Una mirada

Reunión de amigos

La mirada siempre atenta y perspicaz, pero además, acompañada del relato preciso y entretenido del Dr. Eduardo Da Viá.

Eduardo Da Viá

Etimológicamente, reunión significa simplemente volver a unir, muy fácil de entender; sin embargo, esta sencilla definición lleva implícito un concepto clave, y es que para volver a unirse, ha menester que esas dos o más personas que supieron previamente profesarse amistad, por la o las razones que sean, se han distanciado o separado.

Los avatares de la vida hacen que con cierta frecuencia en la historia personal de cada uno, se dé este alejamiento de aquel que fuera nuestro compañero y confidente.

La distancia geográfica es una de las causas más frecuentes, y aun cuando actualmente las distancias se dice que no existen, eso es válido para la comunicación pero no para nutrir una mistad, que cuando lo es sincera y profunda, al menos periódicamente requiere del contacto físico, vale decir de la presencialidad, mediada por el apretón de manos, el abrazo, el beso y hasta las lágrimas de felicidad.

Cualquiera de nosotros con muchos años vividos ha tenido con seguridad la triste experiencia del distanciamiento, sin con ello significar disgusto previo o cambios de pareceres que oportunamente dieron origen a esa relación o al menos contribuyeron significativamente, sino que los imprevistos, como dije antes el distanciamiento geográfico, o el cambio por uno de los componentes del dúo o del grupo del lugar de trabajo, que fue precisamente lo que dio lugar al nacimiento de la relación, hacen que el contacto cotidiano se pierda, pero es cuando acudimos a la magia de nuestro tan vernáculo "cafecito" después del trabajo; o, con menor frecuencia el "asadito", con el mismo fin pero con mayor número de concurrentes.

Ambas situaciones permiten dar rienda suelta a la oralidad, pero mirándonos a los ojos y permitiendo que las respectivas auras se vuelvan a vincular.

El primero de los eventos, el "cafecito", suele ser mucho más frecuente que el segundo por cuanto depende de la voluntad de sólo dos personas, aunque admite muchas más por cierto, en tanto que el segundo requiere de una logística previa más complicada y también, por qué no decirlo, de un mayor desembolso al que no todos están en condiciones de acceder.

Y hay aquí una consecuencia no siempre advertida, cuando la reunión es café de por medio, suele ser relativamente frecuente por la accesibilidad y la ubicuidad de los lugares para reunirse, lo que hace que no advirtamos los cambio físicos que inevitablemente van acaeciendo en cada uno de los contertulios, de donde surge la tan simpática expresión "Estás Igualito"; claro, nunca nos detenemos a contarle las piezas dentaria s nuestro amigo, las dioptrías de sus anteojos o la circunferencia a nivel cintura.

Muchas veces esa linda expresión es más de deseo que una realidad claramente reconocible.

En cambio, en el caso del asadito, que si bien no siempre es el menú elegido, implica claramente reunión ampliada, y de mayor duración.

Aquí es cuando sobrevienen las sorpresas, desde el "estás igualito" porque lo está, hasta el triste "discúlpame hermano no te ubico", porque es tal el cambio físico acaecido en tan sólo un año, que dudamos de la identidad del antiguo amigo.

Un año de tiempo, cuando la colección es grande, puede producir cambios, por lo general desagradables y hasta tristes como nos ocurre a los octogenarios, como el amigo que el año pasado concurrió por sus propios medios y hoy necesitó de la ayuda de uno de los miembros del grupo, porque ya no maneja, tiene temor a la violencia instituida que puede hacer presa fácil del indefenso geronte o no puede beber alcohol por que toma antidepresivos.

Sin embargo esas minusvalías, por una parte nos sirven de advertencia, dado que tarde o temprano padeceremos de algunas de ellas, pero además, al menos yo lo siento así, se fortifica el afecto que siempre nos unió, no por lástima sino por cariño.

Incluso cuando algunos integrantes del grupo no han sido en realidad verdaderos amigos, sino más bien colegas o antiguos camaradas, suele uno percibir el nacimiento de un verdadero lazo de mistad, nuevo, a estrenar, como si dos cables sueltos se unieran para establecer una conexión que no teníamos.

Cuántas veces, precisamente con nuestro nuevo amigo, terminada la reunión, sigue la charla en la vereda o en la casa de uno de los dos; sorprendidos ambos de las coincidencias que no supimos descubrir muchos años atrás.

Es una puesta al día inesperada y sumamente agradable: el nacimiento de una nueva amistad.

¡Qué hermoso es eso ganar un amigo a la edad en que cada poco tiempo perdemos los anteriores! los de toda la vida; es una bocanada de aire fresco que nos brinda la vida y el firme propósito de vernos pronto para el famoso cafecito, y por cierto con la sincera promesa de estar el año próximo en la reunión grande lo que implica una especie de compromiso con la vida venidera.

Reunión de grupo es como adentrarse en un bosque de árboles altos, donde los troncos permanecen separados y con su propia identidad, pero los follajes se entrecruzan allá en la altura y cada hoja es un recuerdo compartido, cada rama un camino que cada uno tomó para por él deslizar la vida, a uno la rama elegida lo llevó al exterior donde ni sabíamos que vivió, otra lo sumergió en nuestra lejana Patagonia donde aprendió a convivir con el viento y el frío, otra, la menos frecuente lo llevó a trabajar a pocas cuadras de donde yo lo hice durante años, pero la casualidad quiso que nunca nos topáramos.

Incluso en el cuchicheo del follaje nos enteramos de divorcios, rencuentros, triunfos y fracasos, de trascendencias internacionales que ni sospechábamos, de los que cambiaron, defeccionaron, o adhirieron a una creencia religiosa, o a una propuesta política diferente.

Esas noticias desconocidas son creadoras de lazos inexistentes, o del fortalecimiento de los pre existentes, pero débiles y poco significativos.

Lamentablemente hay hojas que se secan y caen para confundirse con la tierra, de donde en realidad surgieron pero es la ley de la vida y como tal debemos estar preparados tanto para disfrutar como para caer.

En el caso de los médicos como lo soy, recibir por parte de un colega más joven un sentido abrazo seguido de esas palabras que son música para el alma: "Gracias por todo lo que me enseñaste Maestro", pero ahora dichas con tuteo y no el clásico aunque austero usted, porque la vida nos emparejó jerárquicamente y ahora somos el Cacho Pérez y el Pelado Armendáriz, antiguamente profesor y alumno o discípulo joven, hoy en cambio agradecidos camaradas que la vida nos regala un momento que nos nivela y nos colma de placer, porque si realmente fuimos maestros es porque tuvimos el privilegio de tener alumnos, y esos alumnos hoy realizan lo que les enseñamos con igual o mayor idoneidad.

Por todo eso es que solo me resta decirles:

GRACIAS AMIGOS

EDUARDO ATILIO DA VIÁ

DICIEMBRE DE 2025

PD: A propósito de una reciente reunión de camaradería entre médicos del Hospital Central.

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