Análisis productivo

Vitivinicultura, entre la crisis y la desorientación

Expresiones fatalistas o poco felices inducen a creer que hay una crisis terminal cuando, en realidad, hay un cambio de sistema productivo. Opina Rodolfo Cavagnaro.

Rodolfo Cavagnaro

En la industria vitivinícola suelen producirse crisis cíclicas que obedecen a una acumulación de stocks frente a una demanda, en general, con tendencia bajista. Entre dichas crisis y los problemas estructurales de muchos productores que durante años no hicieron las inversiones que las explotaciones requieren, nos encontramos con un escenario donde el ministro de la Producción, Rodolfo Vasrgas Arizu, dijo que "sobran 60.000 mil hectáreas".

En realidad, la expresión es preocupante porque indicaría que no hay ideas o planes para recuperar esas hectáreas. La verdad que esas hectáreas tienen el problema de una baja productividad. Producciones de uvas criollas o cerezas de 200 quintales por hectárea, cuando deberían estar en el orden de los 600 quintales por hectárea.

Además, estas uvas que se utilizan básicamente para mostos deberían estar conducidas para asegurar la producción de muchos kilos de azúcar, por lo que el viñedo se trabaja distinto que si la producción es para vinificar. Esas hectáreas, además, podrían destinarse a otros destinos productivos, pero hay que tener en cuenta que no hay que dejar que se abandonen esas explotaciones porque el desierto está siempre alerta para recuperar lo que le pertenece.

Desde los distintos organismos de investigación debería arrimarse información a los productores respecto a producciones alternativas y aprovechar aquellas que tienen derechos de riego. Los que no lo tiene y deben usar agua subterránea deben saber que deben orientarse hacia producciones muy sofisticadas, con productos de alto valor en el mercado.

Un uso alternativo está en la producción de alfalfa o de cerdos, que no requieren grandes superficies. Pero lo que tiene muchas superficies pueden buscar otros caminos. Un importante empresario petrolero, que se desembarcó con éxito en la vitivinicultura, está haciendo 300 hectáreas de arándanos al sur de Río Negro, en tierras bajo riego.

Esta semana hubo reclamos para que el gobierno compre uvas a los productores, que se quejan por el precio. En realidad, no es una solución porque esa gente ya quedó en muy malas condiciones. Evidentemente, las soluciones no pasan por ese lado sino por un cambio importante. Lo que viene no es apocalipsis sino una nueva forma de producir.

Ver: La verdad: ¿Por qué protestan los productores de uva del Este?

Los productores que tienen derecho de riego deben saber que en poco tiempo Irrigación deberá entubar y presurizar los canales. En este caso el agua la recibirán por litro y deberán pagarla por su verdadero valor. No habrá espacio para producciones ineficientes o que no tiene mercado.

Lo que hay tener en cuenta es que esas 60.000 mil hectáreas no sobran, el oasis las necesita para producir y generar el oxígeno necesario para la calidad de vida de la población. Es necesario que fluyan las ideas, que aparezcan los que son capaces de inventar, transformar, transmitir o motivar para salir del estado depresivo y avanzar. La marcha no depende del gobierno, depende de los argentinos.

Ver: Mendoza ante el desafío de arrancar 70.000 hectáreas.