Elpidio González o "Alpedio" González
Reconocemos a Elpidio González por la famosa calle de Guaymallén, pero en esta reseña el autor describe quién fue el personaje histórico por el cual se nombró la calle mendocina.
Desde un tiempo a esta parte,la figura de Elpidio González (1875-1950) ha cobrado un notorio reconocimientoen función de sus virtudes cívicas. No es extraño que su actitud moral yausteridad sean machaconamente repetidas por diarios y periodistas"republicanos", que hacen de Don Elpidio un verdadero apóstol de la decencia ymilitancia democráticas. ¿Pero Don Elpidio era así a secas? ¿O merecía el mote de "Alpedio" que le endilgaron los pocos diarios afectos a la candidatura de Perón en 1946?
Sobre su austeridad y calidadmoral, no caben dudas; fue un hombre honesto, honestísimo me atrevería acalificarlo sin temor a equivocarme. Un poli funcionario del radicalismoyrigoyenista que ocupó cargos de mucha responsabilidad y poder, tales como jefede policía (1919), vicepresidente de la Nación de Marcelo T. de Alvear (1922-1928), ministro delInterior y de Guerra (1916-1918 y 1928-1930) de los gobiernos de Yrigoyen, y no obstante el grado deempoderamiento que ostentaba, está comprobado que nunca utilizó cochesoficiales, que se manejaba en bondi o subte para desplazarse. Pero lo másnotable fue su renuncia a percibir la jubilación de privilegio como vicepresidente de la Nación, sin contar los aportes dinerarios que realizó a laUCR con sus jugosos sueldos de funcionario.
Su mítica imagen de ancianopatriarcal, con barba blanca y larga de filósofo griego, su traje ajado,espalda encorvada y sombrero gastado, con una maleta de cuero también roída, enla que portaba las anilinas marca Colibrí que vendía en la calle para susubsistencia, quedaron marcadas casi como una estampita de santo laico de latercera orden franciscana.
La impericia
Descartada su probadahonestidad y desprendimiento material, el tema aquí es que el bueno de DonElpidio es bastante objetable como político y funcionario, y no por minuciasprecisamente, todo lo contrario; sus acciones y omisiones causaron gravesconsecuencias para el devenir del sistema republicano y de eso me voy a ocupar.
En primer lugar, Hipólito Yrigoyen lonombró jefe de Policía. Ocupando ese cargo, el presidente lo mandó a reprimirla huelga obrera conocida como "Semana Trágica", en enero de 1919, en asociocon el general Luis Dellepiane, oficial enérgico y de probada lealtad a elPeludo. Como jefe policial, no pudo o no quiso evitar la infiltración deelementos parapoliciales de la derecha más ultramontana, tal como la LigaPatriótica de Manuel Carlés, que junto con el ejército y la policía sededicaron a cazar y fusilar obreros de la Fábrica Vasena. Un dato: Dellepianeera el presidente de dicha Liga Patriótica. Don Elpidio, ante tamaña masacre,presentó su renuncia, rápidamente aceptada por Yrigoyen.
Acto de cierre
Y su acto final de funcionarioineficiente y medroso se desarrolló en otras semanas trágicas: las previas algolpe militar que volteó al segundo gobierno constitucional y popular de DonHipólito, el 6 de septiembre de 1930, sentando un nefasto precedente, que trajoconsigo décadas de inestabilidad y vulnerabilidad al Estado de derecho. Enefecto, luego de dejar la Vicepresidencia junto a Alvear, Yrigoyen lo incorporóa su gabinete como Ministro del Interior. Nada hizo, por ejemplo, paraesclarecer el asesinato del senador por Mendoza, Carlos Washington Lencinas; alcontrario, ejecutó un plan sistemático de intervenciones federales a provinciasopositoras al yrigoyenismo. Su inacción en el caso Lencinas no hizo sinoaumentar las sospechas de que detrás del magnicidio estaba nada menos que elpresidente. El Peludo dejaba hacer, estaba senil y confiaba en sus leales.Elpidio González era el más fiel de sus lambebotas; por eso su vacilante y pococlara actuación en los días previos al aciago golpe no lo pinta como traidor,sino como ineficaz e inepto para el cargo. No estuvo a la altura de lascircunstancias.
Elpidio González ya anciano, así se lo conoció como vendedor ambulante de anilinas "Colibrí".
Por eso, cuando el Gral.Dellepiane, Ministro de Guerra, descubre el complot y quiere encarcelar a losoficiales sediciosos, Don Elpidio se interpone entre aquel e Yrigoyen ydesbarata el plan de defensa, porque según él, Dellepiane era un paranoico queveía conspiraciones hasta en los kioscos. Al no contar con el respaldo deYrigoyen, su ministro de Guerra renuncia, y a Don Hipólito no se le ocurremejor cosa que designar en su reemplazo a su fiel Elpidio, quien así retiene ensu persona dos de las carteras más importantes de cualquier gobierno: Interiory Guerra.
El primer golpe de Estado
Al producirse el golpe,realizó una serie de actos tan inoperantes e inútiles como los que perpetró el vicepresidente en ejercicio Martínez,conformando con aquel un tándem de botarates que le permitieron obtener unacómoda victoria a Uriburu, que entró a la Casa de Gobierno secundado nada másque por un puñado de bisoños cadetes del Colegio Militar, para dar por tierracon más de setenta años de estabilidad institucional (imperfecta estabilidad,pero estabilidad al fin). En los cuarteles, los generales leales a laConstitución (Mosconi, Baldrich, Toranzo, Álvarez) se quedaron esperandoórdenes del Ministro y el Vice que nunca llegaron.
Después, en la década infame,luego de haber sido liberado de la cárcel que le impusieron los generalotesvictoriosos del '30, comenzó su etapa de apóstol de la democracia que sesostenía con los magros ingresos de sus ventas de anilina en las callesporteñas. Sus últimas apariciones públicas fueron para dar apoyo "moral" a lafórmula de la Unión Democrática en 1946 (José P. Tamborini-Enrique Mosca), conformandoun patético cuadro de políticos fracasados y decadentes que fueron derrotadospor Perón.