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Argentina en el mapa global del consumo de cocaína: ¿un patrón regional o una señal de alerta?

Un análisis crítico de los datos mundiales sobre consumo de cocaína sitúa a Argentina entre los países con niveles elevados incluso frente a potencias económicas. El fenómeno, vinculado a la dinámica global de producción, tráfico y demanda, tiene implicancias sanitarias y sociales que trascienden las fronteras sudamericanas. El trabajo publicado por el portal El Orden Mundial.

Una reciente representación cartográfica mundial del consumo de cocaína -basada en cifras de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y recopilada por el portal El Orden Mundial- permite observar con claridad cómo se distribuye este fenómeno a escala global. Aunque las mayores tasas de consumo se concentran en países desarrollados, Argentina aparece en una posición destacada dentro del contexto regional sudamericano, con cifras que merecen una lectura atenta y multifacética.

Los datos más recientes disponibles -como los compilados por World Population Review- muestran que Argentina registra una tasa de consumo de cocaína de alrededor de 277,68 casos por cada 100.000 habitantes, cifra que la coloca por encima de países como Canadá y Australia y como una de las más elevadas fuera de los principales mercados europeos y norteamericanos.

Estas cifras pueden parecer abstractas si se miran de manera aislada, pero reflejan patrones que tienen sentido cuando se observan junto con la dinámica global del tráfico y la demanda. El consumo de cocaína, señala el análisis de El Orden Mundial, se concentra en economías con mayor poder adquisitivo, donde existe un mercado lucrativo para los estupefacientes producidos en Sudamérica.

Esta estructura explica por qué regiones como Europa occidental, Estados Unidos y Australia aparecen recurrentemente entre los países con mayor prevalencia de consumo anual-Australia lidera según algunos reportes con más de un 4 % de su población adulta consumiendo cocaína en el último año-, y por qué Argentina, pese a no ser un coloso económico, supera a varias economías desarrolladas en indicadores relativos de uso.

Parte de esta dinámica está relacionada con la proximidad geográfica y logística a los centros productores. La cocaína se produce mayoritariamente en Colombia, Perú y Bolivia, desde donde se distribuye hacia mercados de alto poder adquisitivo. Aunque Argentina no es un centro significativo de producción, su ubicación dentro del continente sudamericano influye en la circulación de rutas y en la disponibilidad de la droga en el mercado interno.

Más allá de las cifras relativas de consumo, el fenómeno presenta implicancias de salud pública. La cocaína es un estimulante potente que genera adicción y varios riesgos físicos y mentales severos a largo plazo. El World Drug Report señala que, aunque una parte del consumo se relaciona con contextos recreativos, a la larga se traduce en problemas crónicos de salud y presiones sobre los sistemas de atención sanitaria.

En Argentina, informes más específicos del país también han señalado que el consumo de cocaína y otros psicoactivos ha crecido en la última década, posicionando al país como uno de los de mayor incremento en la región sudamericana según estadísticas de la ONUDD.

Las comparaciones globales permiten poner en perspectiva la situación argentina: no solo se trata de un país con cifras más altas de lo esperado en el consumo de cocaína, sino que esas cifras lo colocan en una posición intermedia-alta cuando se lo compara con Estados Unidos o varios estados europeos. Esta realidad obliga a examinar no solo el fenómeno como un asunto de demanda, sino también como un problema de políticas públicas, prevención y tratamiento que requiere respuestas integrales.

En síntesis, el mapa del consumo mundial de cocaína confirma que la demanda se concentra en economías desarrolladas y en países con mercados lucrativos, y que Argentina, dentro de su región, no solo participa de ese patrón, sino que aparece con indicadores preocupantes que demandan atención.

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