Opinión

¿Estamos felices, serenos o satisfechos con nosotros mismos?

En esta reflexión filosófica y personal, José Jorge Chade propone distinguir entre felicidad, serenidad y satisfacción, y sostiene que solo esta última -anclada en la coherencia entre valores y acciones- ofrece un horizonte duradero para vivir bien, más allá de la fugacidad de las emociones y de las circunstancias externas.

José Jorge Chade
José Jorge Chade (Ex Docente de la Universidad de Bologna, Educador y escritor, autor de numerosos libros y publicaciones científicas nacionales y extranjeros y algunos poemas).

¿Qué creemos que sea mejor para nosotros? ¿Ser felices, estar serenos o sentirnos satisfechos con la vida que llevamos?

Feliz: sentirse plenamente satisfecho con los propios deseos, tener un espíritu sereno, sin dolor ni preocupaciones, y disfrutar de este estado. (Vocabulario Treccani)

Sereno, referido a un estado mental, significa libre de perturbaciones o preocupaciones. (Lenguas Oxford)

Satisfecho: feliz de que un hecho o resultado corresponda plenamente a las expectativas o aspiraciones; contento, satisfecho. (Lenguas Oxford)

Todos ellos son adjetivos con una fuerte connotación positiva. Feliz se explica utilizando los términos satisfecho y sereno, y se refiere a deseos cambiantes y transitorios. Sereno se caracteriza por la ausencia de cualquier perturbación, más que por la presencia de un elemento que explique su significado. Finalmente, la satisfacción presenta, en su explicación, el tema de las aspiraciones y la realización personal.

La reflexión se debe centrar en la importancia de nuestro ser y actuar para vivir bien y con cierta capacidad de control sobre el mundo que nos rodea.

Ser feliz es transitorio, como todo lo que conocemos. Las circunstancias externas pueden cambiar el estado de felicidad en un instante. Del mismo modo, la serenidad puede desvanecerse cuando surge una preocupación que la disuelve. La felicidad y la serenidad parecen fugaces y transitorias.

Sin embargo, la satisfacción con quienes somos depende de nosotros y solo de nosotros. Si somos y actuamos consecuentemente con nuestros valores, nada ni nadie podrá arrebatarnos la satisfacción con quienes somos y el estado mental positivo que conlleva.

Si elegimos ser frívolos o superficiales, puede ser, en parte, una elección consciente. Solo en parte, porque lo que realmente podemos hacer es concentrarnos en lo que experimentamos ahora, dejando de lado los problemas que nos aquejan. La vida rara vez ofrece periodos verdaderamente libres de problemas, luchas y preocupaciones sobre el futuro. Los problemas de hoy son más que suficientes, así que, si dejamos de lado los de mañana, podemos intentar, como en un deporte, entrenar nuestra capacidad de mantener la mente despejada.

Es un verdadero ejercicio, agotador y al principio frustrante. Sin embargo, con el tiempo, podemos aprender a afrontar las dificultades, una a una, a medida que surgen, en lugar de controlar el mundo exterior intentando predecir todo lo que podría perturbarnos.

Para estar satisfechos, debemos seguir un camino. Estar satisfechos con nosotros mismos no es una elección, sino un sentimiento profundo. De hecho, no podemos decidir estar satisfechos; sin embargo, podemos actuar para asegurarnos de que este sentimiento brote en nuestro interior como consecuencia de nuestros pensamientos y acciones. Cada uno de nosotros tiene valores, o mejor dicho, pautas que, de vez en cuando, nos indican el camino. El camino consiste en identificar cuáles son nuestros valores y no abandonarlos jamás. Al actuar cada día y tomar cada decisión manteniéndonos alineados con nuestros valores, veremos nuestras vidas más fáciles y nos sentiremos satisfechos.

La satisfacción proviene de quiénes somos, de los valores que nos guían, pero sobre todo de la tenacidad con la que nos hemos mantenido fieles a estas pautas. A veces nos desviamos del camino, y esto no debería desanimarnos. Podemos dejar de ser fieles a ellas temporalmente y sentirnos insatisfechos. Volvamos a centrarnos en nuestros puntos fijos, nuestras estrellas del norte, y reanudemos el viaje hacia ellas, aunque si sabiendo que nunca las alcanzaremos, pero estaremos satisfechos con nosotros mismos.

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