Entrevista

Cómo la inteligencia artificial redefine la escuela argentina

Un informe de Argentina por la Educación, realizado junto a investigadores del MIT, analiza el impacto de la IA en las aulas: advierte sobre riesgos en el aprendizaje, revela cuánto la usan los chicos y proyecta cómo la caída de la matrícula podría cambiar la organización escolar hacia 2030.

C.Pérez

La expansión de la inteligencia artificial en la vida cotidiana de los estudiantes ya es un hecho en Argentina y plantea un desafío central para el sistema educativo. Así lo señala un informe de Argentina por la Educación elaborado con investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que analiza oportunidades y alertas vinculadas al uso de estas tecnologías en las escuelas.

María Sol Alzú, analista de datos de la organización y coautora del trabajo, explicó en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post, que la discusión ya no pasa por aceptar o rechazar la IA. "Tal vez la discusión ya no es inteligencia artificial sí o no en el sistema educativo, sino que ya se está usando y cómo hacer para potenciar ese uso teniendo en cuenta también que existen estos riesgos", sostuvo.

Cuántos chicos usan inteligencia artificial

El estudio muestra una adopción acelerada entre los más jóvenes. Según Alzú "el 76% de los chicos y adolescentes entre 9 y 17 años conoce la inteligencia artificial generativa" y "seis de cada diez ya usaron herramientas como ChatGPT". Entre los adolescentes, el fenómeno es aún más marcado: "dos tercios la usan para hacerse tareas escolares".

Ese avance se combina con otro dato estructural que preocupa al sector: la caída de la matrícula escolar. La proyección indica que para 2030 el sistema educativo tendrá 1,2 millones menos de alumnos, lo que representa una baja del 27%. "Esta proyección se realiza con datos de lo que ya está pasando: hay menos nacimientos y menos niños que se inscriben en sala de tres, cuatro y cinco años", explicó.

Para qué puede servir la IA en la escuela

Anlzú detalló que el informe identifica tres grandes áreas de aplicación. Una está centrada en los estudiantes; otra en los docentes y la planificación pedagógica; y una tercera en la gestión institucional y del sistema.

En el aula, la IA podría ayudar a los profesores con tareas administrativas y pedagógicas: "generación rápida de actividades, corrección automática, detección de errores frecuentes y armado de reportes de desempeño".

En el plano de la gestión, la especialista destacó el valor del análisis de datos masivos. "Es una herramienta supervaliosa para trabajar con información de asistencia y trayectorias, generar sistemas de alerta temprana y detectar posibles casos de abandono escolar", señaló. Incluso mencionó la posibilidad de cruzar datos educativos con información sanitaria o familiar para activar protocolos de acompañamiento.

Docentes, formación y nuevas formas de evaluar

Uno de los puntos críticos es la capacitación docente. Anlzú recordó que, aun antes del auge de la IA, "el 60% de los docentes en la Argentina pedía mayor formación en tecnologías de la información y la comunicación", especialmente entre quienes tienen mayor antigüedad.

A eso se suma el desafío de evaluar en un contexto donde los estudiantes pueden recurrir a algoritmos para responder consignas. "El típico trabajo práctico hoy el alumno lo pone en el chat y le da la respuesta, pero no se genera toda esta cuestión más vinculada al pensamiento y al razonamiento", advirtió.

Por eso, consideró inevitable avanzar hacia programas de formación continua: "Probablemente se tengan que realizar capacitaciones docentes vinculadas específicamente a tecnología e inteligencia artificial".

Menos alumnos, aulas más chicas y reorganización

La combinación entre menor natalidad y estructura escolar actual podría derivar en clases mucho más reducidas. Si no hay cambios, el promedio nacional sería de 12 alumnos por docente en 2030, con distritos como Catamarca o la Ciudad de Buenos Aires rondando los siete estudiantes por maestro.

En lugar de reducir planteles, el informe propone redistribuirlos. "Lo más beneficioso sería reasignar el plantel docente", explicó Anlzú, para reforzar tutorías personalizadas, ampliar jornadas o implementar parejas pedagógicas -dos docentes por grado-, estrategias que la evidencia internacional asocia con mejoras en el aprendizaje.

Alertas: dependencia, plagio y pensamiento crítico

El documento también advierte sobre riesgos concretos. Entre ellos, el aprendizaje superficial y la dependencia tecnológica. "Los chicos comprenden la respuesta que les da la inteligencia artificial, pero después tienen dificultades para aplicar ese conocimiento en otra situación o explicarlo con sus propias palabras", señaló.

También mencionó la deshonestidad académica: "No es lo mismo usar la inteligencia artificial como una herramienta que que la inteligencia artificial te haga todo el trabajo práctico".

A eso se suma la necesidad de marcos regulatorios claros: "Qué lineamientos o qué marco de gobernanza tiene el país o cada provincia para definir hasta qué punto sí y hasta qué punto no".

Celulares en clase y distracción

En el cierre, Anlzú se refirió al uso de teléfonos móviles en las aulas. Citó un informe previo de la organización según el cual el 54% de los alumnos argentinos de 15 años reconoció distraerse con el celular en clase, el porcentaje más alto entre 80 países relevados.

"Los chicos mantenían activadas las notificaciones y sentían una fuerte presión por responder", explicó, y vinculó ese fenómeno con ansiedad y distracciones grupales.

La postura de la entidad no es prohibicionista, pero sí regulatoria. "No queremos demonizar la tecnología, pero sí que sea regulado ese uso y siempre en pos de que los chicos puedan aprender de la mejor manera posible", concluyó.

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