Campaña libertadora

No se vive de laureles (alimentos, armas y medicinas para el ejército libertador)

En el mes de la campaña sanmartiniana, algunos datos de la vida cotidiana en el ejército libertador, por Matías Edgardo Pascualotto, Máster en Historia.

Matías Pascualotto

El mes de febrero, eminente en distintos hitos de la campaña independentista de América del Sur, y de la cual tenemos el privilegio histórico de ser protagonistas como cuna del ejército sanmartiniano, parece un momento propicio para rememorar algunas cuestiones que, - más allá de bronce y la hazaña marcada permanentemente por los historiadores- , fueron las savia viva que permitió sostener la estructura del andamiaje épico.

Microcosmos en torno a la campaña libertadora

Como destaqué en una reciente ponencia, basada en el análisis de un conjunto de misivas pertenecientes al Archivo Nacional de Chile, carpeta Ministerio de Guerra, Ejército Libertador del Perú, la preparación y avance del ejército libertador, conllevó toda una logística cotidiana de compras, urgentes reparaciones, ensayos fabriles de armamentos para suplir faltantes, bregas por los suministros de medicamentos, utensilios quirúrgicos y enseres de uso alimentario, que componen, tras los documentos históricos que los enumeran, todo un microcosmos particular que se suman a distintas cuestiones de derecho disciplinario, y anécdotas de sinsabores tras el esfuerzo liderazgo.

De todo ello da cuenta un copioso conjunto de misivas de la época en la que se destacan diferentes cuestiones, como las siguientes, que componen todo un detalle de obrajes, profesiones, oficios, y pertrechos.

Entre los documentos analizados, destacan los siguientes:

Un detalle del Batallón de Infantería n° 8, que enumera 101 recomposiciones a realizar en los fusiles, fechada en Santiago en enero de 1820, entre las que se cuentan llave descompuestas, encolar la caxa, recorridos de puntos, ajustar baquetas, tornillos de recamaras y de Pie de Gato faltantes, etc.

Un pedido a San Martín, General en Jefe del Ejército expedicionario al Perú, solicitando la formación de cuerpo de obreros para trabajos de maestranza, con organización militar, en la que se pide Maestro Mayor en Montajes, otro de Armeros, doce herreros, ocho carroceros, ocho carpinteros, doce talabarteros, tres linterneros, cuatro herradores, entre otros, y que da cuenta cabal de ese otro ejército invisible detrás del cuadro marcial.

Otro, fechado en Santiago en febrero 1820, en el cual se da aviso de la paralización de trabajos de maestranza por falta de tablas para carrocerías, atalajes, fornituras, suelas, aceite, fierro, artículos para armería, papel, y materiales necesarios para El Laboratorio, e incluso algunas herramientas.

Otro, en el cual San Martín remite un parte pasado por el cirujano del Batallón 11, encargado del Hospital del Cantón, y en el cual se manifiesta que las camas de dicho hospital están en algunas viviendas unidas unas con otras, que no hay vasijas en las que echar los medicamentos, sin ollas, sin vidriados ni bacenillas, sin catres, informando el boticario que las medicinas no alcanzan, hacinándose en un cuarto enfermos virolentos, y que se han tenido que remitir algunos a sus cuarteles, que estaban destinados a los Baños.

Los inesperados eventos climatológicos también condicionan la campaña, y en otra carta, San Martín solicita a O´Higgins el 25 de marzo de 1820, que por verse adelantados inesperadamente los fríos de invierno, y estando enteramente desabrigados los batallones 7, 8, 11 y artilleros, de los Andes, se les adelante vestuario que debe entregárseles para la expedición, "a fin de evitar las calamidades de estos infelices".

Consta también otra misiva en la cual San Martín remite una relación del Cirujano Mayor del Ejército Expedicionario, respecto a los efectos que se necesitan para el Hospital Militar, y en la cual se incluye solicitud de profesionales cirujano y boticario, utensilios para amputaciones, colchones, frazadas, almohadas con sus fundas, pailas de cobre, hilo para remendar prendas de cama, orinales de lata. Hay más de 10000 artículos pedidos, entre los que se cuentan algunos como balanzas, geringitas de inyección, tijeras, tablillas, estopa limpia, alfileres, tiras emplásticas, vendajes, compresas, etc.

Asimismo, el hambre ha quedado plasmado en la pluma del libertador, y así, San Martín remite documento en el que se informa de la falta de víveres del Ejército de Los Andes acantonado en Rancagua, pidiendo se repare la falta de pan y velas.

La lucha física de San Martín contra sus propias dolencias, se hace ver también en carta que él mismo le escribe a O´Higgins, solicitándole que se resuelva el número de reclutas obrantes para la expedición al Perú, bajo solicitud de nombrar otro General en Jefe, dado que "el estado deplorable de mi salud (como él mismo la describe), no me permite continuar por más tiempo en el mando".

Para finalizar con esta selección, también se hace presente en la correspondencia de guerra, algunas problemáticas técnicas. Así, San Martín declara en misiva que se lo puso al corriente por el Gobernador de Valparaíso de la ineficacia del carbón de Talcahuano para la fundición de las balas de fierro, y la gran dificultad para aprovisionamiento, por lo que se ensayará, explica, por horno de reberbero. Otro documento agrega interesantes datos sobre el problema y la sugerencia de hacer la fundición a bronce en el caso de no darse acierto con el método a ensayar.

No se vive de Laureles

Así, y como adelanté en el título, el ejército libertador, no vivió de laureles. Su cotidianeidad está marcada por el continuo esfuerzo, la reinvención permanente, el hambre, la burocracia, la escases, la a veces necesaria improvisación, y el sacrificio humano, bases sobre las cuales se apoya, finalmente, El Bronce de las victorias épicas, luciendo así su brillo, humano y más valioso aún. 

Ver: Inundaciones: marca genética de nuestra ciudad. 

Esta nota habla de: