Un difuso analfabetismo ético: ¿cuál sociedad queremos?

El Prof.. José Jorge Chade y una reflexión necesaria.

José Jorge Chade
José Jorge Chade (Ex Docente de la Universidad de Bologna, Educador y escritor, autor de numerosos libros y publicaciones científicas nacionales y extranjeros y algunos poemas).

Para combatir eficazmente las mafias y todo aquello que las alimenta son necesarios instrumentos adecuados jurídicos, investigativos, económicos, educativos, sociales y culturales. Y es necesaria también la participación de todos: de la política, de las asociaciones, de las iglesias, de las administraciones, de la escuela, de la universidad, del sport, de los sindicatos, de la industria. Pero ningún cambio será posible si no empezamos por nosotros mismos.

Presente desde hace varios siglos, las mafias han encontrado oportunidades sin precedentes en la "sociedad del ego y del narcisismo" en su analfabetismo ético generalizado.

Sólo construyendo "una sociedad del nosotros", solo mejorando y purificando nuestras relaciones sociales, podremos esperar el poder dar vuelta la página.

La política no se hace sólo en los partidos: debemos contribuir al desarrollo global de la democracia, asumiendo cada uno su propia cuota de responsabilidad, control y estímulo, propuestas e implementación. Nuestra participación debe ser real y "no sólo declamada"

Primo Levi nos enseñó que la injusticia tiene dos caras. La primera es la ausencia de derechos. Cuando faltan, la sociedad tiende a dividirse en dos. De un lado los que suben y del otro los que bajan. Por un lado "los sumergidos" y por el otro "los salvados", en un juego donde el destino de las personas ya no está protegido por la pertenencia a la comunidad sino que lo deciden factores independientes e individuales: te salvas si tienes los medios para hacerlo o si tienes la protección necesaria para salvarte.

La crisis económica por la que atraviesa nuestro país no puede sólo afrontarse con remedios económicos, porque se trata sobre todo de una crisis ética y cultural. Una crisis de justicia social y tal vez de una política que ha traicionado su función de servicio a la comunidad.

Por ello, a esto no podemos responder con la fuga de responsabilidades, sino al contrario asumiendo mayores responsabilidades, no debemos ignorar que un buen gobierno depende también de los ciudadanos, del modo en el cual todos contribuimos a la gestión y crecimiento del bien común. Para el correcto desarrollo de la vida social es imprescindible que la comunidad la reivindique; Sin embargo, con demasiada frecuencia ha delegado un compromiso que debería pertenecer a todos.

No todo lo encontramos en nuestro raciocinio, en lo que pensamos, sino en nuestro compromiso . Todos, sin excepción, debemos convertirnos en profesionales éticos, es decir, poner nuestras mejores capacidades, conocimientos y habilidades al servicio de una renovación ética, cultural y social de los contextos en los que vivimos, tanto en la vida privada, laboral como pública. .

La palabra "profesión" deriva del verbo "profesar", que en latín significa "confesar públicamente" (una afiliación religiosa, una opinión, ...), y por lo tanto también "enseñar". Asumir la ética como profesión significa demostrarla públicamente, hacerla visible en todos nuestros comportamientos, enseñarla, educarnos unos a otros.