LITERATURA

San Martín, el Sargento Cabral y la Marcha de San Lorenzo

Un nuevo aniversario de la Batalla de San Lorenzo, en la pluma de Alicia Dúo.

Alicia Dúo
Abogada, escritora. Magister en Literatura.

Según los más entendidos -como lo es Borges- no hay casualidades. Todas son causalidades. La causalidad determinó que en enero de 1813, desde Montevideo, los españoles que sostenían un total desconocimiento y resistencia contra el gobierno de Buenos Aires, se organizaran y decidieran desembarcar en las costas del Río Paraná. La consideraban vía segura para conseguir provisiones, dominar, recuperar el Virreinato del Río de la Plata y finalizar con la revolución. Estaban pertrechados con una escuadrilla de once barcos muy bien artillados y llevaban tropas de desembarco y marinería con unos 300 hombres.

La causalidad determinó que a esa fecha fuera Don José F. de San Martín quien les hiciera frente con gloria y venciera al enemigo en la zona de San Lorenzo (Santa Fe), con su bautismo de fuego en nuestra tierra. San Martín ostentaba el rango de Teniente Coronel de Caballería del Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Cargo de Comandante del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuerpo creado, dirigido y aleccionado por él. Como jefe, San Martín dejó en claro a sus tropas cuál era el peligro que amenazaba los planes de la liberación, concientizando a sus hombres para identificar al enemigo que quería robarles y asesinarlos. Con estrategia colocó vigías para que informaran sobre el desplazamiento de los barcos. Esperó la oportunidad para entrar en combate cerca de la posta de San Lorenzo y organizó su cuartel en el convento franciscano de San Carlos. Lo acompañaban unos 150 hombres (granaderos de elite) que él mismo seleccionara.

El 3 de febrero de 1813, unos 250 realistas desembarcaron en esa zona para dedicarse a saquear. Pero el ataque asombroso y envolvente de San Martín (al estilo de Napoleón), y que duró sólo quince minutos, los llevó a retirarse y reembarcar. El combate, sorpresivo para el enemigo, dirigido al frente por San Martín, llevaba su carga de violencia: hubo una baja de 16 muertos y 27 heridos entre los patriotas y para los realistas 40 bajas (entre muertos y heridos), 14 prisioneros, pérdida de artillería y banderas.

En esas circunstancias murió nuestro bien amado Sargento Cabral, quien junto con Justo Germán Bermúdez (muerto en combate) y Juan Bautista Baigorria, salvaron la vida de San Martín cuando el caballo de éste fue atacado y, al caer, le aprisionó la pierna. Cabral fue herido de muerte al interponerse en defensa de su jefe. Al momento del hecho, Juan Bautista Cabral era un soldado raso del Regimiento de Granaderos a Caballo. San Martín lo elevó de rango a sargento post mortem por su heroica acción en el combate y así lo reconoce la historia.

Los acontecimientos relatados se glorificaron con la música de la impactante Marcha de San Lorenzo que dignifica a San Martín, al Sargento Cabral y a nuestros granaderos. Si bien hay variadas versiones sobre las últimas palabras del valiente sargento, ya sean interpretadas en idioma español o en guaraní (por su ascendencia era correntino), esas palabras se trasmutaron en la canción que muchísimos argentinos cantaron en sus escuelas desde muy niños y que marcaron el alma de la patria. Cayetano Alberto Silva fue quien compuso la música de la Marcha de San Lorenzo.

Hasta aquí es lo que se sabe conforme a los historiadores que relatan esta primera victoria de San Martín con sus compañeros de batalla. Pero una búsqueda realizada, en los archivos correspondientes, por algunos integrantes de la banda del Regimiento de la Policía de Mendoza, hace ya un cierto tiempo, permitió obtener otro documento que enriquece este combate: se encontró una carta dirigida por Silva al General San Martín. Se la transcribe seguidamente, porque según Matthew James Bellamy: "Hay algo en la música que obviamente está más allá del lenguaje mismo. Es comunicación en su forma más pura" y el bagaje de esta carta merita que se conozca un pensamiento que proviene de quien sintió las moldeaduras en la fragua de los héroes.

