Historia

Memoria y reconstrucción tras el sismo de 1985

El 26 de enero de 1985 transcurría como un día más del verano mendocino. El calor, la rutina y la calma propia de una noche estival parecían inalterables. Sin embargo, la fuerza indomable de la naturaleza irrumpió sin aviso y lo cambió todo. Un violento terremoto sorprendió a Mendoza y dejó una marca imborrable en la memoria colectiva.

Fabiana Mastrángelo
Mg. Fabiana Mastrangelo, historiadora.

El sismo impactó con especial dureza en los distritos de Villa Marini y Villa Hipódromo, zonas densamente pobladas donde predominaban viviendas antiguas, muchas de ellas construidas en adobe o con sistemas precarios, incapaces de resistir un movimiento sísmico de alta intensidad. En cuestión de segundos, paredes que habían albergado generaciones se desplomaron y la destrucción se convirtió en el marco cotidiano de la vida de miles de familias.

Centenares de hogares se perdieron en un instante. Familias enteras quedaron, de un momento a otro, sin techo ni pertenencias, sumidas en una situación caótica e impensada. La urgencia se expresó en necesidades básicas: alimento, abrigo, un lugar seguro donde pasar la noche. El miedo, la incertidumbre y el desconcierto atravesaban cada rincón del departamento.

La imagen del colapso del histórico Hospital El Carmen se transformó rápidamente en el símbolo visual de la catástrofe. Pero el drama habitacional se extendía mucho más allá de ese ícono. A medida que avanzaban las tareas de asistencia, el daño se multiplicaba en las calles aledañas, donde casas enteras habían quedado reducidas a escombros. En los primeros días se hablaba de unas 9.000 viviendas afectadas, una cifra que daba cuenta de la magnitud del desastre y del profundo impacto social que dejaba a su paso.

Muchas familias, en especial aquellas en situación de mayor vulnerabilidad, debieron improvisar refugios en escuelas, clubes, vagones ferroviarios o directamente en la vía pública. Las noches al aire libre, sin servicios básicos y expuestas a la intemperie, se convirtieron en una experiencia compartida que reforzó la conciencia de fragilidad, pero también de pertenencia y solidaridad.

Superada la etapa inicial de auxilio, comenzaron a llegar gestos solidarios desde distintos puntos del país y del exterior. Entre ellos se destacó el envío de carpas desde Estados Unidos, que permitieron alojar de manera provisoria a cientos de damnificados. La Municipalidad de Godoy Cruz organizó un campamento en la zona del ex Matadero, que funcionó como respuesta inmediata frente a la emergencia habitacional. Paralelamente, el gobierno provincial habilitó un registro de viviendas dañadas, paso indispensable para iniciar el largo camino de la reconstrucción.

Con el correr de los días, la dimensión del problema se volvió aún más evidente. A pocos días del sismo se contabilizaban unas 7.000 viviendas destruidas y, al cumplirse el primer aniversario del terremoto, el número de denuncias ascendía a 20.000. Detrás de cada cifra había una historia, una familia y un proyecto de vida interrumpido. La vivienda dejó de ser solo una construcción para convertirse en una necesidad humana urgente y prioritaria.

La reconstrucción de Godoy Cruz no fue inmediata ni sencilla. Edificios emblemáticos como el Hospital El Carmen o el Club Villa Hipódromo se transformaron en símbolos visibles del esfuerzo por recuperar la infraestructura dañada. Sin embargo, el desafío más profundo y complejo seguía siendo el habitacional, ya que la casa propia representaba mucho más que un techo: era la base para recomponer la vida familiar y social.

Para enfrentar esta realidad, se implementaron diversas líneas de financiamiento a través de bancos provinciales y del Banco Hipotecario Nacional. El Instituto Provincial de la Vivienda (IPV) asumió un rol central, coordinando la planificación, ejecución y control de los barrios proyectados. En ese contexto, el gobernador Santiago Felipe Llaver lanzó el Operativo Sismo, el programa de construcción de viviendas sociales más importante derivado del terremoto de 1985.

La entrega de viviendas en Godoy Cruz marcó un punto de inflexión. Familias que habían perdido todo comenzaron a recuperar algo más que paredes y techos: recuperaron la estabilidad, la intimidad y la esperanza. Barrios como Los Glaciares y Los Toneles se convirtieron en hitos de ese proceso de reconstrucción.

El barrio Dolores Prats de Huisi, conocido popularmente como La Estanzuela, fue concebido como una respuesta estructural a la emergencia habitacional. Ubicado en el piedemonte godoycruceño, su construcción exigió importantes obras de defensa aluvional, drenaje y provisión de agua potable, integrando la vivienda con la planificación territorial.

Con más de 100 hectáreas, La Estanzuela se transformó en la obra más grande de la Operatoria Sismo del IPV. Con el paso del tiempo, dejó de ser un conjunto de casas para convertirse en un barrio vivo y plenamente integrado, con centro de salud, comisaría, registro civil, escuelas de todos los niveles y espacios deportivos, culturales y comunitarios. El Polideportivo N.º 5, el Anfiteatro y la sede de la Agrupación de Fútbol Amateur de Godoy Cruz son parte de esa construcción colectiva del hábitat.

Hoy, La Estanzuela es una barriada consolidada, activa y diversa. Su historia resume el recorrido de Godoy Cruz tras el terremoto de 1985: del derrumbe material y social a la reconstrucción colectiva, donde la vivienda digna fue el primer paso para volver a encontrarse como comunidad y proyectar, incluso después de la tragedia, un futuro posible.

Fuentes y Bibliografía

Mastrangelo, Fabiana (2016). Godoy Cruz, una historia. Del barrio de San Vicente a la Ciudad de Hoy. Mendoza: Municipalidad de Godoy Cruz.

Diario Los Andes, 1985, 1986, 1989, 1996, 2009.

Diario Mendoza 1986.

Diario Hoy 1989.

Diario Uno 2009.

Recuperación de datos hemerográficos: José Muñoz.

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