Mendoza en femenino: memoria viva, educación y vendimia
La incidencia de las mujeres en el desarrollo de la vida mendocina es valorada por quienes rescatan la memoria colectiva. En este 8M, la autora elige homenajear a algunas de las que transformaron nuestra comunidad.
En Mendoza hombres y mujeres abrieron caminos, cultivaron una tierra hostil y construyeron acequias y puentes. La transformación del desierto en oasis productivos estuvo atravesada por la labor de huarpes, españoles, criollos e inmigrantes. Siempre la mujer acompañó, sostuvo y dio vida con entrega y cuidados. Reconocerlas es celebrar la fuerza silenciosa que, generación tras generación, ha dado forma al espíritu mendocino.
El día de la mujer es un momento propicio para visualizar lo femenino en la tradición mendocina. En su patrimonio intangible, conserva huellas de mujeres laboriosas, comprometidas y entregadas a una causa que las trascendía. Recordamos a las que bordaron la bandera que acompañó la gesta emancipadora; a las que desafiaron la muerte al mezclarse entre los soldados del Ejército de los Andes, como Josefa Tenorio y Pascuala Meneses; y a quienes aún mantienen vivo el legado sanmartiniano, como las Damas Pro Glorias Mendocinas, responsables del Museo General San Martín en Mendoza.
En las escuelas todavía resuenan las letras trazadas por las primeras docentes. Entre ellas se recuerda a Mercedes Maure, la primera maestra de niñas en el antiguo San Vicente, hoy Godoy Cruz. Su labor en la escuela pública número 2, que luego se unió con la número 1 de varones para dar origen a la escuela Guillermo Rawson, marcó un hito en la historia educativa y social escrita por las "mujeres Maure". Su hija, Mercedes Maure de Pescara, impulsó junto a otros benefactores la creación del Hospital El Carmen, tarea continuada por Olaya Pescara de Tomba, quien además contribuyó con la fundación del Colegio Compañía de María -primera escuela privada de mujeres en la zona- y con la construcción de la Iglesia San Vicente Ferrer, hoy Basílica.
Recordamos también a Florencia Fosatti y María Elena Champeau, formaron parte de una generación de educadores notables, llamados maestros reformistas. Introdujeron metodologías innovadoras y prácticas pedagógicas que trascendieron Mendoza y marcaron un antes y un después en la educación argentina.
Imagen de archivo fotográfico de Florencia Fozzati.
Lo femenino estuvo presente en el esplendor de la vitivinicultura en la región. Mujeres que, con paciencia y tesón, acompañaron a sus maridos, padres, hijos o hermanos en la construcción de un legado. El matrimonio de Antonio Tomba y Olaya Pescara recibió como dote el terreno donde levantaron su imperio bodeguero, cuyos vestigios aún se conservan en las calles Rivadavia y San Martín. Tras la muerte de Antonio, Olaya continuó con su obra benéfica y asumió un rol empresarial en la bodega, como lo demuestran los registros contables del Archivo de la Bodega Arizu. Algo similar ocurrió con Martina Basaure, quien brindó a Balbino Arizu la estabilidad afectiva y el impulso necesario para consolidar la empresa bodeguera, aportando capital, confianza y una valiosa red de vínculos.
La mujer en Vendimia
En el contexto de la Vendimia, resulta oportuno recordar a nuestras soberanas, expresión de lo femenino en la celebración de la cosecha. Delia Larrive Escudero fue la primera Reina Nacional de la Vendimia, iniciando un camino que ya suma 90 celebraciones. En su memoria, el Municipio de Godoy Cruz inauguró, recientemente, una plaza y una muestra en el Espacio Arizu, tal como nos referimos en otro artículo de Memo.
Se cumplen también cincuenta años del reinado de Analía Ortiz Baeza, Reina Nacional de la Vendimia en 1976, representante de Godoy Cruz. Recibió una nueva corona bañada en oro y adornada con piedras semipreciosas, y un cetro con el Escudo Nacional donado por el antiguo Banco Mendoza. La Fiesta que la coronó se tituló Vendimia del agua fecunda. Años después, Analía recordaba: "Nosotras, al haber sido Reinas Nacionales, hemos representado a Mendoza en Argentina y otros países, pero ante todo somos mujeres, madres, hijas y hoy, en mi caso, una feliz abuela".
Podríamos seguir enumerando a tantas mujeres que se entregaron a causas trascendentes y cuyo nombre y apellido, por fortuna, conocemos. Sin embargo, la mayoría permanece invisibilizada en la labor cotidiana de transmitir la tradición familiar, cultural y social a través de la formación de generaciones. Ha estado, por siglos, en la trastienda de la vida pública de sus compañeros. Hoy abraza también la lucha comunitaria, mientras continúa llevando en sus manos la fuerza de criar y la magia de preservar y transmitir la memoria viva.