El mencionado documento, que se transcribe por pura emoción argentina, se deja a criterio y sapiencia de quienes lo lean.

Mendoza, 3 de enero de 1907

Estimado General José Francisco de San Martín:

Esta carta nace aquí, en este escritorio de reflexiones y datos que se esfuman entre nubes. Escribo un poco el relato sobre la epopeya de mi vida y otro poco sobre el recuerdo imborrable de su venerable personalidad que marcó mi existencia A mí me gusta toda clase de música. Las notas motivan, en profundidad, el cuerpo y el alma. Pero la música militar es la que más me emociona. Se la escribe para que el hombre, alegre de vivir y esclavo de las armas, muera al fin con la satisfacción de la batalla. No hay marchas militares tristes. Su objetivo de aliento es el mismo en cualquier parte del mundo.

Yo compuse una Marcha Militar para nuestra historia: La Marcha de San Lorenzo. No fue fácil, pero si uno permanece alerta escucha el llamado de situaciones sublimes, la inspiración contribuye y los resultados satisfacen. En mi labor me acompañó Carlos Javier Benielli, un letrista mendocino, patriota hasta la última gota en la sangre de sus venas. Creo, sinceramente, que fuimos profetas en nuestras tierras y en tierras ajenas.

Nunca pensé que los alemanes, en su invasión al entrar a París, ejecutarían nuestra marcha. Lo digo sin ambages: esa decisión no ha sido de mi agrado. Aclaro que nuestro ejército argentino, en una etapa anterior a la Segunda Guerra Mundial, obsequió nuestra querida Marcha al ejército alemán como muestra de amistad. Argentina, a su vez, fue gratificada con la marcha "Alten Kameraden" (Viejos camaradas). Tampoco imaginé que el General Einsenhower ordenaría ejecutar la misma marcha cuando el ejército aliado entró en París, en su avance de liberación. Su intención fue desagraviar el previo acto de opresión sufrido por los franceses.

Mucho antes, la sorpresa mayor me la produjo el hecho de que La Marcha de San Lorenzo llamara la atención del gobierno inglés y que éste pidiera autorización para que se tocara durante la coronación del rey Jorge V. Sé que habitualmente se la ejecuta cuando se producen los cambios de guardia en el palacio de Buckingham. El broche de oro, para mi amigo Benielli y para mí, ha sido recibir, por nuestra creación, el reconocimiento del Viejo Continente donde se califica nuestra composición como "una de las cinco mejores partituras militares de la historia".

Lamento hasta el llanto que nuestra música la involucraran en el conflicto de las Islas Malvinas. Me dijeron que el uso de nuestra música, durante los cambios de la guardia inglesa, fue suspendida porque ambas naciones estaban en guerra.

Me duele el cuerpo y el espíritu, mi General, al advertir que La Marcha de San Lorenzo estuviera tironeada entre dos países cual si fuera una bandera tomada como trofeo en campos de beligerancia. Pero es el deseo de Benielli y el mío que no vuelva a ocurrir un suceso como el mencionado. Lo afirmamos con énfasis: que nunca más nuestra patria adhiera a la calidad siniestra de invasores e invadidos.

Me he animado a escribir esta carta porque, ahora, los tres -usted, Carlos y yo- estamos juntos en el nivel de las trascendencias. El misticismo sagrado de lo infinito nos aúna.

Trasmita mis saludos al valiente Sargento Cabral que lo acompañó en esa escaramuza genial. Para usted va mi homenaje eterno en la música que conquistó la América y otros países lejanos.

Su siempre fiel servidor:

Cayetano Alberto Silva

Director de la Banda del Regimiento

de la Policía de Mendoza

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