Economía

Caputo evalúa un repo para cubrir vencimientos en dólares: ventajas, riesgos y el trasfondo con EE.UU. y el FMI

El Gobierno analiza un préstamo con bancos internacionales para afrontar pagos de enero por USD 4.200 millones. Analistas advierten por las garantías exigidas, el impacto sobre el balance del BCRA y las señales que enviaría sobre el swap con Estados Unidos.

El Ministerio de Economía enfrenta una semana clave: el viernes 9 de enero vencen compromisos por USD 4.200 millones con bonistas y aún resta asegurar una porción relevante de esos fondos. En ese contexto, volvió a ganar fuerza la posibilidad de cerrar un préstamo tipo repo con bancos internacionales, una herramienta que permitiría conseguir dólares de corto plazo sin recurrir al mercado cambiario ni profundizar el uso de reservas.

En los últimos días circuló la versión de una operación inicial por USD 2.000 millones, aunque el monto total podría escalar hasta USD 7.000 millones. Desde el Palacio de Hacienda relativizaron los rumores y señalaron que este tipo de intercambios financieros son habituales para administrar carteras o ganar flexibilidad operativa. Sin embargo, el desmentido parcial no hizo más que alimentar las especulaciones.

Para los analistas, el principal atractivo del repo es que evita salir a comprar divisas -con el consiguiente riesgo de presión sobre el tipo de cambio- y preserva un stock de reservas que sigue siendo acotado. El reverso de esa ventaja está en las garantías: los bancos suelen exigir bonos, y no siempre por un valor equivalente al monto prestado.

"Para obtener USD 2.000 millones probablemente haya que dejar títulos por encima de ese valor. Y si esos bonos bajan de precio, el prestatario debe reforzar las garantías, lo que implica sumar más deuda o incluso poner efectivo", explicó, en reserva, un economista con llegada al mercado.

El antecedente más cercano señala a los Bopreal como posibles activos a entregar en garantía. Se trata de títulos con menor riesgo relativo, ya que son pagados por el BCRA con reservas y no registran defaults. Aun así, especialistas advierten que comprometer bonos "ensucia" el balance del Central, que el propio Gobierno se propuso ordenar. "Nada es gratis: el objetivo es conseguir financiamiento, aunque tenga costos", sintetizó un exfuncionario de Economía.

Otra lectura apunta a que el repo sería apenas un "puente" para cumplir pagos inmediatos. Con liquidez disponible, el Estado podría usar reservas, pero eso aceleraría la caída de las netas. En cambio, un préstamo de muy corto plazo compra tiempo, aunque deja abiertas las preguntas sobre cómo se afrontarán los vencimientos del resto de 2026.

La letra chica de un eventual acuerdo con bancos internacionales no se conocería, ya que son contratos entre privados. Quienes pasaron por la función pública recuerdan que, si los bonos dados en garantía se desploman, la exigencia de reforzar colaterales puede volver inviable la operación. "Cuando eso pasa, casi que estás devolviendo el préstamo. A Macri le ocurrió en 2019", recordó un exfuncionario de la gestión anterior.

En ese marco, algunos interpretan que recurrir a un repo también expone el estado del vínculo financiero con Estados Unidos. "Si el swap estuviera tan aceitado, se activarían esos dólares y listo", deslizó otra fuente, que remarcó que estas herramientas se usan cuando no quedan demasiadas alternativas.

La discusión se enlaza con lo que viene con el Fondo Monetario Internacional. El silencio oficial de las últimas semanas es leído por algunos como parte de una estrategia de negociación de cara a la próxima revisión del acuerdo, prevista para febrero. Desde el 1° de enero de 2026 rige una nueva fase del programa, con bandas cambiarias que se ajustan por inflación y mayor margen para que el BCRA compre reservas según la demanda de dinero.

El punto central, coinciden exfuncionarios, será la meta de acumulación de reservas -ya renegociada- y, sobre todo, el esquema para cubrir las necesidades financieras del año. Tras el pago de enero, los compromisos de 2026 rondarán los USD 16.000 millones, entre intereses y amortizaciones. "La estrategia de financiamiento no puede separarse de la discusión con el FMI sobre el régimen cambiario y monetario. Con las bandas más flexibles, los números quedan más ajustados", advirtieron.

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