En la mira

¿Y con México, qué?

El poder en el papel y los desafíos reales del nuevo rumbo político. Un reciente análisis de The Economist titulado "Power on paper" advierte que el partido dominante en México, Morena, hoy es "el partido de izquierda más fuerte del mundo democrático", pero que "su fortaleza formal no se traduce en soluciones eficaces para los problemas estructurales que enfrentan millones de mexicanos"

La portada de la revista británica The Economist -con la bandera de México manchada y castigada visualmente- se ha vuelto un símbolo que divide interpretaciones y opiniones tanto en la sociedad como en el propio espectro político nacional. Y mientras algunos ven en el editorial una crítica externa casi injerencista, otros lo interpretan como una alerta sobre los riesgos de confianza ilimitada en un poder consolidado.

Uno de los comentarios más llamativos en redes lo puso este semana el dirigente mexicano José Mario de la Garza, destacado abogado mexicano, experto en derecho y defensor de derechos humanos, reconocido por dirigir Perteneces A.C, quien destacó que la pieza de The Economist muestra a México con "su bandera manchada, como escena del crimen", y subrayó que, más allá de la forma, lo que está en juego es la capacidad de Estado para resolver problemas reales de seguridad, economía y gobernabilidad".

Poder y dominancia, pero ¿resultados?

Según The Economist, el partido gobernante, Morena, ha logrado una dominan­cia casi absoluta en el sistema político mexicano: controla el Ejecutivo federal, la mayoría legislativa y una amplia presencia estatal y municipal, lo que en teoría debería permitir implementar políticas de largo plazo sin obstáculos. 

Sin embargo, el artículo sostiene que la hegemonía se está convirtiendo en una trampa para el propio partido, pues la falta de competencia efectiva y de frenos institucionales mina la incentiva a resolver los problemas que más preocupan a la ciudadanía: seguridad pública, crecimiento económico y fortalecimiento del Estado de derecho.

¿Descomposición interna, caos hacia afuera?

Una de las críticas explícitas de la revista se enfoca en el déficit fiscal que supera el 5% del PIB, y el desafío de contenerlo mientras se expanden programas sociales y transferencias de recursos, lo que podría tensionar aún más las finanzas públicas.

Entre desafíos internos y percepción externa

El diagnóstico, además de puntualizar vulnerabilidades concretas, pone el foco en lo que muchos analistas identifican como un reto latente: la relación entre crecimiento y libertad democrática. México, sostienen algunas evaluaciones internacionales, ha experimentado una relativa expansión económica en años recientes, pero al mismo tiempo registra señales preocupantes en materia de seguridad y de respeto pleno a las instituciones, indicadores que pueden erosionar la confianza ciudadana y la percepción internacional sobre su rumbo político.

Esta combinación de **poder formal -o "poder en el papel"- con dificultades en la praxis generó reacciones diversas aquí y allá. Para unos, la crítica extranjera es un intento de influir en debates internos y sumar tensión entre México y sus socios comerciales y estratégicos. Para otros, es un espejo que obliga a mirar sin filtros los retos reales que enfrenta el país.

Amplios frentes abiertos

Más allá de la discusión mediática, México encara frentes que requieren atención urgente:

Seguridad pública continúa siendo uno de los temas más sensibles para la sociedad, con altos niveles de violencia y percepción de temor en muchas regiones.

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Economía y empleo enfrentan obstáculos estructurales que limitan el crecimiento sostenido y la competitividad global.

Instituciones y contrapesos ven su fortaleza puesta a prueba en momentos en que la concentración de poder puede presionar la independencia judicial o el equilibrio legislativo.

Este cóctel de factores explica por qué algunos actores políticos, tanto dentro como fuera del país, reclaman mayor diálogo, corresponsabilidad y reformas que fortalezcan el Estado de derecho y la gobernanza, sin que ello implique necesariamente subordinación a intereses externos, sino más bien una mirada crítica sobre lo que se ha logrado y lo que falta por hacer.

La discusión sobre México que propone The Economist -y que referentes como De la Garza ayudan a traducir en debates públicos- no es la última palabra. Pero sí funciona como un espejo incómodo en un momento clave para la trayectoria política del país: uno en el cual el desafío no es solo tener poder sobre el papel, sino demostrar resultados tangibles para la mayoría de los mexicanos.

Responder a la consigna "¿Y con México, qué?" exige, por tanto, moverse más allá de la dominancia partidaria y concentrarse en respuestas efectivas a las prioridades de la población. La legitimidad de cualquier gobierno -sea de derecha, centro o izquierda- se juega tanto en la percepción internacional como, fundamentalmente, en la vida cotidiana de quienes habitan el país.

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