado una ley sancionada (que dicho sea de paso, terminó siendo derogada a pedido de la horda) señalamos que otrora, en parte del siglo XX, cada legislador recibía un arma para defender su banca, obtenida por la voluntad soberana de la ciudadanía y garantizada por la Constitución, como la defendió Juan Guaidó en Venezuela, al caminar por sobre los uniformados que le impedían entrar a la Asamblea Legislativa de su país y lograr sesionar.
Aquí lo máximo que se hace es un juego de cruce de chicanas con otros poderes, o la participación en paneles de talk show, quejosos, pero inertes.
El Congreso debe y puede funcionar. Si no funciona, ya sabemos por qué es así.