Historias de vices

Preside el Senado, el Doctor Iscariote

La historia argentina está remarcada por lo primitivo de las actitudes humanas en disputa del poder. En ese casillero se destaca la relación entre los presidentes y sus respectivos vices. Y en este texto sobresale la historia del vice de Perón mendocino. Un arrepentido con alta capacidad de daño.

Historiador y actor mendocino.

Argentina es una de las pocas naciones que en su ley fundamental le otorga un rol institucional importante al cargo y a la figura del vicepresidente de la Nación (o de la República), mucho más que la constitución de Estados Unidos para mayor ejemplo. 

En efecto, por disposiciones emanadas del artículo 57 de la Constitución Nacional, se establece que el vicepresidente de la Nación será presidente del Senado, sin voto a menos que haya empate (remember Cleto), por el artículo 88 define el reemplazo presidencial en caso de enfermedad, ausencia, muerte, renuncia o destitución del titular y finalmente el artículo 90 fija el mandato en su cargo de cuatro años reelegible, al igual que el presidente. 

Estas consideraciones constitucionales no son menores pues, de hecho, consagra al vicepresidente como el jefe natural del poder legislativo (segundo poder del Estado), más allá de ser el reemplazo del titular del ejecutivo ante cualquier eventualidad del destino o forzando al destino también. 

En el devenir de la historia nacional, la relación entre el presidente y el vice ha sido, cuanto menos tensa, cuando no de rivalidad o enemistad explícita. Ejemplos sobran. Tal el caso de Sarmiento, unido por pactos políticos en la fórmula presidencial al caudillo porteño Adolfo Alsina, con quien jamás cruzó una palabra, ni aún en los discursos inaugurales de sesiones ordinarias. El sanjuanino picante dijo de su vice: "estará en el Senado solo para tocar la campanilla". No hacen falta más comentarios sobre semejante comentario despectivo. Y, más cerca de nuestro tiempo, el actual binomio de la República se lleva de los pelos (literal) desde prácticamente la génesis de la gestión Milei-Villarruel, con acusaciones de "alta traición" contra VV por parte de JGM. 

Recordando el voto no positivo

Y los mendocinos, a diferencia de otras provincias, no hemos tenido presidentes de la Nación hasta la fecha, pero sí nos dimos el lujo de tener a dos vicepresidentes, Julio César Cleto Cobos (2007-2011) y AlbertoTeisaire (1954-1955), mendocinos con una visión muy particular del significado de la palabra lealtad. Cobos, el inefable "Cleto", se hizo célebre con su voto "no positivo" en julio de 2008 contra la controversial Resol. 125, voto que convirtió al vicepresidente en el virtual jefe de la oposición al gobierno al cual pertenecía. Paradojas institucionales argentinas, que Cleto repitió con "gracia criminal" (al decir del Indio Solari) en ocasión de la votación por el 82% móvil de las jubilaciones, desempatando en contra del gobierno de CFK. Sin embargo, también hay que decirlo, Cobos hizo uso de las prerrogativas constitucionales, más allá de su desavenencia política con la presidenta, que lo impulsó a votar en contra de la postura oficial. En conclusión: no fue consecuente con la postura del gobierno federal, pero su voto "no positivo", fue fiel a las disposiciones de la Carta Magna. 

El submarinista que torpedeó a su jefe

Distinto es el caso del almirante nacido en tierras desérticas. Alberto Teisaire (o Tessaire, otro dato que rodea de misterio su origen y su figura) nació en la ciudad de Mendoza, el 20 de mayo de 1891 en el seno de una familia patricia y terrateniente. Egresó como Guardiamarina de la Escuela Naval, realizando una carrera en la que descolló como brillante oficial. Fue el único oficial peronista en la historia de la Armada, que era, es y será notoriamente antiperonista. Adhirió al peronismo desde la protohistoria del movimiento, cuando fue el único oficial naval que formó parte del GOU que lideraba el coronel Juan D. Perón, logia militar donde se planificó y ejecutó el golpe de estado del 4 de junio de 1943. En el gobierno militar, siempre de la mano del coronel, ocupó altos cargos en secretarías y ministerios.

