Entrevista

Un argentino en Groenlandia: vida bajo el hielo, recursos en disputa y temor ante la avanzada de Trump

Facundo Triay vive en Nuuk desde hace dos años. Trabaja en la industria pesquera, describe el impacto del cambio climático, la cultura inuit y revela cómo se vive en la calle la posibilidad de que Estados Unidos avance sobre la isla. "La gente tiene miedo y siente que vienen solo por los recursos", advierte.

Tenés que saberlo
Santiago Montiveros, Ana Martínez, Ariel Fernández, Julián Chabert y Rodrigo Galdeano y sus personajes. En 92.1 de Radio Post

Groenlandia, la isla más grande del mundo y territorio autónomo bajo soberanía danesa, volvió a quedar en el centro del tablero geopolítico tras las declaraciones de Donald Trump, quien insiste en que Estados Unidos debería avanzar sobre su control. Desde la capital, Nuuk, un argentino que vive allí desde hace dos años aporta una mirada desde adentro: cómo es la vida cotidiana en el Ártico, qué piensan los groenlandeses y por qué el temor crece.

Facundo Triay llegó a Groenlandia el 18 de enero de 2024. "Se cumplen dos años que estoy trabajando en una empresa pesquera", contó en una entrevista en Radio Post. Antes vivía en Santa Cruz, donde realizaba tareas de control de calidad en buques y plantas en tierra. Ese perfil técnico fue el que lo llevó al extremo norte del planeta. "Buscaban gente con ese perfil y por medio de un contacto me dijeron: ‘Está esta posibilidad, ¿querés ir?'", recordó.

Hoy vive en Nuuk, una ciudad de apenas 20 mil habitantes, dentro de una isla que ronda los 50 mil en total. Allí, el invierno impone sus propias reglas. "Ahora tenemos sol más o menos de 11:30 a 3:30. Es un sol que apenas asoma, sube un poco en el horizonte y baja enseguida", describió. En los días nublados o laborales, directamente no lo ve. "Aprovecho esas horas para pararme frente a la ventana y tomar un poco de vitamina D", dijo.

Frío extremo y vida bajo techo

El clima es uno de los mayores desafíos. "Yo vivía en la Patagonia y sabía lo que era el frío, pero no sabía lo que era estar a -20 o -30 grados esperando el colectivo", relató. Las ciudades están completamente adaptadas: "Pasan niveladoras cada media hora, tiran sal y piedras para que la gente no se caiga. Los locales son todos muy calentitos y la vida social es casi toda indoor".

El deporte y el ocio también se desarrollan puertas adentro. "Hay gimnasios, fútbol, muchas actividades, pero todo cerrado", explicó. En la capital ya no se ven trineos con perros, aunque sí persisten en pueblos más pequeños del interior, donde tampoco hay carreteras que los conecten entre sí.

Cultura inuit y una sociedad reservada

Facundo describió a los groenlandeses como personas "frías" en el trato inicial, aunque aclaró que no se trata de discriminación. "Los mayores de 50 años solo hablan inuit, no hablan danés ni inglés. Están muy arraigados a su cultura, a la comida, a los festejos, a sus raíces", señaló. Con los jóvenes, en cambio, la integración es más sencilla: "Hablan inglés y están mucho más conectados con el mundo".

Esa cultura también se refleja en la relación con el trabajo. "No se toman el trabajo muy en serio. Capaz trabajan tres o cuatro días a la semana como mucho", contó. Según explicó, prefieren una vida tranquila, ligada a la pesca y al entorno natural, lo que genera una fuerte demanda de mano de obra extranjera. "Hay muchísimo trabajo porque a los groenlandeses no les gusta trabajar tanto", dijo, aunque aclaró que no se puede llegar a probar suerte: "Te tiene que traer la empresa".

Comer ballena y vivir del mar

La pesca es uno de los pilares económicos y también culturales. "Acá se come ballena, foca, todo lo que comían sus ancestros", explicó. Para un argentino proveniente de la Patagonia, el impacto fue inevitable. "Me impactó llegar a un país donde la ballena se come, pero la probé. No tiene sabor a nada, es neutra", contó. La foca, en cambio, fue demasiado: "Tiene mucho sabor, es fuerte, oscura".

La vida es cara, aunque los salarios lo compensan. "El alquiler más barato está alrededor de 1.000 dólares. La comida es cara, pero los sueldos son altos", detalló. Un dato llamativo: "La tecnología es muy, pero muy barata".

Cambio climático a la vista

El calentamiento global ya no es una proyección futura. "Este invierno se notó muchísimo. Antes teníamos -20 o -30 grados. Ahora hubo días de 10 grados positivos", alertó. La nieve también llegó tarde: "Generalmente arranca en octubre, pero este año empezó a mediados de diciembre. Dos meses más tarde". Para Triay, el cambio es evidente: "Se nota mucho que es más caluroso".

Trump, recursos y miedo en la calle

El avance discursivo de Donald Trump sobre Groenlandia no pasa desapercibido. "Se habla mucho y no cayó para nada bien", afirmó. Según contó, la capital es pequeña y el clima social se percibe rápidamente. "La mayoría de las personas me dijo: ‘Estoy con un poco de miedo'. No se sabe qué puede hacer Trump".

Facundo explicó que los groenlandeses no quieren ni ser vendidos a Estados Unidos ni seguir dependiendo de Dinamarca. "Quieren ser independientes. Hace 15 años que están tratando de independizarse", dijo. La idea de una compra por parte de Washington es vista como un retroceso. "Dicen que sería volver atrás".

La presencia estadounidense ya es un hecho. "Trabajo al lado del Comando Ártico. Veo gente con la bandera de Estados Unidos, hay radares para detectar misiles. Ellos ya están acá desde hace 50 años", relató. Por eso, la sospecha es clara: "El groenlandés ve que vienen por los recursos, no por seguridad. Van por el petróleo, los minerales raros y todo lo que hay debajo del hielo".

Una herida abierta con Dinamarca

El rechazo a Dinamarca también tiene raíces profundas. "Están cansados desde que los colonizaron hace siglos", explicó. Pero el conflicto se agravó en las últimas décadas. "Durante años, doctores daneses obligaron a mujeres groenlandesas a tomar anticonceptivos para que no tengan hijos", denunció. Esa política dejó una generación sin descendencia. "Hace un mes recién salieron a disculparse", contó.

Entre el hielo que se derrite, los recursos que despiertan ambiciones globales y una identidad que busca afirmarse, Groenlandia atraviesa un momento clave. Desde Nuuk, Facundo Triay observa y vive esa tensión todos los días, mientras aprovecha, cuando puede, "las pocas horas de sol" en uno de los rincones más estratégicos -y frágiles- del planeta.

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