Empleo

El avance del trabajo "gris" reconfigura el empleo en la Argentina y tensiona la reforma laboral

Entre 2016 y 2025 el bloque de asalariados no registrados y cuentapropistas creció 23,1% y ya supera al empleo formal. Las horas trabajadas aumentan sobre todo fuera del sistema, mientras el Congreso discute cómo volver a atraer puestos en blanco.

Mientras el Congreso se prepara para debatir la llamada Ley de Modernización Laboral, el mercado de trabajo argentino llega a esa discusión con una radiografía incómoda: el empleo existe, pero cada vez una mayor porción se ubica por fuera de la relación de dependencia formal. El crecimiento se concentra en la informalidad y en el cuentapropismo, un fenómeno que reordena el mapa laboral y plantea desafíos sociales y fiscales de fondo.

Las cifras oficiales del INDEC muestran que entre 2016 y el tercer trimestre de 2025 el total de puestos registrados -sumando sector público y privado- pasó de 10,6 millones a 11,06 millones, una suba de apenas 4,4% en casi una década. Dentro de ese universo, el empleo privado formal prácticamente no se movió: creció de 7,17 millones a 7,27 millones, es decir, solo 1,4%. El sector público tuvo un avance mayor, de 3,42 millones a 3,79 millones (+10,8%), aunque no alcanzó para revertir la tendencia de estancamiento en la formalidad privada.

La contracara fue la expansión de quienes trabajan fuera del sistema. En 2016 había 4,64 millones de asalariados no registrados y 4,79 millones de no asalariados. Para 2025 esas cifras escalaron a 5,67 millones y 5,94 millones, respectivamente. En conjunto, el bloque "no registrado/no asalariado" pasó de 9,43 millones a 11,61 millones de personas: un aumento del 23,1%, suficiente para superar al total de trabajadores registrados, que suman 11,06 millones.

En términos simples, en estos años la ocupación se amplió más por la vía del trabajo informal y del autoempleo que por la creación de puestos privados en blanco.

Tres categorías, un mismo problema

Los asalariados registrados son quienes cobran un salario con aportes a la seguridad social, obra social y cobertura de ART, ya sea en el sector público o privado. Los no registrados -los clásicos trabajadores "en negro"- carecen de esos beneficios y de protección frente a accidentes. Los no asalariados, en tanto, incluyen desde empresarios y profesionales independientes hasta monotributistas y emprendedores. Dentro de este último grupo se expande la llamada zona gris: vínculos laborales que funcionan como relaciones de dependencia encubiertas, con obligación de facturar.

Aunque las situaciones son distintas, comparten un denominador común: mayor fragilidad en los ingresos, menor cobertura y una productividad que suele quedar rezagada.

Más horas fuera del sistema

La dinámica también se refleja en el uso del tiempo de trabajo. Según el INDEC, en el tercer trimestre de 2025 el total de horas efectivamente trabajadas aumentó 0,7% interanual. Sin embargo, ese crecimiento leve se explica casi exclusivamente por las modalidades más precarias.

Las horas trabajadas por asalariados en conjunto retrocedieron 0,2%, y dentro de ese grupo la caída fue más marcada entre los registrados -tanto públicos como privados-, con un descenso de 1,7%. En contraste, las horas correspondientes a los asalariados no registrados subieron 3,6%, el mayor incremento entre las categorías, mientras que las de los no asalariados avanzaron 3,3%.

Los números sugieren que, ante una actividad todavía débil en varios sectores, el ajuste se canalizó por una mayor utilización del trabajo informal y del autoempleo, que funcionaron como válvulas de escape frente al menor dinamismo del empleo formal.

Un proceso que se aceleró

La expansión del "afuera" no comenzó con la actual gestión, pero se profundizó con el cambio de modelo económico desde la llegada de Javier Milei al poder. El ajuste fiscal, la recesión inicial y la presión por reducir costos llevaron a muchas empresas a recurrir a esquemas más flexibles: contrataciones por proyecto, tercerizaciones, monotributo "de hecho" y, en el extremo, informalidad.

En 2025 la tendencia persiste: los trabajadores por fuera del sistema crecen más rápido que los que permanecen dentro. El Gobierno busca ampliar la base formal para fortalecer los ingresos de la seguridad social, mientras la CGT se concentra en defender a quienes ya están registrados, en un equilibrio político que deja en segundo plano a quienes siguen fuera del radar.

Impacto social y macroeconómico

Un empleo no registrado implica ausencia de aportes jubilatorios, obra social y cobertura ante accidentes. También limita el acceso al crédito, al alquiler formal y al historial bancario. A largo plazo, menos aportantes hoy anticipan mayor presión sobre el sistema previsional mañana.

Desde el punto de vista macro, la informalidad erosiona la recaudación y distorsiona la competencia: una empresa que cumple con impuestos y convenios laborales compite con otra que reduce costos al no registrar a sus trabajadores. Ese incentivo desalienta la inversión en capacitación, tecnología y escala, y empuja al país hacia un equilibrio de baja calidad: mucha ocupación, pero con escasa movilidad social.

El rol de las plataformas

La tasa de desocupación suele concentrar la atención pública, pero en la Argentina explica solo una parte del problema. El país desarrolló un "colchón" de empleo de baja calidad que amortigua el desempleo abierto, donde se destacan las plataformas digitales.

Servicios como Uber, Rappi o PedidosYa permiten generar ingresos en poco tiempo y con barreras de entrada reducidas. Funcionan como un amortiguador en etapas de transición: menos personas sin trabajo, más gente "resolviendo" con una app. El costo es conocido: ingresos inestables, gastos propios -combustible, mantenimiento, datos- y riesgos que recaen sobre el trabajador. Contienen la desocupación, pero no aseguran estabilidad ni formalización.

Reforma sí, crecimiento también

Con este telón de fondo, la discusión legislativa gira en torno a si una reforma laboral puede, por sí sola, mejorar la calidad del empleo. Un marco más simple y con menor litigiosidad podría reducir el costo esperado de contratar, especialmente en pymes, y ayudar a blanquear relaciones. Pero los datos históricos muestran que la formalización responde, sobre todo, al ciclo económico.

El empleo privado registrado crece cuando crece la economía: inversión, crédito, exportaciones y expectativas de demanda empujan a las empresas a tomar personal en blanco. Cuando eso no ocurre, proliferan los atajos.

En síntesis, la modernización puede ordenar reglas y aliviar fricciones, pero la mejora estructural -más empleo formal, mejores salarios y mayor productividad- dependerá de la capacidad del programa económico para sostener la expansión y atraer capital. Sin ese respaldo macro, la Argentina seguirá exhibiendo un mercado laboral con ocupación, pero con demasiados trabajadores sin red y con movilidad social limitada.

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