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Qué pasa con las cloacas de Malargüe: el olor a dejadez es insoportable

El autor describe la indignación ciudadana por el abandono de la obra de la planta de tratamiento de efluentes urbanos en el departamento más austral de Mendoza.

Horacio Marinaro
Exconcejal de Malargüe por el PD.

Hace siglos, Shakespeare inmortalizó una frase para describir la decadencia de un reino: Algo está podrido en Dinamarca. En Malargüe, mientras, no hace falta ser un dramaturgo para percibirlo. El olor rancio que nos inunda las calles y los hogares no proviene solo de los pozos sépticos desbordados sino de los despachos oficiales, de los contratos amañados y de una ética pública que se descompone progresivamente.

La parálisis de la obra del Sistema Integral de Cloacas de Malargüe ha trascendido la categoría de problema administrativo para convertirse en un símbolo de la decadencia política que sufrimos sus ciudadanos. No se trata solo de un caño roto; es la ruptura de la confianza y el triunfo de la obscuridad sobre la necesidad básica.

Malargüe carga con el estigma de ser la única cabecera departamental de Mendoza sin un saneamiento cloacal completo, lo cual constituye una deuda con la dignidad. Este dato es una afrenta que anula cualquier discurso de desarrollo o progreso proveniente de la casa de gobierno. La obra era, en esencia, un acto de justicia social mientras que su fracaso es una regresión imperdonable.

El impacto no se mide en metros de tubería, sino en salud pública. La dependencia de pozos ciegos colapsa la infraestructura, contamina las napas freáticas y multiplica el riesgo de enfermedades. La postergación del saneamiento es, llanamente, una amenaza sanitaria latente.

Debemos denunciar el deterioro del capital invertido. Al estar paralizada desde 2023, la infraestructura parcialmente instalada sufre vandalismo y oxidación. Es dinero público que se desvaloriza y se pudre bajo tierra mientras el Concejo Deliberante clama por una reactivación que no llega, el capital que se pudre.

El Escándalo del Préstamo BID 4312-AR: La plata está, la obra no.

Lo más indignante de esta parálisis es que la plata está. La obra se financia a través del Préstamo BID 4312-AR, fondos internacionales que tienen un destino específico y que no dependen de los vaivenes del presupuesto provincial.

Entonces, si el financiamiento está garantizado, ¿por qué los malargüinos seguimos viviendo entre desechos? La respuesta es política, no económica. El letargo es una herramienta de presión o, peor aún, una muestra de incapacidad de gestión para ejecutar fondos que ya fueron otorgados.

La parálisis del Sistema Integral de Cloacas es el monumento a la impunidad de la UTE (Corporación del Sur S.A. y Laugero Construcciones S.A.). Protegidas por el ala del gobierno provincial, estas empresas operan con riesgo cero, si la economía se complica, frenan; si el estado no les garantiza ganancias maravillosas, extorsionan. En fin, en un gobierno donde la corrupción parece ser moneda corriente, el "manual de la empresa amiga y el apriete mafioso" funciona de manera impecable.

Pero el verdadero escándalo es la persecución a la honestidad. Se sabe de buena fuente, y hay que denunciarlo, se sospecha que a los inspectores técnicos que cumplieron con su deber y firmaron informes denunciando las irregularidades de la UTE fueron obligados a retractarse. La orden fue corta y contundente: A las empresas amigas no se les hace eso. Los que no agacharon la cabeza y se negaron a ser cómplices de la mentira, se presume que hoy están en la calle. En la Mendoza del progreso, la trasparencia y seguridad jurídica (eso fue a vender Cornejo en el discurso, en J P MORGAN junto al Pte. Milei, en EEUU), la integridad se paga con el despido.

Estamos atrapados en juego de pinzas, y Malargüe como rehén del 2027, en una guerra de trincheras miserable entre dos niveles de gobierno que nos usan de peones.

La provincia, con un cálculo electoral frío, parece haber decidido que a Malargüe no se le entrega nada hasta el 2027. Prefieren que la infraestructura se oxide bajo tierra antes que permitir que el PJ local negocie un éxito.

Desde la ciudad de Mendoza, el cálculo es tan frío como cruel, el castigo como estrategia Electoral: Nada para Malargüe hasta el 2027. La paralización de la obra pública no es un error de presupuesto, es una decisión política. No quieren darle una cinta para cortar al PJ local, prefieren que el departamento se hunda en el fango antes que ver una gestión exitosa que no sea del mismo color que la Casa de Gobierno.

Es la política del cuanto peor, mejor. Si el pueblo sufre, que culpe al Intendente. Si la obra se pudre, que la pague el vecino. Es una lógica de castigo feudal que desprecia la dignidad de los malargüinos. Eso sí: las notificaciones de la ATM siguen llegando meticulosamente porque hay que tributar para que los impuestos vuelvan en obras. ¡Eso si Don Alfredo quiere!

El Intendente y la posverdad local. Por otro lado, párrafo aparte merece la actual gestión municipal anestesiada. La frase, mi opinión vale más que los hechos parece haberse convertido en el eslogan de esta crisis. Resulta incomprensible que un intendente con el peso político de un exgobernador no logre destrabar el uso de los fondos del BID. Su silencio ante el despido de los inspectores y su falta de empuje real frente al gobierno provincial, no es prudencia; es complicidad por omisión, mientras los pozos desbordan.

La posverdad no es solo mentir; es menospreciar la verdad ignorándola. El ciudadano ya no está aturdido por el engaño, sino por la realidad de vivir sobre una promesa podrida.

Finalmente, La posverdad no tapa el olor. Mientras los funcionarios se refugian en la Posverdad, esa mentira útil para desviar la atención hacia temas triviales, las napas se contaminan y la dignidad de los malargüinos se licúa. El ciudadano ya no está aturdido por el discurso oficial, sino indignado por la realidad física de una promesa podrida.

Señores gobernantes: la plata del BID está disponible. La necesidad de la gente es urgente. Dejen de medir el 2027 y empiecen a gestionar. Porque cuando el olor a mierda llega a los despachos, ya no hay perfume publicitario que lo tape

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