Análisis

¿Nuestros deseos de 'feliz año nuevo' son verdaderos, superficiales o falsos?

En la antesala de un nuevo año, José Jorge Chade invita a detenernos y preguntarnos por el sentido real de los deseos de "feliz año": entre la prisa, la tecnología, el materialismo y la superficialidad, propone recuperar la reflexión, la alegría auténtica y el tiempo necesario para que esos saludos no sean un gesto vacío, sino un verdadero encuentro con nosotros mismos y con los demás.

José Jorge Chade
José Jorge Chade (Ex Docente de la Universidad de Bologna, Educador y escritor, autor de numerosos libros y publicaciones científicas nacionales y extranjeros y algunos poemas).

Se acerca el nuevo año y se hace necesario en nuestros días que lo expresemos con deseos de alegría, salud, amor y esperanza, animándonos a mirar hacia adelante con entusiasmo, perseguir nuestros sueños y sonreír incondicionalmente. Es tiempo de un nuevo comienzo, con frases que celebran la vida, la alegría y la fuerza interior para afrontar el futuro.

Estamos cada vez más pegados a nuestros dispositivos tecnológicos; son tan adictivos porque son tan accesibles. Como adultos, se necesita fuerza de voluntad para controlar nuestro uso, pero ¿qué pasa con los niños que tienen los últimos smartphones a los 7 años?

Las redes sociales nos obligan a pasar al siguiente tema lo más rápido posible. Estamos perdiendo la capacidad de concentración. No soportamos las cosas "aburridas". No tenemos conversaciones profundas con la gente. Todo es bastante superficial y la gente juzga rápidamente.

Estamos perdiendo la capacidad de tomar decisiones de forma independiente. Por supuesto! Si el Chatgpt lo hace por nosotros!

La definición de felicidad que se nos impone es ganar tanto dinero como sea posible. Esto se debe a que mejora nuestras vidas (una casa más grande, un coche mejor, vacaciones). Por ejemplo, si tienes 10.000.000 ahorrados, sería mejor usarlos para unas vacaciones de lujo en lugar de donarlos a organizaciones benéficas para los más desfavorecidos. No digo que el dinero no sea importante y que no debamos satisfacer nuestras necesidades, pero ¿dónde está el límite? ¿Existe ese límite?

Aunque algunas enseñanzas espirituales recomiendan el altruismo como un valor, eso no es lo que enseña la sociedad en general.

Estamos tan ocupados intentando sobrevivir que no tenemos tiempo para reflexionar.

Aquí a continuación les escribo una colección de saludos y frases de Año Nuevo para contagiar alegría y no tengamos miedo ni vergüenza a escribirlas o decirlas a quienes queremos

"Que este año te dé la oportunidad de perseguir tus sueños, amar como si no hubiera un mañana y sonreír incondicionalmente".

"Te deseo un futuro de infinitas alegrías e innumerables sorpresas".

"Un nuevo año es un nuevo punto de partida. Te deseo la fuerza para superar cualquier dificultad".

"Espero que este nuevo año esté lleno de entusiasmo y logros concretos".

"¡Feliz Año Nuevo! Que el 2026 sea brillante y lleno de buena energía".

"Te deseo tiempo para divertirte y reír; si lo aprovechas bien, puedes sacar algo de él".

"Te deseo tiempo para recuperar la esperanza y amar".

Este tipo de mensajes enfatizan la importancia de afrontar el nuevo año con positividad, optimismo y amabilidad, contagiando felicidad a quienes nos rodean, abandonando la representación social, que a veces opaca nuestra verdadera personalidad.

La felicidad es una emoción profunda y contagiosa que expresa un intenso bienestar físico y mental, manifestándose a través de la vivacidad y la alegría. No es meramente superficial, sino una fuente de resiliencia para afrontar los desafíos, capaz de unir a las personas y transformar la rutina en una experiencia positiva.

La felicidad representa una experiencia emocional compleja, caracterizada por una profunda sensación de bienestar, alegría y placer intrínseco. La neurociencia la identifica como una emoción primaria estrechamente conectada con los circuitos de recompensa y placer, con una fuerte modulación de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y los opioides endógenos. Psicológicamente, la felicidad se caracteriza por una experiencia subjetiva de alegría, apertura y conexión, que fomenta mecanismos de resiliencia, creatividad e integración social. Representa un indicador fundamental del bienestar psicológico, capaz de mejorar la capacidad de adaptación, la motivación y el procesamiento cognitivo positivo de los estímulos ambientales.

Podemos sentir alegría pero es también esencial manifestarla a través del cuerpo, las expresiones faciales, el tono de voz y una postura activa, casi elástica.

Estar alegre y transmitir alegría representa una vibración positiva capaz de digerir la oscuridad, transformando pensamientos y preocupaciones en momentos de serenidad.

