Requete lindo

El alma femenina que late en el Clúster Mendoza Este

Un recorrido por las historias de gratitud y liderazgo que transforman nuestra región. Por Marcela Muñoz Pan.

Marcela Muñoz Pan

El este mendocino está dejando de ser ese secreto guardado bajo siete llaves para transformarse en el manifiesto de una nueva era. Aquí, donde el sol te regala su verdad más honesta, ha florecido una revolución silenciosa; de esas que no gritan, pero que transforman todo a su paso. No se trata solo de números, de hectáreas o de cuántos quintales dio la cosecha. Se trata de algo mucho más profundo: de una red de mujeres potentes, gestionar el día a día donde la naturaleza propone y la economía dispone, sentarse frente a la frialdad de los balances, lidiar con la burocracia bancaria y descifrar el lenguaje muchas veces árido de lo financiero. Porque el campo no solo se siembra con semillas, se siembra con decisiones. Ser guardián del paisaje exige la delicadeza del poeta, pero la templanza de un director de orquesta en medio de la tormenta.

A través del Clúster Mendoza Este, estas mujeres, que les presento en calidad de gratitud por haberme acompañado tres años en Memo, han entendido y me han enseñado que el patrimonio no es algo que simplemente se recibe, sino algo que se protege con el corazón. Ellas no solo producen un vino rico o un plato casero, ellas gestionan la belleza, rescatan la historia del olvido y tejen una comunidad que nos contiene a todos.

En este mes de la vendimia y de conmemoración de la lucha de las mujeres, empezamos este Requete Lindo con algunas de ellas. Pronto iré contando sobre otras referentes del Clúster y también sobre aquellas que, sin pertenecer formalmente, colaboran intensamente; así como también de los clústeres de la Red Iberoamericana de Turismo Eco-Cultural.

La elegancia se traslada al surco de la mano de Alicia Olivella (54). Al frente de su sociedad familiar en Finca Parque Lencinas, Alicia ha logrado que el Chenin, el Malbec y el Aspirant convivan con el modelaje silver y el turismo eco-cultural. Su gestión no solo renueva la capacidad de molienda, sino que embotella la historia con su aceite de oliva Hilos de Oro, demostrando que el liderazgo femenino aporta una sofisticación única a un ámbito históricamente masculino.

Esa misma conexión con las raíces se siente en Luisina Scaglione. En Montecaseros, entre botellas recicladas y etiquetas biodegradables, Luisina elabora un Rosé de Bonarda que es, en esencia, un tributo a su madre, Ivana González. Con notas de flores blancas y la fuerza del "rojo pasión", su proyecto de triple impacto demuestra que la enología del futuro es consciente o no será.

En el corazón de San Martín, Irene Viggiani ha convertido una casona antigua en un refugio de "cocina honesta". María Paz Restó es el equilibrio perfecto entre su mente de Contadora Pública y su corazón de cocinera y platos de bodegón que evocan a las abuelas, Irene ha logrado que su restaurante sea más que un punto gastronómico: es un espacio de resistencia cultural donde la sobremesa es sagrada. Les recomiendo todo, pero las peras al bonarda son un poema.

Griselda Ambrosio: Profesora de Matemática, formada en Didáctica de la Matemática y en Gestión Institucional, Docente y Rectora del IES Prof. Francisco H. Tolosa, propietaria de Zia Arola que nació en 2010 como un emprendimiento familiar en calle Valparaíso de La Colonia Junín. Un espacio para festejar cumpleaños y eventos familiares. El nombre hace referencia a una tía, hermana de mi papá que se llamaba Arola, que fue muy importante para nosotros, ella nos cocinaba a veces entre semana y siempre los domingos comidas caceras con sabor a familia. El lugar tiene olivos y palmeras lo que hace que sea un espacio muy agradable para compartir buenos momentos. Costea al salón las vías del ferrocarril por lo que los niños pueden ver pasar el tren y escuchar su particular bocina.

La magia se vuelve tangible con la Familia Moroncelli Arboit en Algarrobo Grande. Allí, un antiguo cañaveral se transformó en un viñedo poético de Malbec y Cabernet Franc, libre de agrotóxicos. Es un refugio donde las luciérnagas aún brillan, custodiando a los niños que juegan entre hileras, recordándonos que el vino de alta calidad nace de suelos cuidados con amor.

Finalmente, la hospitalidad encuentra su hogar con Lorena Lancellotti, en La Cautiva. Lo que comenzó en 2005 como un sueño familiar, hoy es un polo de enoturismo y eventos con capacidad para miles de personas en la Bodega Lancellotti. Gestionado por tres hermanos, es el ejemplo de cómo la casa patronal se abre al mundo para celebrar la Fiesta del Bonarda, la variedad emblemática que el este defiende con orgullo en cada carta y cada cartelera.

Estas mujeres no solo producen vino o comida; gestionan paisajes, recuperan patrimonios y construyen comunidad. El Este mendocino ya no es solo "el gran viñedo de la provincia", es el epicentro de una revolución liderada por mujeres que huelen a margaritas, pero tienen la fuerza del Bonarda.

Hoy, de la mano del Clúster que une voluntades, el este se ha convertido en el epicentro de un movimiento que combina el lujo sustentable con el amor más puro por la raíz. Es una invitación a mirar de nuevo, a valorar lo nuestro y a brindar por este presente que huele a flores frescas y sabe a trabajo compartido.

Estas mujeres no solo producen vino o comida; gestionan paisajes, recuperan patrimonios y construyen comunidad. Porque el este mendocino ya no es solo el gran viñedo de la provincia: es la cuna de una revolución liderada por mujeres que, aunque huelan a margaritas, tienen la fuerza indomable de nuestro Bonarda.

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