Congreso Futuro

Maurizio Ferraris y un planteo provocador: el "comunismo digital" y la "revolución sin sangre"

El filósofo italiano Maurizio Ferraris, una de las voces más originales del pensamiento contemporáneo, presentó ante audiencias del Congreso Futuro una mirada provocadora y constructiva sobre el papel de la inteligencia artificial (IA) y los datos en la sociedad actual, lejos de la tecnofobia y el alarmismo que dominan muchos discursos sobre tecnología.

Autor de más de setenta libros y discípulo de figuras como Jacques Derrida, Ferraris -de 69 años y con una trayectoria que combina filosofía, teoría social y análisis crítico de la posmodernidad- aterrizó en Santiago de Chile para compartir con el público ideas centrales de su último libro, El Manifiesto del Webfare, donde propone que la revolución digital debe ser pensada desde una perspectiva de bienestar social y uso colectivo de los datos.

De la guerra de los datos al "bienestar de los datos"

En su intervención, Ferraris cuestionó las narrativas dominantes sobre inteligencia artificial, muchas veces centradas en miedos apocalípticos o en la supuesta superioridad de las máquinas, y propuso en cambio que la IA funciona como "un espejo de lo que somos y de lo que aspiramos a ser" -una herramienta que refleja tanto fortalezas como debilidades humanas.

El filósofo puso el foco en el valor social de los datos generados por los usuarios en internet. Para él, el modelo actual, dominado por grandes corporaciones tecnológicas que se apropian de esa información, debe dar paso a una capitalización de datos para fines públicos y sociales. Ferraris ilustró esta idea con un ejemplo práctico: el sistema de pensiones suizo, que estaría utilizando datos sociales agregados para generar valor y atender desafíos estructurales del sistema previsional.

"Las plataformas estadounidenses se quedan con todo, pero nos dejan libres; las plataformas chinas redistribuyen, pero coartan la libertad", sintetizó el filósofo, invitando a repensar quién debe beneficiarse de los recursos digitales que la sociedad genera colectivamente.

Más allá de tecnofobia y tecnofilia

Ferraris también dedicó parte de su exposición a desmontar dos enfoques extremos sobre la tecnología: por un lado, la tecnofilia ingenua que ve en la innovación una panacea; por otro, la tecnofobia que percibe a la IA como una amenaza que nos domina. En contraste, abogó por lo que denomina "tecnosofía", un uso informado y racional de la tecnología, con un equilibrio entre libertad y utilidad social.

En su visión, el miedo a la tecnología responde muchas veces a malentendidos sobre la privacidad y el rol del Estado, y a la desconexión entre la opinión pública y las posibilidades reales de la digitalización para generar bienestar colectivo y nuevas formas de organización social.

Un llamado a la política y a la izquierda

Ferraris no se limitó a reflexionar sobre la tecnología en abstracto. Criticó también la falta de incorporación de la agenda digital en el discurso político, especialmente por parte de sectores que se autodenominan progresistas, y planteó que temas como la regulación de datos, la negociación de derechos digitales y la integración de la IA en estrategias públicas son desafíos centrales para las próximas décadas.

"La izquierda no ha puesto este tema en el centro de su propuesta", dijo, subrayando que pensar el bienestar digital abre posibilidades de ampliar derechos y de responder a las transformaciones del trabajo, la economía y la vida social en la era digital.

Un pensador entre lo humano y lo tecnológico

Ferraris concluyó su presentación con una reflexión optimista: aunque la IA no superará la inteligencia humana, su integración debe servir para potenciar capacidades, no sustituirlas; y la forma de hacerlo -aseguró- dependerá de cómo decidamos organizar colectivamente el uso de datos y las herramientas digitales, con enfoque en el bien común.

La participación del filósofo italiano en el Congreso Futuro dejó claro que los debates sobre IA y sociedad pueden -y deben- trascender los discursos polarizados para pensar la tecnología como un instrumento cultural, político y social, y no solo como un objeto de miedo o fascinación.

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