Arte

El Circo Rodas llegó a Guaymallén

El espectáculo, que debutó el jueves 8 de enero, estará en Mendoza únicamente por 20 días. Las funciones se realizan todos los días a las 21.30 y los fines de semana se suma el horario de las 19.

Laura Romboli

Una carpa imponente y fabulosamente iluminada reluce en el Acceso Sur y calle Lamadrid del departamento de Guaymallén. Es hasta allí donde llegan familias enteras para vivir la magia que el Circo Rodas tiene preparada.

Para quienes son adeptos al mundo del circo, ingresar a una carpa, ubicarse en la platea y esperar a que el escenario se ilumine no es un momento cualquiera. Hay algo de ritual en esa espera. Vivir la experiencia de ver a artistas de vida ambulante despierta curiosidad y mantiene la atención durante las casi dos horas que dura el espectáculo. El objetivo se cumple sobradamente y entonces se la pasa bien.

Aunque muchas veces se piense que el circo está especialmente diseñado para el público infantil, lo cierto es que grandes y chicos disfrutan por igual de lo que sucede bajo la carpa. Por momentos, los adultos se sorprenden sonriendo como niños, mientras sostienen en brazos a los más pequeños, esos que suelen ser los responsables de la visita, aunque improvisen siestas breves que se interrumpen con las carcajadas provocadas por los auténticos payasos del circo.

Con una explosión de color y un sonido potente, los artistas comienzan a desfilar y a dar vida a cada cuadro. En cada número se perciben las horas de práctica, el esfuerzo sostenido y el trabajo colectivo. Dos payasos -que pronto se revelan como los protagonistas indiscutidos- conducen el espectáculo a través del humor. Son ellos quienes enlazan los distintos momentos, logran arrancar risas a los adultos y capturan la atención de los más chicos con una complicidad mágica.

Es que no es tarea sencilla mantener vivo el espíritu del circo tradicional, con sus atracciones, su música y su mística particular. Sin embargo, la trayectoria y el profesionalismo del Circo Rodas hacen que el desafío se supere ampliamente. El espectáculo demuestra que un circo puede aggiornarse, modernizarse y avanzar con los tiempos actuales sin perder su esencia. El resultado es un público que sale satisfecho y convencido de que asistir a la función fue una excelente elección.

Con guiños a la tecnología, la ilusión permanente de la magia y las destrezas de los artistas, el show va preparando el terreno para el gran final. Entonces llegan las clásicas esferas de hierro y el rugido de las motos que aceleran en las alturas. Mirar a los conductores realizar piruetas imposibles mantiene al público atento y los ojos bien abiertos.

El cierre llega con un aplauso largo y cerrado, de esos que se sostienen en el tiempo. Es el reconocimiento a cada artista y a esa comunidad itinerante que recorre pueblos y ciudades, iluminando el cielo como un faro inconfundible.

En la puerta de ingreso, una frase funciona como saludo de bienvenida: "Mientras exista un niño, el circo jamás morirá". Y alcanza con mirar alrededor para confirmar que los más chicos van de la mano de ese niño interior, ese que sigue más vivo que nunca, como certificación de que siempre habrá un público fiel para un circo dispuesto a entretener.

Para conocer más sobre el Circo Rodas, se puede ingresar a circorodas.com.ar

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