La alegría no es pasiva, sino un "movimiento" que nos impulsa a aceptar cosas nuevas, a socializar y a movernos, actuando como un escudo contra el estrés.

Recuerdo al famoso escritor y poeta italiano Ungaretti que dice: "L'Allegria" adquiere un profundo significado de fraternidad y el descubrimiento de la vida en el dolor, simbolizando la fragilidad humana.

La felicidad representa la experiencia más inmediata e intensa, mientras que el entusiasmo es una forma proactiva de crear nuevas oportunidades. La gratitud implica un profundo reconocimiento de los beneficios recibidos, la serenidad un estado de equilibrio interior y el optimismo una visión confiada del futuro. Estas emociones interactúan sinérgicamente, potenciando mutuamente la capacidad de resiliencia y adaptación.

Existen también distintas micro expresiones faciales asociadas con la felicidad

Estos micro movimientos son involuntarios y revelan la autenticidad de la emoción, diferenciándose de las sonrisas puramente sociales o estratégicas. La investigación en psicología de las emociones destaca cómo estas micro expresiones son universales, trascendiendo las diferencias culturales y lingüísticas, conformando un lenguaje no verbal inmediato y profundamente compartido(por ejemplo la risa y la sonrisa y por qué no también las patas de gallo gracias a la disposición a sonreír siempre).

A veces nos olvidamos o ignoramos, también nos limitamos a estas manifestaciones de las emociones, seguramente por condicionamientos sociales sobre impuestos.

El materialismo está tan extendido porque posee poder en la sociedad. Me vino a la mente un dicho: «Las mejores cosas de la vida no tienen presupuesto publicitario». Esto significa que todas las cosas buenas que podemos llegar a sentir no se anuncian públicamente porque no generan ingresos. Lo que genera ingresos es el materialismo, y esos ingresos se invierten en publicidad con la esperanza de generar más ingresos, fortaleciendo aún más el materialismo. Y caemos en la trampa.

Supongo que todo este tema de la alegría, la disponibilidad, el acercamiento, la fragilidad no se pueda responder sin antes tener una definición clara de humanidad. Pero los humanos siempre hemos sido nuestra tribu/grupo contra todos los demás. La tecnología moderna simplemente ha cambiado la estructura de nuestros grupos, de geográficos a globales en línea. Este pequeño detalle en sí mismo podría considerarse como "perder nuestra humanidad". Estamos cruzando la línea donde tu mejor amigo ni siquiera es alguien a quien hayas estrechado la mano. Esto cambiará la sociedad a nivel mundial. Pero, recordemos, que lo que funciona en la vida real no funciona en línea.

Tratemos de disminuir un poco nuestras marchas, bajar un cambio, la lentitud no es solo una invocación filosófica ni una contemplación. Saber encontrar el momento oportuno es una necesidad práctica. Pero no podemos tener éxito si no tenemos tiempo para pensar. La inteligencia no es, por naturaleza, más rápida ni más lenta que la estupidez (y viceversa). La diferencia no radica en el momento oportuno, sino en la forma de actuar o abordar un problema.

La rapidez, el querer hacer todo de prisa, cuando no está motivada por una necesidad específica, casi siempre es una tontería. Porque a menudo conduce a errores. Pero también porque arruina nuestras vidas al someternos a un estado de ansiedad constante, en una búsqueda perpetua y ansiosa de la nada que se ha convertido en un hábito.

Parece que vivimos en un mundo como el descrito por la ambigua pieza de ajedrez de la reina en Alicia de Lewis Carroll, donde debemos correr cada vez más rápido para permanecer en el mismo lugar. Nos obsesiona la idea de que todo debe moverse siempre a un ritmo acelerado, como en "caída libre" a punto de caer quién sabe dónde, y que si no seguimos corriendo (a menudo sin tener ni idea de adónde vamos), corremos el riesgo de quedarnos atrás.

Olvidamos con demasiada facilidad que "ir más atrás", mucho más a menudo de lo que creen quienes tienen prisa, puede ser una posición de ventaja. Nos permite ver dónde se estrellarán quienes se precipitan ciegamente. O dar intencionalmente un "paso atrás", ampliar nuestra perspectiva y así entender mejor el camino en el que estamos.

Perder el tiempo no es útil ni divertido. Pero encontrar el tiempo es uno de los fundamentos de la inteligencia. No solo mejora los resultados, sino que también nos hace sentir mejor. La prisa, el estar siempre apurado suele ser consecuencia, pero también causa, de confusión mental y angustia.

Por lo tanto pensémoslo bien cuando estemos por desear y desearnos Feliz Año Nuevo 2026, que no sea un mero hecho social necesario, sino que sea auténtico, real que nos indique un cambio, un encuentro, un abrazo verdadero con nosotros mismos y por ende con los demás,

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