Con el advenimiento de Perón a la presidencia, fue senador nacional (1946-1952); en el alto cuerpo fue elegido Presidente provisional del Senado, es decir el número 3 en la sucesión presidencial, luego del vicepresidente Quijano. Perón lo nombró presidente del Partido Peronista Nacional, en 1952, convirtiéndose de hecho en el número 2 del Movimiento. Investigaciones bibliográficas recientes lo sindican como el autor intelectual de la quema de templos católicos, en represalia al bombardeo de Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, efectuado por sus camaradas de la aviación naval. En esto los unía la Marina y el espanto: la destrucción y la muerte.

Imagen de Alberto Teisaire, el vicepresidente de Juan Perón.

Su adhesión y obsecuencia se coronaron en abril de 1954, cuando fue elegido vicepresidente de la Nación, en la única elección que hubo en la historia para ese cargo, acéfalo desde el fallecimiento del vicepresidente electo el 3 de abril de 1952, Hortensio J. Quijano. Las fotografías de la época lo muestran muy emocionado asumiendo el cargo al lado del General Perón, el sonriente presidente.

Sin embargo, su notoria trayectoria peronista y su lugar tan cercano a la confianza del Presidente, cuando la denominada Revolución Libertadora derroca a Perón y comienza su labor de "desperonización" del país, a través de "Comisiones investigadoras", Teisaire (oTessaire) se presenta espontáneamente en la Casa Rosada el 4 de octubre de 1955, munido de una voluminosa carpeta en donde había reunido pruebas contundentes para hundir a Perón. Con total "póker face" se presenta ante el General Lonardi, presidente de facto y jefe de la libertadora, que no puede creer lo que está viendo (y escuchando).

Los golpistas, ni lerdos ni perezosos, le "solicitan" al almirante que haga la denuncia verbal de los hechos denunciados ante las cámaras de cine. Teisaire lo hace y filma su denuncia pública en una cinta de doce minutos, en la cual expone todos los actos de corrupción de Perón y el peronismo, aclarando siempre que a él "lo habían obligado" a cohonestar dichos actos.

Cuando su denuncia se estrena en los cines, se produce el único momento histórico en que peronistas y antiperonistas se ponen de acuerdo: en la indignación que sienten al escuchar las palabras del ex vicepresidente, un asco volcánico incontenible que provocan los actos de traición con alevosía, embebidos de una ruindad rastrera. Todos sabían que Teisaire era un notorio jerarca peronista, mano derecha del líder exiliado, en quien Perón había depositado toda su confianza.

Hecha esta aparición célebre, el almirante sabe que está acabado y se llama a piadoso silencio. Sabe bien que ya ni siquiera puede ser almirante: ha sido degradado. Mantiene un perfil bajo y no se sabe más nada de él hasta el 12 de octubre de 1962, cuando según algunos diarios de la época se anuncia su muerte. Hay una leyenda urbana que asegura que el vice traidor fue ajusticiado junto a su secretaria a manos de un comando de la Resistencia Peronista, que los acribilla a ambos a balazos en un restorán de Buenos Aires, leyenda urbana sostenida por la derecha peronista en la voz del ex diputado Luis Sobrino Aranda. Sin embargo, parece que murió de viejo en su obligado retiro. Esta versión está documentada y fue expuesta por el periodista y politólogo Fabián Bosoer, probando fehacientemente que Teisaire falleció el 12 de septiembre de 1963 (nueve meses después del supuesto asesinato) aquejado de una enfermedad terminal, olvidado por sus viejos adherentes y detractores.

Y así, el almirante mendocino y vicepresidente, un cabal peronista de la primera hora y oportuno antiperonista también de la primera hora (un hombre consecuente a todas luces), se fue de este mundo con muchas penas y migajas de gloria pedida prestada a Perón.

Conclusión mínima

Dos mendocinos, dos vicepresidentes, dos hombres que se cortaron solos, justificando esta historia de desencuentros inevitables entre el presidente y el vicepresidente, una historia cruda de deslealtad, enfrentamientos, silencios, conspiraciones y delaciones que superan cualquier ficción que alguien pudiera o quisiera escribir.

Esta nota habla de: